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El Congreso de Estados Unidos considera ahora el presupuesto de 1998 para combatir la producci・, tr・ico y consumo de drogas. El presidente Clinton ha solicitado casi 16.000 millones de d・ares para financiar una variedad de programas dise・dos para abordar todos los aspectos del problema de la droga. El a・ pasado, y s・o a nivel federal, Estados Unidos asign?m・ de 15.000 millones de d・ares a la lucha contra las drogas ilegales. En los ・timos diez a・s, Estados Unidos ha desembolsado, y de nuevo s・o a nivel federal, 110.000 millones de d・ares para este mismo fin. Por otra parte, los gobiernos locales y estatales de Estados Unidos tambi・ han desembolsado cifras comparables. A ellas se suman adem・ las aportaciones de empresas, comunidades, escuelas y personas particulares para abordar la gama de problemas que surgen del consumo de drogas. La cifra total se acerca, en t・minos conservadores, a 500.000 millones de d・ares. Esta cifra no incluye los costos indirectos del consumo de drogas en t・minos de sufrimiento humano, aumento de la violencia y p・dida de vidas. Lo que s?indican estas cifras es el precio terrible que Estados Unidos paga por su problema de drogas. Tambi・ manifiestan la disposici・ del gobierno y del pueblo de Estados Unidos a combatir ese problema.
El gobierno y el p・lico norteamericano han puesto su empe・ en este esfuerzo por una sencilla raz・: los ni・s. Es un hecho infortunado que la poblaci・ m・ vulnerable al consumo de la droga sean los ni・s -- de Estados Unidos o de otros pa・es. La epidemia inicial de la droga se propag?en Estados Unidos entre los adolescentes y los adultos j・enes, muchos de ellos tan j・enes como de 15 ?16 a・s. Hoy, el objetivo de quienes venden las drogas son los ni・s de 11 ?12 a・s de edad. Ning・ pa・ puede quedarse con los brazos cruzados y observar como consume su futuro una plaga que destruye vidas y crea problemas para futuras generaciones. Ning・ gobierno responsable puede aceptar pasivamente esa situaci・. Es por ello que Estados Unidos dedica recursos, tiempo y esfuerzos a librar la guerra contra las drogas en el pa・ y en el extranjero.
Iniciativas de Estados Unidos
Las iniciativas de Estados Unidos dentro del pa・ consumen la gran mayor・ de los fondos federales y, por supuesto, todos los fondos que desembolsan las organizaciones locales, los estados y los grupos privados, que en total ascienden a m・ de 30.000 millones de d・ares anuales. Los recursos federales para contrarrestar la droga se destinan a cuatro ・eas: tratamiento, prevenci・, aplicaci・ de la ley y programas internacionales. Asimismo se asignan sumas considerables a la investigaci・ en estas mismas ・eas. Las cifras totales para 1997 y 1998, en miles de millones de d・ares, son las siguientes:
| Funci・ | A・ Fiscal 97 | A・ Fiscal 98 |
| Aplicaci・ de la ley | $7,835 | $8,126 |
| Tratamiento | $2,808 | $3,003 |
| Prevenci・ | $1,648 | $1,916 |
| Internacional | $450 | $487 |
| Interceptaci・ | $1,638 | $1,609 |
| Investigaci・ e inteligencia | $723 | $831 |
En 1988, el Congreso estableci?la Oficina de Pol・ica Nacional de Control de Drogas, el "Zar de la Droga", para coordinar todos los programas federales de control del consumo de drogas. El Congreso requiere que la administraci・ presente cada a・ una estrategia nacional para el control de drogas. Como parte de esa estrategia, la ley requiere que la administraci・ presente un presupuesto consolidado y basado en esa misma estrategia. La solicitud de 16.000 millones de d・ares que hay ahora ante el Congreso es una respuesta a estos requisitos. Este presupuesto representa un compromiso nacional para abordar todos los aspectos del problema de la droga.
Los recursos destinados en el presupuesto a la aplicaci・ de la ley abarcan varias actividades, entre ellas investigaciones, procedimientos judiciales, costos de encarcelamiento y sumas peque・s para programas de tratamiento a drogadictos en las prisiones. La solicitud tambi・ incluye unos 10 millones de d・ares, por ejemplo, para que el Servicio Forestal Nacional combata la producci・ ilegal de marihuana en varios parques nacionales. Tambi・ incluye fondos que apoyan la erradicaci・ del cultivo de la marihuana por los gobiernos estatales.
Los fondos de ayuda para tratamiento apoyan los programas de tratamiento para drogadictos en todo el pa・. La mayor・ de estos fondos se proveen en donaciones fijas en bloque a los estados, los que se encargan de administrar los fondos. Con estos recursos se proporciona apoyo a una serie de iniciativas de tratamiento, desde programas de residencia a largo plazo hasta una variedad de programas de intervenci・ para ayudar a los drogadictos. Desafortunadamente, no hay una cura para la drogadicci・ y el tratamiento es una labor de toda la vida. Es por ello que tambi・ apoyamos los programas de prevenci・. El objetivo es persuadir a los posibles usuarios a que nunca consuman drogas. La mayor・ de los fondos asignados a la prevenci・ se proporcionan a los estados para la promoci・ de una mayor percepci・ en las escuelas y apoyo de los esfuerzos de la coalici・ de comunidades para mantener a los ni・s fuera del alcance de las drogas. Adem・ de estas iniciativas, tambi・ trabajo en el Congreso para aprobar leyes que proporcionen recursos a las comunidades para sus programas de prevenci・ de la adicci・ a drogas.
La experiencia nos ense・ que se consiguen los mejores resultados cuando los padres de familia, dirigentes de la comunidad, escuelas, empresas, l・eres religiosos y estudiantes se dedican a la prevenci・ del consumo de drogas. Los esfuerzos realizados por comunidades de Miami y Cincinnati son modelos verdaderos de ・ito. Tambi・ nos sirven de gu・ nuestras experiencias durante la d・ada del 80 y principios del 90. Durante esos a・s se dirigieron los esfuerzos a la poblaci・ joven y se logr?reducir notablemente su posible experimentaci・ con drogas. El consumo de drogas entre adolescentes se redujo en m・ de 50 por ciento y el de coca・a m・ de 70 por ciento entre 1980 y 1990. Adem・, se not?tambi・ un cambio en las actitudes sobre el consumo de drogas y aument? entre los j・enes la percepci・ de que las drogas son peligrosas y que no est?bien usarlas. Estas reducciones las logramos a pesar de la continua disponibilidad de las drogas.
Adem・ de los recursos que Estados Unidos dedica a los problemas que surgen del consumo de drogas en el pa・, tambi・ asignamos cantidades elevadas de dinero a la interceptaci・ de drogas en nuestras fronteras y m・ all?de las mismas. Apoyamos los esfuerzos internacionales para detener la producci・ y el tr・ico ilegal de drogas en el extranjero. Casi todas las drogas que se consumen en Estados Unidos se producen de forma ilegal en Asia y Am・ica Latina, y las introducen ilegalmente al pa・ las principales organizaciones criminales con sede en el extranjero. En los ・timos cinco a・s, Estados Unidos ha gastado m・ de 500 millones de d・ares en Colombia, Bolivia y Per?para dar apoyo a la aplicaci・ de la ley, interceptaci・, programas de desarrollo alternativo, tratamiento y prevenci・, y apoyo militar. El dinero se ha utilizado para respaldar los esfuerzos locales dirigidos a combatir no s・o la producci・ de drogas, sino que tambi・ la amenaza que presentan las organizaciones criminales que utilizan la violencia, la intimidaci・ y la corrupci・ para socavar la integridad de los tribunales, empresas y l・eres pol・icos.
Los esfuerzos de Estados Unidos para combatir las drogas no se limitan a la inversi・ de dinero. Estados Unidos, y particularmente el Congreso, ha sido el primero en aprobar leyes que crean una estructura judicial para combatir la producci・ de drogas y el lavado de dinero. En este respecto, Estados Unidos ha sido el primero en aprobar legislaci・ importante contra el lavado de dinero y las empresas criminales. Una de estas leyes exige que los bancos informen al gobierno cuando una consignaci・ de fondos es mayor de 10.000 d・ares como medio de evitar transacciones en efectivo u otros instrumentos que ocultan el verdadero origen del dinero. Las leyes tambi・ disponen la confiscaci・ de bienes adquiridos de forma directa o indirecta de la venta y contrabando de narc・icos. Estas leyes se han aplicado de manera en・gica contra personas que participan en el comercio de drogas tanto en Estados Unidos como en el extranjero.
Como parte de los esfuerzos para controlar la producci・ de drogas, Estados Unidos tambi・ ha encabezado la lista de pa・es que controlan la venta y tr・ico de substancias qu・icas precursoras utilizadas en la producci・ de drogas ilegales. Esta ley proporcion?a los organismos de aplicaci・ de la ley de Estados Unidos una herramienta poderosa para controlar el desv・ de importantes componentes qu・icos que se utilizan en la producci・ de drogas. Estados Unidos ha alentado a otros pa・es a que aprueben leyes similares y ha trabajado con las empresas para desarrollar mecanismos de control. Desafortunadamente, son muchos los pa・es que deben adoptar normas rigurosas para aplicar m・ en・gicamente las leyes existentes.
Como parte de los esfuerzo para promover un control general de las drogas, Estados Unidos ha colaborado tambi・ con la comunidad internacional. Ha trabajado con los pa・es G-7 para fomentar normas internacionales de control financiero adecuado a trav・ del Grupo Especial de Medidas Financieras. El Congreso ha hecho hincapi?tambi・ en el cumplimiento a nivel internacional de la Convenci・ de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes y Substancias Sicotr・icas de 1988. Adem・, Estados Unidos ha contribuido fondos al programa de las Naciones Unidas para el control de drogas que apoya los programas de tratamiento y prevenci・ de drogadicci・, erradicaci・ de cultivos ilegales y proyectos de desarrollo alternativo en muchos pa・es. Todos estos esfuerzos, unidos a los programas de cada pa・, son parte del impulso actual para abordar toda la gama de problemas que crean la producci・, tr・ico y consumo de drogas.
Conceptos err・eos
Existe una variedad de conceptos err・eos sobre el problema de la droga en general y sobre lo que Estados Unidos hace al respecto. Entre ellos se destaca el de simplificar de manera excesiva la oferta y la demanda. El argumento m・ com・ es que si los norteamericanos no consumiesen drogas -- si no hubiese demanda -- no habr・ incentivo para producir y contrabandear drogas, por ende, no habr・ oferta. Si bien ello puede parecer razonable, no refleja la complejidad de la relaci・ entre la oferta y la demanda, en general, y espec・icamente en el caso de las drogas.
En muchos casos es la oferta la que crea o motiva la demanda. Por ejemplo, un producto nuevo que no tiene mercado no comienza a venderse si no hay demanda. El creador o fabricante del producto debe crear la demanda mediante la comercializaci・, el precio y la publicidad. Del mismo modo, cuando una empresa quiere abrirse paso en el mercado, tratar?de inundarlo con grandes cantidades de su producto a un precio bajo. Este principio se aplica tanto si hablamos de "chips" de computadoras como de coca・a. Las organizaciones criminales dedicadas a la producci・ de narc・icos son empresas importantes y muchas de sus pr・ticas o actividades se asemejan a las de las empresas leg・imas. Como muchas otras empresas legales, estas organizaciones han reconocido que Estados Unidos es el principal mercado del mundo. Para los traficantes de drogas, el comerciar en el mercado estadounidense es aprovechar la oportunidad de obtener enormes ganancias. Como parte de su estrategia comercial, estos grupos han fijado el mercado estadounidense como objetivo de sus actividades y trabajan en・gicamente para crear la demanda para su producto.
Es f・il seguir la pista a estas actividades. A principios de la d・ada del 70, Estados Unidos no sufr・ de un problema grave de consumo de coca・a. El consumo se limitaba a una ・ite cultural que dispon・ del dinero para pagar el alto precio de esa droga. Carlos Lehder, un contrabandista muy emprendedor, se dio cuenta de la posibilidad de crear un mercado nuevo. Utiliz?sus relaciones en Colombia y su red de contrabando, y comenz?a aumentar la oferta de coca・a en Estados Unidos. Su objetivo fue la clase media. Al aumentar dr・ticamente la oferta y rebajar el precio hizo que hubiera una mayor disponibilidad de coca・a y la demanda empez?a aumentar. Una vez que la demanda aument? la oferta y la demanda se complementaron una a la otra. Mientras Lehder hac・ esto, los organismos de aplicaci・ de la ley y los formuladores de pol・ica de Estados Unidos no se percataron de la importancia de este acontecimiento. No fue hasta que estall?la violencia y se multiplicaron los problemas de drogadicci・ que las autoridades se dieron cuenta de lo que pasaba. Para entonces, la coca・a se hab・ establecido en todo el pa・ como la droga predilecta.
Una historia parecida explica la r・ida expansi・ del consumo de metanfetamina en Estados Unidos. Las organizaciones de narcotraficantes tambi・ ampl・n su red de usuarios en Am・ica Latina, el Caribe y M・ico. Les pagan con drogas a los traficantes locales. Ofrecen drogas a bajo costo y en algunos casos hasta las regalan para poder crear un grupo de usuarios. Desafortunadamente, una de las caracter・ticas de la oferta y la demanda de la droga es que la oferta a precios c・odos aumenta la demanda. Ning・ pa・ es inmune a esta correlaci・.
Al hablar sobre este aspecto del problema de la droga, no digo que Estados Unidos no deba asumir la responsabilidad de abordar el problema del consumo de drogas. Todo lo contrario. Tenemos la responsabilidad y la obligaci・ de hacerlo, no s・o como miembros responsables de la comunidad internacional, sino que como padres que debemos proteger a nuestros hijos, que son las v・timas principales del consumo de la droga. Mi intenci・ al hablar sobre la cuesti・ de la oferta y la demanda es dejar claro que no se trata de un problema sencillo. Hay otra cuesti・ que se debe considerar al abordar esta concepto err・eo. Se trata de una cuesti・ moral. Lo que se plantea es: ・ui・ es responsable del problema de la droga, la persona que decide utilizarla o la persona que la produce, trafica y vende? No hay una respuesta sencilla, pero lo cierto es que ni los pa・es productores ni los pa・es consumidores pueden hacer caso omiso de los problemas que crean las drogas ilegales. Los esfuerzos significativos para combatir las drogas no son el resultado de una distinci・ simplista entre la oferta y la demanda, particularmente si se hace un intento por descargar la responsabilidad para no hacer nada.
Un segundo concepto err・eo tiene que ver con el proceso de certificaci・ en Estados Unidos. Muchos creen que es un proceso injusto que singulariza arbitrariamente a otros pa・es y les echa la culpa del problema, en tanto que Estados Unidos no hace nada para combatir el consumo de drogas ilegales. Como he dicho antes, Estados Unidos dedica recursos considerables al problema de la drogadicci・. Lo hacemos porque estamos luchando por la vida y el futuro de los ni・s. Tomamos muy en serio el problema de las drogas ilegales y esperamos que otros hagan lo mismo. El proceso de certificaci・ es el mecanismo que utilizamos para determinar si el compromiso de otros pa・es es con prop・ito serio.
Muchos cr・icos de esta certificaci・ sostienen que Estados Unidos no tiene derecho a juzgar los esfuerzos que hacen otros pa・es en cuanto al problema de las drogas ilegales. Esta postura es insostenible porque, de hecho, son pocos los pa・es del mundo que no juzgan las acciones de otros pa・es sobre una variedad de cuestiones e incluso est・ dispuestos a tomar medidas si creen que hay intereses importantes de por medio. Esto sucede ya se trate de casos de intereses ecol・icos, comerciales, derechos de propiedad intelectual, terrorismo internacional o derechos humanos. Como miembros de la comunidad internacional, esperamos que los dem・ pa・es se adhieran a las debidas normas de conducta y estamos listos, individual y colectivamente, a responder cuando se cometen violaciones contra esas normas. Adem・, cada pa・ se reserva el derecho de tomar las medidas necesarias para proteger su soberan・ y el bienestar de su pueblo.
El proceso de certificaci・ es, esencialmente, un asunto de inter・ nacional. El Congreso estableci?el requisito de certificaci・ hace unos diez a・s para obligar a las administraciones de Estados Unidos a incluir la cuesti・ de las drogas ilegales como elemento clave de nuestra pol・ica exterior. Lo que la certificaci・ requiere es que el presidente identifique a los principales pa・es productores o de tr・sito de drogas ilegales. No se trata de una decisi・ arbitraria, sino de estimados reales de los cultivos ilegales de un pa・ e informaci・ espec・ica sobre sus actividades de contrabando de drogas. El Congreso requiere adem・ que el presidente certifique anualmente a los pa・es de la lista que toman medidas reales y factibles para abordar el problema de la producci・ o tr・ico de drogas ilegales. De nuevo, no se trata de una decisi・ arbitraria sino que est?fundamentada en una evaluaci・ de medidas y esfuerzos espec・icos. Estos se incluyen en un informe general llamado Informe de Estrategias de Control Internacional de Narc・icos, que el Congreso requiere tambi・ que la administraci・ presente cada a・.
El requisito de certificaci・ no ha tenido un ・ito rotundo. Lo que la ley requiere no es que un pa・ X haya eliminado su producci・ o tr・ico de drogas antes de ser certificado, sino que haya tomado medidas significativas conducentes a la supresi・ de ambas actividades de conformidad con la Convenci・ de las Naciones Unidas de 1988, y de otros acuerdos bilaterales con Estados Unidos u otros pa・es. La certificaci・ reconoce las dificultades que se presentan al abordar la producci・ de drogas y las pandillas de delincuentes que participan en esta actividad, pero tambi・ toma en consideraci・ si un pa・ est?haciendo lo que debe y puede hacer de conformidad con las leyes internacionales. M・ aun, la producci・ de drogas es ilegal en virtud de las leyes de la mayor・ de los pa・es afectados por la certificaci・ y muchos de estos pa・es han suscrito acuerdos con Estados Unidos que los obligan a tomar medidas espec・icas a cambio de los diversos tipos de ayuda que se les proporciona. Lo que se espera es que estos pa・es tomen las medidas adecuadas para la ejecuci・ de sus leyes y el cumplimiento de las disposiciones de los acuerdos bilaterales e internacionales.
Si despu・ de evaluar una serie de factores, el presidente determina que un pa・ no cumple con sus obligaciones, debe informar sobre ello al Congreso y tomar medidas para negar la ayuda de Estados Unidos a ese pa・. El derecho de Estados Unidos a decidir si un pa・ debe o no debe recibir ayuda no debe ser motivo de debate. La ayuda de Estados Unidos no es un derecho. El hecho de que Estados Unidos, como pa・ democr・ico, ventile sus decisiones p・licamente como cuesti・ de inter・ p・lico tampoco debe ser motivo de sorpresa. Tampoco debe sorprender que Estados Unidos est?preparado a tomar medidas para proteger su soberan・ y a sus ciudadanos cuando sea necesario.
Las drogas se producen en el extranjero y las introducen ilegalmente a Estados Unidos las organizaciones con sede en territorio extranjero en violaci・ de las leyes locales, internacionales y de Estados Unidos. Las substancias que producen e introducen ilegalmente al pa・ causan diariamente da・s inestimables a los ciudadanos de Estados Unidos. De hecho, los contrabandistas de drogas causan anualmente m・ muertes y m・ da・ en este pa・ que lo que el terrorismo internacional ha causado en los ・timos diez a・s. Es imposible y ser・ irresponsable hacer caso omiso de esas actividades. El esperar que otros pa・es cooperen con nuestros esfuerzos para controlar estas actividades es algo que no es ni poco realista ni sin precedente. Tampoco es excesivo estar preparado a tomar medidas unilaterales para proteger los intereses de la naci・.
El tercer concepto err・eo que se filtra en el debate sobre las drogas ilegales es que Estados Unidos no hace nada para resolver su propio problema. Espero haber abordado ese concepto err・eo en estas declaraciones.
Hay otra cuesti・ sobre este tema que quisiera abordar, y es la idea de que la legalizaci・ de las drogas resolver・ todos los problemas. Los que sostienen esta opini・ dicen que al legalizar las drogas peligrosas para consumo personal se pondr・ fin a las actividades delictivas, se reducir・ el da・ causado por procedimientos legales a los que quieran usarla y se eliminar・ toda la costosa estructura de aplicaci・ de la ley. Ninguna de estas opiniones es acertada. De hecho, como f・mula para pol・ica p・lica corren hacia el desastre. Como m・imo, aumentar・n dram・icamente el n・ero de usuarios actuales de drogas peligrosas. En lugar de reducir el da・ que actualmente causan las drogas, redistribuir・n los da・s a un gran n・ero de personas y le pasar・n el costo de ello al erario p・lico.
No hay camino f・il a la soluci・ de nuestro problema de las drogas, ya sea de la oferta o de la demanda. Lo que se requiere es la determinaci・ de abordar el problema, la disposici・ de actuar y la energ・ para mantenernos firmes en nuestro prop・ito. Las consecuencias del fracaso equivalen a la p・dida de m・ ni・s y a dar rienda suelta a los malhechores criminales que promueven las drogas.
Cuestiones
Mundiales
Publicación Electrónica del USIS,
Vol. 2, No. 3, Julio de 1997