UN NUEVO PROGRAMA DE SEGURIDAD PARA LA ERA MUNDIAL

CANDIDATO PRESIDENCIAL DEMOCRATA AL GORE

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Al Gore "Si bien todav・ perduran las amenazas de anta・, hay nuevas cosas bajo el sol --nuevas fuerzas est・ surgiendo que son o pronto desafiar・ nuestro orden internacional y plantear・ cuestiones de guerra y paz", dice el vicepresidente Al Gore. En lo que tal vez sea el discurso sobre pol・ica exterior m・ conocido de su campa・, Gor e afirm?en el Instituto Internacional de Prensa, en Boston, el 30 de abril de 2000, que "una interpretaci・ realista del mundo de hoy exige instituciones regionales e internacionales con nuevas energ・s ... y el liderazgo de Estados Unidos -- para proteger nuestros intereses y defender nuestros valores". A continuaci・ presentamos algunos fragmentos del discurso. Texto completo del discurso, en ingl・: http://www.algore.com/speeches/sp_fp_boston_04302000.html

EL LIDERAZGO DE ESTADOS UNIDOS

A lo largo de toda mi carrera, he estado convencido de que Estados Unidos tiene la responsabilidad de dirigir en el mundo. Por eso fui uno de los pocos dem・ratas que votaron en el Senado a favor del uso de la fuerza para expulsar a Saddam Hussein de Kuwait. E incluso cuando trabajaba arduamente en el Congreso para ayudar a formular nuevos m・odos de control de armas, a menudo tuve que expresar mi desacuerdo con la opini・ predominante en mi propio partido al insistir en una fuerte defensa nacional y una nueva generaci・ de misiles menos desestabilizadores.

Estamos ahora en una nueva era. Definir este momento como "la era posterior a la Guerra Fr・" no hace justicia a su singularidad y su importancia. Estamos ahora en una era mundial. Quer・oslo o no, vivimos en una era en que nuestros destinos y los destinos de miles de millones de personas de todo el mundo est・ cada vez m・ entrelazados -- cuando nuestros grandes desaf・s nacionales e internaciones tambi・ est・ entrelazados. No deber・mos lamentar ni idealizar ingenuamente esta nueva realidad. Deber・mos enfrentarla.

Debemos mirar ahora lo que se podr・ llamar el programa cl・ico de seguridad --la cuesti・ de guerra y paz entre estados soberanos-- a la luz de estas nuevas realidades. Pero tenemos que reconocer tambi・ que existe un nuevo programa de seguridad del que habl?en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en enero -- una serie de amenazas que nos afectan a todos y que transcienden las fronteras pol・icas; una serie de desf・s de igual magnitud que los del pasado.

Hoy, en los albores del siglo XXI, necesitamos una pol・ica exterior que haga frente a las amenazas cl・icas de seguridad --y comprenda tambi・ las nuevas. Necesitamos un nuevo enfoque para un nuevo siglo, basado en nuestros propios intereses econ・icos y de seguridad, pero inspirado por todo lo que es justo en el mundo. Debemos adoptar una pol・ica de "acci・ preventiva", es decir, atajar los problemas cuando est・ en ciernes, antes de que se conviertan en crisis; atajarlos tan cerca de su origen como sea posible y tener las fuerzas y los recursos necesarios para atajar esas amenazas tan pronto como surjan.

Necesitamos un nuevo programa de seguridad para la Era Mundial basado en la acci・ preventiva.

DEFENSA

Estados Unidos debe contar con una defensa fuerte. No debemos olvidar que nuestra defensa nacional es mucho m・ que la tierra comprendida dentro de nuestras fronteras. De igual modo que combatimos y conquistamos el totalitarismo en la Segunda Guerra Mundial --de igual modo que combatimos y conquistamos el comunismo en la Guerra Fr・-- defendemos ahora la idea de libertad misma. Todas nuestras pol・icas, en la guerra y en la paz, son extensiones por otros medios del axioma de Lincoln de que el ideal de nuestros fundadores es la mejor esperanza de la humanidad.

Es por eso que Estados Unidos debe tener una capacidad militar sin igual. Es fundamental para hacer frente a las continuas demandas del programa cl・ico --para resistir a la agresi・ y poner fin al conflicto armado. Es crucial para nuestra propia seguridad es esta era de estados al margen de la ley y de terror internacional. Y es absolutamente imprescindible si queremos llevar al mundo la paz mediante la diplomacia. En nuestras relaciones con Saddam Hussein y Slobodan Milosevic hemos aprendido la importancia de la diplomacia respaldada por la fuerza. Yo ans・ ver el d・ en que Serbia e Iraq se sacudan el yugo de Milosevic y Saddam y se liberen del terror que ・tos dos han desencadenado contra sus respectivos pueblos.

Prevalecimos en esos conflictos con un m・imo de bajas estadounidenses porque hemos mantenido una fuerza de combate en perfecta forma y porque el pueblo de Estados Unidos ha apoyado las inversiones en armas que nos dan una ventaja tecnol・ica.

Hoy, necesitamos velar por que los miembros de nuestras fuerzas militares reciban una paga y prestaciones adecuadas y sigan contando con la formaci・ y el liderazgo que hacen de ellos los mejores del mundo. Y estamos en los umbrales de la fabricaci・ y despliegue de la nueva generaci・ de armas militares: armas que se necesitan urgentemente para remplazar un material b・ico que lleva demasiado tiempo en servicio. Armas que son decisivas para hacer frente a las nuevas exigencias de los campos de batalla de hoy.

Si se me conf・ la presidencia, yo mismo me pondr?al frente de la campa・ para asegurar que Estados Unidos tenga la nueva generaci・ de armas que necesita.

RUSIA Y CHINA

Durante la Guerra Fr・ nos esforzamos para contener a esas dos potencias (Rusia y China) y limitar su esfera de influencia. Nuestra tarea en el siglo XXI no es debilitarlas sino, al contrario, alentar las fuerzas de reforma.

Con ese fin, hemos trabajado intensamente para ayudar a Rusia a efectuar una transici・ a una democracia basada en el mercado. Hemos ayudado a Rusia a privatizar su econom・ y establecer una sociedad civil caracterizada por elecciones libres y una prensa activa. Hemos conseguido que Rusia establezca una relaci・ adecuada con la OTAN a trav・ del Consejo Conjunto Permanente y el programa de Asociaci・ para la Paz. Hemos podido trabajar con ・ito con las fuerzas rusas en el marco de la OTAN en los Balcanes.

Hemos ayudado a salvaguardar el material nuclear ruso contra el peligro de robo. Hemos hecho posible que miles de especialistas en armas y en f・ica nuclear de Rusia encuentren trabajo en actividades pac・icas. Tambi・ hemos ayudado a Rusia a reducir su arsenal nuclear en cerca de 5.000 ojivas.

Esta tarea no ha estado exenta de dificultades o controversias. Estamos completamente en desacuerdo con el curso de acci・ emprendido por Rusia en Chechenia. Rusia debe hacer un mayor esfuerzo para detener el flujo de tecnolog・s peligrosas que los grupos irresponsables y los estados al margen de la ley pueden utilizar para fabricar armas de destrucci・ masiva. Rusia todav・ tiene que adoptar medidas decisivas para combatir la corrupci・ e implantar la reforma. Pero una nueva Guerra Fr・ no es la v・ adecuada hacia el progreso. Lo acertado es entendernos con Rusia. Por eso es por lo que me encargu?de dirigir nuestros esfuerzos para trabajar con Rusia, no porque fuera popular desde el punto de vista pol・ico, sino porque era lo m・ acertado para la seguridad de Estados Unidos y lo m・ acertado para la propagaci・ de la democracia en todo el mundo.

Por esos mismos motivos debemos adoptar tambi・ una pol・ica respecto a China centrada en los resultados, no en la ret・ica.

Sin duda alguna estamos totalmente en desacuerdo con la pol・ica de derechos humanos y libertad de religi・ de China y con el trato que dispensa a Tibet. Estas cuestiones no pueden ni deben pasarse por alto o relegarse a segundo plano. Se deben abordar continuamente. Los derechos humanos y la dignidad humana nos hacen sentir con m・ fuerza los lazos m・ profundos que compartimos, a trav・ de fronteras y nacionalidades. Estados Unidos tiene que estimular a China para que haga progresos en todos estos sectores y, como presidente, eso es exactamente lo que har?

Tambi・ nos preocupa la creciente tensi・ entre China y Taiw・. Tenemos que mantener nuestro compromiso con la pol・ica de una China, pero instamos a China y a Taiw・ a intensificar su di・ogo y resolver sus diferencias por medios pac・icos. La administraci・ cumple su obligaci・ de hacer disponibles las armas defensivas a Taiw・. Pero me preocupa profundamente que quienes proponen con insistencia la Ley de Mejora de la Seguridad de Taiw・ est・ ciegos a sus consecuencias: el brusco deterioro de la seguridad de la regi・.

Es un error aislar y vilipendiar a China --levantar un muro cuando tenemos que tender un puente.

Como todos ustedes saben, tengo amigos y partidarios que no est・ de acuerdo conmigo en cuanto a la mejor forma de cambiar y reformar a China. Comprendo sus puntos de vista. Justificadamente est・ impacientes con el ritmo al que se produce el cambio en China. Yo tambi・ lo estoy. Pero la cuesti・ no es si debemos tratar con China. La cuesti・ es si podemos permitirnos no hacerlo.

・odemos realmente abandonar el tipo de intercambio franco y abierto que nos permite ventilar nuestras diferencias en primer lugar? ・odemos aislar realmente a un pa・ que tiene 1.200 millones de habitantes y un arsenal nuclear? ・odemos realmente dar la espalda a una de las econom・s m・ din・icas del planeta?

Apoyo firmemente las Relaciones Comerciales Normales Permanentes con China. Apoyo el ingreso de China en la Organizaci・ Mundial del Comercio, para que China se atenga a las mismas normas de comercio internacional que seguimos hoy nosotros.

Tenemos que hacer involucrar a China --incluso si impugnamos su pol・ica en sectores claves en los que no estamos de acuerdo. Es de inter・ obvio para la seguridad de Estados Unidos. Es de inter・ esencial para la econom・ de Estados Unidos. Y a largo plazo, creo que es la ・ica forma de llevar la libertad y la reforma al pueblo de China.

NUEVO PROGRAMA DE SEGURIDAD

Si bien todav・ perduran las amenazas de anta・, hay nuevas cosas bajo el sol --nuevas fuerzas est・ surgiendo que desaf・n ahora o pronto desafiar・ nuestro orden internacional y plantear・ cuestiones de guerra y paz: Un nuevo programa de seguridad. Debido a la potencia sin precedentes de las tecnolog・s que son ahora generalmente asequibles en todo el mundo, los errores que eran una vez tolerables puedan tener ahora consecuencias incalculables. Las amenazas que eran una vez locales, pueden tener efectos regionales y mundiales. Los da・s que podr・n una vez haber sido temporales y limitados pueden ahora ser permanentes y catastr・icos.

Un estado al margen de la ley o un grupo terrorista con armas biol・icas, qu・icas o nucleares, o los conocimientos t・nicos para desbaratar nuestras redes de computadoras -- puede causar una destrucci・ totalmente desproporcionada en relaci・ con su tama・.

El tr・ico internacional de drogas y la corrupci・ atraviesan fronteras y pervierten la democracia y el estado de derecho en un pa・ tras otro.

Nuevas pandemias y nuevas mutaciones de enfermedades pueden devastar sociedades enteras, con resultados que amenazan con desestabilizar regiones enteras.

El trastorno de los sistemas ecol・icos mundiales --desde la intensificaci・ del calentamiento mundial y los da・s consiguientes para nuestro equilibrio clim・ico a la p・dida de especies vivas, y el agotamiento de las pesquer・s marinas y los h・itat forestales-- contin・ a un ritmo aterrador. Pr・ticamente cada d・ vemos m・ claramente la necesidad de actuar ahora para proteger nuestra Tierra mientras mantenemos y creamos puestos de trabajo para nuestro pueblo.

Y al mismo tiempo que se producen estas amenazas, la propia naci・ o estado tradicional se transforma --a medida que el poder se desplaza hacia arriba o hacia abajo-- en toda clase de asociaciones, desde coaliciones y organizaciones supranacionales hasta clanes que luchan entre s? Susceptibles a los tiranos dispuestos a explotar las rivalidades ・nicas y religiosas, los m・ d・iles de esos estados se han sumido en la guerra civil o han amenazado con llevar el azote de la guerra fuera de sus fronteras.

Para hacer frente a estos desaf・s es necesaria la cooperaci・ a una escala sin precedentes. Una interpretaci・ realista del mundo de hoy exige instituciones regionales e internacionales con nuevas energ・s. Exige que confrontemos las amenazas antes que lleguen a ser de tal magnitud que sea imposible controlarlas. Tambi・ exige el liderazgo de Estados Unidos, para proteger nuestros intereses y defender nuestros valores.

LA PROMOCION DE LA PROSPERIDAD EN TODO EL MUNDO

Pero la Era Mundial no es s・o una ・oca de amenazas a la seguridad, es tambi・ una ・oca de oportunidades sin paralelo en la historia.

De Asia a las Am・icas, de Africa al sur del Sahara a nuestro propio pa・, todav・ son demasiadas las personas que no se han beneficiado de la explosi・ de riqueza mundial. M・ de mil millones de habitantes de la tierra tienen menos de un d・ar al d・ para vivir. Y esta pobreza profunda y persistente, adem・ de una dimensi・ moral, tiene tambi・ una dimensi・ de seguridad -- ya que es una invitaci・ a los trastornos sociales, la violencia y la guerra.

Creo que ahora tenemos una profunda responsabilidad de abrir las puertas de la oportunidad a todos los seres humanos, para que puedan participar en la clase de sociedad que todos querr・mos establecer en el mundo y en nuestro pa・. Quiero dejar claro que promover la prosperidad en todo el mundo es una forma esencial de acci・ preventiva.

Sabemos c・o poner en marcha este renacimiento, ya que lo que ha provocado el auge econ・ico aqu?en Estados Unidos es, esencialmente, lo que puede provocar la conflagraci・ del crecimiento en el exterior. La diferencia es de grado, no de clase.

Comienza con el imperio del derecho, disciplina fiscal y pol・icas econ・icas acertadas, pero no termina ah? Tenemos que invertir en la gente, darle la educaci・ que necesita para desempe・r los trabajos del futuro --y en el mundo en desarrollo, eso se refiere sobre todo a las mujeres y las ni・s; la seguridad de salud que necesitan para criar a sus hijos; la confianza de que en los a・s de vejez no se ver・ abandonadas....

Necesitamos no s・o sistemas de comercio abiertos, sino sistemas que sirvan a los hombres y mujeres de todo el mundo --que tengan en cuenta no s・o los beneficios econ・icos sino el bienestar de los hombres y las mujeres que trabajan. La protecci・ del ni・ contra pr・ticas laborales abusivas y la protecci・ del medio ambiente. Tenemos que ratificar el Acuerdo de Kyoto y asegurar, al mismo tiempo, que todos los pa・es, desarrollados y en desarrollo, hagan su parte para reducir las emisiones de gases de efecto de invernadero. Adem・, debemos adoptar medidas destinadas a aumentar la exportaci・ de tecnolog・s favorables al medio ambiente, sector en el que tenemos una ventaja comercial decisiva. No s・o es bueno para el medio ambiente, es tambi・ bueno para el crecimiento econ・ico.

Necesitamos promover el flujo estable de las inversiones en todo el mundo, lo cual, a su vez, requiere instituciones financieras s・idas, capaces de impedir la inestabilidad financiera y saberla controlar si se presenta.

Necesitamos mejorar la suerte de los pa・es m・ pobres mediante leyes como la Ley de Oportunidad de Crecimiento en Africa y la Iniciativa de la Cuenca del Caribe. Necesitamos m・ lazos econ・icos y un comercio m・ amplio con todas las Am・icas. Tambi・ tenemos que prestar ayuda a los pa・es m・ pobres mediante el alivio de la deuda. El a・ pasado en Davos, ya abogu?por este curso de acci・. Lo hemos iniciado. Ahora necesitamos mantenerlo e intensificarlo.

Es obvio que no podemos hacer todo esto solos, necesitamos infundir en otros el deseo de cooperar. Por ejemplo, la reactivaci・ de las econom・s de Africa es una tarea a la que se prestan admirablemente los medios de la Uni・ Europea y Estados Unidos combinados. Pero si no mostramos el camino, si no estamos tan dispuestos a invertir en la paz como en la guerra, nadie nos seguir?

Creo que no debemos desperdiciar esta ocasi・. Una pol・ica exterior responsable debe mirar hacia fuera, desde una perspectiva de acci・ preventiva, a nuestras esperanzas m・ ambiciosas para el mundo, no s・o hacia dentro, a nuestros temores m・ miopes.

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Contenido - Agenda de la Pol・ica Exterior de los EUA - Septiembre 2000
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