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Es dif・il contradecir el ・ito de los tribunales para casos de drogas, donde los jueces mantienen contacto personal con los transgresores de las leyes sobre el consumo de drogas y emplean la amenaza del encarcelamiento para acicatearlos a que ingresen en programas de tratamiento, educaci・ y adiestramiento para el empleo.A continuaci・ algunos extractos de un art・ulo de febrero de 1994 de Jeffrey Tauber publicado en "Corrections Today".))
Reproducido con autorizaci・ de la American Correctional Association, Lanham, Maryland.
En todo el pa・ crece el inter・ en los tribunales para casos de drogas a medida que varios tribunales innovadores hacen conocer sus logros en reducir los niveles de consumo de drogas, encarcelamiento de transgresores de las leyes sobre el consumo de drogas y reincidencia. El inter・ se intensifica aun m・ cuando se considera que estos mismos transgresores colman los calendarios de los tribunales, agotan los recursos e inundan las c・celes y prisiones. Seg・ un informe reciente del Colegio de Abogados de Estados Unidos, el encarcelamiento de este tipo de transgresores aument?327 por ciento entre 1986 y 1991.
Hay quienes critican que los tribunales para casos de drogas son una desviaci・ radical e injustificada de estas instituciones. Sin embargo, nada tiene de radical, ni siquiera de especialmente nuevo la forma en que funciona un tribunal para casos de drogas. De hecho, representan el retorno a una ・oca en que los jueces controlaban sus propias listas de causas y eran responsables del funcionamiento de los tribunales; los acusados ten・n que responder ante el juez, directa e inmediatamente, por su conducta y las causas se mov・n a trav・ del sistema judicial lentamente y con un fin deliberado, en lugar de depender de normas de aplicaci・ de las sentencias, condenas m・imas obligatorias y negociaciones entre el fiscal y el acusado para acelerar el proceso judicial.
Este art・ulo describe la forma en que funcionan los tribunales para casos de drogas y los principios fundamentales que son la raz・ de su ・ito.
El tribunal para casos de drogas en acci・
Persiste la creencia, dentro de las esferas judiciales, de que la reincidencia de los que consumen drogas mientras se encuentran bajo supervisi・ del tribunal es voluntaria y deliberada y, por tanto, debe encararse con severidad. Desafortunadamente, esta creencia no reconoce la naturaleza compulsiva y adictiva del consumo de drogas y la capacidad limitada de los tribunales para obligar a la abstinencia.
Los jueces de los tribunales para casos de drogas reconocen las limitaciones de la coerci・ como herramienta para la rehabilitaci・ de los drogadictos y rechazan la idea de que el fracaso en el programa es necesariamente el resultado de un desaf・ voluntario a la autoridad judicial y por consiguiente es algo que debe sancionarse en forma similar a un desacato al tribunal. En lugar de emplear la coerci・, los jueces de los tribunales para casos de drogas hacen uso de una estrategia de intervenci・ judicial pragm・ica que se basa en el desarrollo de una relaci・ de trabajo continua entre el juez y el transgresor y en el empleo de incentivos tanto positivos como negativos para estimular el cumplimiento con el programa. En un tribunal para casos de drogas la comunicaci・ entre el juez y el transgresor es decisiva. Cuando se aumenta la frecuencia de las audiencias del tribunal y la intensidad y extensi・ de los contactos entre juez y transgresor, el juez se convierte en motivador decisivo de la rehabilitaci・ de ・te.
Para que un tribunal de drogas tenga acierto es necesario que el juez y el personal colaboren en equipo. El abogado defensor da un paso atr・, literal y figurativamente, para permitir que el juez tenga contacto directo con el transgresor. El fiscal por su parte adopta una posici・ conciliatoria. Todo el personal involucrado considera que su labor es facilitar la rehabilitaci・ del individuo.
Los jueces de los tribunales para casos de drogas celebran audiencias ante salas llenas de transgresores. El juez, seg・ se requiera, asume el papel de confesor, capataz, persona que da aliento o mentor, algunas veces exhortando, otras amenazando, o estimulando o felicitando al participante de acuerdo con su progreso o falta de ・te. Las audiencias se utilizan para educar a los presentes tanto como al transgresor sobre las posibles consecuencias del programa. Los transgresores que han fracasado el en el programa se presentan al principio de las audiencias ante todo el grupo de participantes, en tanto que los que lo han completado con ・ito reciben generalmente diplomas que les entrega el juez y son aplaudidos y felicitados por el personal.
Principios del tribunal para casos de drogas
Los programas de rehabilitaci・ que ordenan los tribunales son v・timas de la creencia generalizada de que "nada se saca" con el tratamiento. Desafortunadamente esa idea, aunque falsa, llega a ser una profec・ que tiende a cumplirse cuando las comunidades en apuros econ・icos financian en forma insuficiente estos programas de tratamiento y los jueces esc・ticos los ponen en pr・tica en forma indiferente, a menudo sacando de ellos a los participantes al primer indicio de reincidencia.
Para crear programas eficaces ordenados por los tribunales para casos de drogas, se requiere m・ que el aumento de su financiaci・ y el pleno apoyo judicial. Tales programas se basan en el entendimiento de las realidades fisiol・icas, sicol・icas y de comportamiento que se da con el consumo drogas, realidades que se tienen en cuenta cuando se pone en pr・tica los programas.
Los programas acertados reconocen que:
las reca・as y el progreso intermitente
son inherentes a la
mayor・ de las experiencias de rehabilitaci・ de drogadictos;
la adicci・ a drogas no se presenta de
la noche a la ma・na y
no puede curarse tampoco de la noche a la ma・na;
los consumidores de drogas son m・
susceptibles a una
intervenci・ acertada cuando se encuentran ante una crisis, por
ejemplo inmediatamente despu・ del primer arresto y
encarcelamiento; y
los consumidores de drogas no reconocen
su problema y har・
todo lo posible para evitar responsabilidad, encuentran excusas
para no cumplir el programa y evaden el tribunal y sus programas.
Varias jurisdicciones han tenido ・ito en organizar tribunales para casos de drogas y en el desarrollo de programas de rehabilitaci・ ordenados por los tribunales que reconocen y trabajan con las realidades del consumo de drogas. Aunque a menudo estos programas tienen caracter・ticas substancialmente diferentes, es esencial que tengan como punto de partida los mismos principios fundamentales basados en la realidad. Los principios m・ importantes son intervenci・ inmediata y abierta; supervisi・ coordinada y completa; tratamiento a largo plazo y atenci・ ulterior, y sanciones progresivas y programas de incentivos.
Intervenci・ inmediata y abierta. El drogadicto se encuentra m・ susceptible a una intervenci・ acertada cuando est? en una crisis. Por tanto, la intervenci・ debe ser inmediata y debe realizarse en forma abierta.
Aun el mejor programa de rehabilitaci・ ordenado por los tribunales no ser?suficientemente eficaz si la intervenci・ se demora. Reconociendo este hecho, los tribunales para casos de drogas ordenan a los participantes que comiencen el programa inmediatamente despu・ de la audiencia en el tribunal. En Miami, Florida, a los participantes se los lleva en furgonetas para que empiecen el programa inmediatamente; en Oakland, California, se les ordena presentarse para iniciar el programa a m・ tardar 15 minutos despu・ de terminada la audiencia en el tribunal.
Por la misma raz・, la supervisi・ y tratamiento del transgresor debe establecerse pronto y llevarse a cabo con frecuencia, para dar al programa y al tratamiento la oportunidad de echar ra・es. En Miami, se exige que el participante se ponga en contacto con el programa cinco veces por semana durante las tres primeras semanas; en Oakland, se requiere un promedio de tres contactos por semana durante las primeras 10 semanas.
Supervisi・ coordinada y completa. Si hay vac・s en el programa de supervisi・, el transgresor los encontrar?y explotar? Por tanto, la supervisi・ debe ser completa y bien coordinada para garantizar responsabilidad. Pocos transgresores ingresan a un programa del tribunal con la intenci・ de rehabilitarse. No reconocen su problema y est・ en el programa principalmente para salirle adelante al sistema y evitar el encarcelamiento. La empresa dif・il es mantenerlos en el programa para dar tiempo a la abstenci・ y los cambios de actitud. Esto puede ser dif・il de lograr porque quienes violan las leyes sobre el consumo de drogas son con frecuencia expertos en evitar la responsabilidad, en encontrarle excusas a su incumplimiento y en evadir los tribunales y sus programas.
Para que la rehabilitaci・ pueda tener ・ito debe responsabilizarse por su conducta a quienes quebrantan las leyes contra las drogas. Los programas de los tribunales para casos de drogas rodean a estos transgresores con "una cerca de alambre". Los alambres de esa cerca son los contactos de supervisi・ frecuentes y las pruebas para detectar el consumo de drogas, el acceso directo a todo la informaci・ sobre el progreso del participante, respuesta inmediata a las fallas del programa y frecuentes audiencias para informar sobre la marcha del programa a un juez del tribunal de drogas y el personal. Oakland permite un per・do m・imo de 90 d・s y Miami no m・ de 60 d・s entre las audiencias.
Tratamiento a largo plazo y atenci・ subsecuente. El drogadicto no se hace de la noche a la ma・na y tampoco se cura de la noche a la ma・na. Por tanto, el transgresor que consume drogas necesita tratamiento intensivo a largo plazo y atenci・ subsecuente. La adicci・ a las drogas es un trastorno grave y debilitante que exige tratamiento intensivo por largo tiempo. Los participantes en los programas de Miami y Oakland toman aproximadamente un promedio de un a・ para graduarse. Se prefiere que el tratamiento comience en una unidad de desintoxicaci・ del sistema carcelario bajo supervisi・ m・ica. Para la mayor・ de los transgresores, sin embargo, el tratamiento inicial tiene lugar en un programa ambulatorio, dentro de la comunidad. El tratamiento m・ costoso dentro de instituciones generalmente se reserva para los que no han respondido bien al tratamiento ambulatorio.
Sin atenci・ subsecuente, la abstenci・ puede durar poco cuando los transgresores se encuentran ante los mismos problemas que en primer lugar contribuyeron al consumo de drogas. Un programa de rehabilitaci・ mandado por el tribunal debe incluir tratamiento y orientaci・ continuos, oportunidades de educaci・, adiestramiento para el empleo y colocaci・, y asistencia en materia de salud y vivienda.
Sanciones progresivas y programas de incentivos. Las reca・as y el progreso intermitente son parte de una rehabilitaci・ acertada. Por tanto, los tribunales de drogas deben adoptar un enfoque paciente y flexible en la supervisi・ del cumplimiento.
En la mayor・ de los casos, el progreso en la rehabilitaci・ tarda en comenzar y es espasm・ico y la abstinencia se logra s・o despu・ de un per・do de meses. El juez debe aplicar sanciones progresivas y emplear incentivos como respuesta a las fallas o avances hacia la abstinencia.
Castigo inteligente
El juez que emplea el encarcelamiento prolongado como ・ica respuesta al consumo de drogas se parece al carpintero que se presenta a trabajar solamente con un martillo. El juez del tribunal de drogas tiene a su disposici・ una variedad de herramientas que debe utilizar: supervisi・ intensiva, orientaci・, educaci・, tratamiento en una instituci・, acupuntura, intervenci・ m・ica, pruebas para detectar el consumo de drogas e incentivos del programa, as?como el encarcelamiento.
El problema no lo es la aplicaci・ del encarcelamiento sino su empleo excesivo. El encarcelamiento puede ser efectivo para este tipo de transgresores de la ley ya que les brinda la oportunidad de desintoxicarse de las drogas. Puede servir de elemento disuasivo al someterlos a la experiencia llena de tensiones y ansiedad del encarcelamiento. Y, finalmente, puede funcionar al forzarlos a que empiecen y completen la rehabilitaci・.
Con todo, no parece que los per・dos largos de encarcelamiento aumenten el valor de ・te, de hecho, puede ser contraproducente para los objetivos de la sentencia. Es posible que el encarcelamiento prolongado afecte la estabilidad que pueda haber en la vida del que consume drogas, lo introduzca a una vida delictiva y reduzca su efecto disuasivo, todo lo cual limita la eficacia de la rehabilitaci・ ordenada por el tribunal.
El "castigo inteligente" es la imposici・ del castigo m・imo necesario para lograr el doble objetivo de la sentencia de reducir la delincuencia y el consumo de drogas. Se basa en el empleo de castigos progresivos (la aplicaci・ mesurada de una gama de sanciones cuya intensidad aumenta de acuerdo con el n・ero y gravedad de fallas en el cumplimiento del programa) y en un conjunto de incentivos encaminados a estimular y motivar a los transgresores para lograr la buena realizaci・ del programa.
Sanciones progresivas. Toda conducta tiene consecuencias inmediatas y directas en los programas de los tribunales para casos de drogas. Las sanciones son consecuencia de violaciones y se aplican tan pronto como es posible, lo cual exige audiencias frecuentes para observar mejor al transgresor y asignar la sanci・ correspondiente.
En muchos tribunales para casos de drogas las violaciones menos graves, como la participaci・ inadecuada en un programa ordenado por el tribunal, acarrea sanciones que comienzan con la intensificaci・ de la supervisi・ y el tratamiento o un d・ de encarcelamiento. Estas sanciones aumentan progresivamente (un d・, dos d・s, cuatro d・s) cuando hay violaciones continuas. En el caso extremo, la violaci・ total de los requisitos del programa puede significar un per・do considerable de encarcelamiento, por lo menos de una semana, para desintoxicar al transgresor y disuadirlo de violaciones futuras del programa o del consumo de drogas.
Desviaci・ y otros incentivos. La rehabilitaci・ del drogadicto, en el mejor de los casos, un proceso dif・il, exigente y lento. Con el objeto de motivar a los transgresores para que completen el proceso, los tribunales de drogas les ofrecen incentivos considerables. La buena conducta de un participante se recompensa con aliento, aprecio e incentivos reales.
Un programa de desviaci・ (que incluya tratamiento, as?como la posibilidad de obtener capacitaci・ social, educativa y t・nica) es una poderosa herramienta para motivar la rehabilitaci・ en casos de drogas; le ofrece al acusado la oportunidad de esforzarse para lograr que se deseche por completo una acusaci・ de un delito grave de drogas.
Los programas de desviaci・ h・ridos que no ofrecen la posibilidad de que se deseche por completo la acusaci・ de un delito grave de drogas, como aqu・los que reducen las condenas por delitos graves a condenas por delitos menores, son comunes pero ofrecen menos incentivo a los participantes. Aun donde no existen del todo los programas de desviaci・, es frecuente que se ofrezcan incentivos considerables mediante la aplicaci・ innovadora de los t・minos de libertad vigilada, tales como la reducci・ de la duraci・, intensidad y costo de la supervisi・ de dicha libertad.
Contratos condicionales: ejemplo de un programa
Los contratos condicionales establecen las pautas y las consecuencias de la conducta del transgresor durante el programa. Este tipo de contrato, preparado por el juez del tribunal para casos de drogas, el personal encargado de la supervisi・ y tratamiento y de otros organismos participantes, asegura el premio o sanci・ del comportamiento positivo o negativo, seg・ el n・ero de actividades de rehabilitaci・ realizadas.
En el programa de desviaci・ de Oakland, conocido como FIRST (informe, supervisi・ y tratamiento r・idos, e intensivos), el puntaje que se obtiene en virtud del contrato refleja el n・ero de actividades de rehabilitaci・ completadas. En el transcurso del programa, el puntaje total del participante se traduce en premios o sanciones. Por ejemplo, a un participante que logra un puntaje total elevado se le puede reducir la duraci・ del programa de desviaci・ de 24 meses a un per・do tan corto como seis meses y cobro de la desviaci・ de 220 d・ares a una suma tan peque・ como 20 d・ares. Por otra parte, a un transgresor cuyo puntaje total sea bajo, el tribunal le puede aumentar la intensidad de la supervisi・ y tratamiento o imponerle un per・do de encarcelamiento.
El contrato hace responsables a los transgresores por su conducta y les da control sobre su propia rehabilitaci・, lo que en ・tima instancia los hace participantes, en lugar de v・timas del programa de rehabilitaci・, como algunos se consideran. Adem・, el tribunal, el personal de supervisi・ y todos los organismos participantes, habi・dose obligado seg・ el contrato condicional, tambi・ son responsables ante el transgresor y entre ellos por las consecuencias del contrato.
El programa FIRST de desviaci・ de Oakland (iniciado en enero de 1991) ha logrado una tasa de 50 por ciento de graduados, aproximadamente el doble del n・ero de desviaciones fruct・eras del programa anterior. Adem・, la tasa de reincidencia criminal es de cerca de la mitad de la tasa anterior. Es importante observar que los transgresores m・ j・enes que ingresan al programa dentro un plazo de tres d・s despu・ de la acusaci・ formal, lo completan con ・ito cerca de tres veces m・ que sus contrapartes en el programa anterior. El condado de Alameda, por primera vez ha podido alquilar celdas vac・s en sus c・celes a condados vecinos, debido a que los participantes en el programa de desviaci・ FIRST permanecieron aproximadamente 35.000 d・s menos en prisi・ durante un per・do de dos a・s. Ello representa una reducci・ de 45 por ciento en el tiempo de encarcelamiento y un ahorro de m・ de 2 millones de d・ares para el condado.
La creaci・ de los tribunales para casos de drogas se ha descrito como una oportunidad dorada para tratar con un m・imo de encarcelamiento, riesgo de reincidencia y costo a los transgresores que consumen drogas en sus comunidades. Especialmente, el apoyo de la secretaria de Justicia de Estados Unidos, Janet Reno, a los tribunales para casos de drogas y otros programas alternativos de sanciones, ha puesto de relieve la idea de que podemos hacer algo mejor que simplemente almacenar en c・celes y prisiones a los transgresores de las leyes sobre el consumo de drogas.
No obstante, esta oportunidad viene acompa・da de una dif・il tarea: debemos dise・r y ejecutar estos programas en forma cuidadosa e inteligente para no correr el riesgo de que se cumpla la profec・ de los esc・ticos que dicen que nada funciona en estos casos.
Aunque debe estimularse a las comunidades locales para que dise・n sus propios programas de tribunales para casos de drogas, el gobierno federal puede desempe・r un papel importante suministrando la asistencia t・nica y los incentivos financieros necesarios para promover la adopci・ de estrategias que han demostrado su acierto.
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USIS y la prensa fuera de Estados Unidos est・ autorizados para reproducir, traducir y abreviar este art・ulo.
Cuestiones
Mundiales
Publicación Electrónica del USIS,
Vol. 2, No. 3, Julio de 1997