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Mi peri・ico de la ma・na me informa de una noticia cultural algo curiosa. Las cadenas de televisi・ acaban de realizar su "barrida" anual sobre los estimados de su audiencia, lo cual determina a cu・to ascender・ sus ingresos publicitarios en la temporada pr・ima. Los ganadores son las dos cadenas que han tenido m・ ・ito en atraer al grupo de personas de 18 a 49 a・s de edad que, seg・ el informe de prensa, la industria de la publicidad considera el m・ valioso.
Hace m・ de treinta a・s el mercado estadounidense se enter・por primera vez de la "demograf・ joven". Los revoltosos hijos de la generaci・ del "baby boom", esa que cre・ haber descubierto el secreto de la eterna juventud, ya est・ bien adentro de su agitada y convulsionada edad madura. Sin embargo, los anunciantes y los medios informativos --como los pol・icos y los formuladores de pol・icas --siguen obsesionados con la juventud y parecen olvidarse de las necesidades y pareceres de los norteamericanos de m・ edad. Tal como un veterano redactor publicitario se lamentaba, en un n・ero especial de la revista del New York Times sobre el tema, cuando dice que "para los anunciadores, juventud equivale a entusiasmo y br・. Todo emana de esas reglas no escritas del mercadeo: no miren a los consumidores de 50 a・s o mayores, porque est・ fuera de todo alcance".
Thomas Frank, en su libro de 1997 The Conquest of Cool, sobre la "cultura empresarial, la contracultura y la aparici・ del consumismo moderno", arguye que nuestra preocupaci・ por la juventud, surgida en los a・s sesenta, nos acompa・r・para siempre. "La juventud siempre debe vencer", escribe. "Es natural que lo nuevo tome el lugar de lo viejo. Es tan cierto, que tendremos rebeliones de nuevas generaciones de j・enes como que tendremos nuevas generaciones de silenciadores para los autos o pastas dent・ricas o calzados". Si Frank est・en lo cierto, entonces el sector empresarial norteamericano y sus medios informativos est・ en pugna con la Oficina del Censo de los Estados Unidos. Tambi・ lo est・ los pol・icos que no prestan atenci・ a las personas de edad avanzada. Todos viven ignorantes del principal hecho demogr・ico del siglo XXI: los j・enes son una clase en disminuci・. El futuro radica en los viejos.
Si bien los j・enes podr・ seguir siendo un mercado, est・ destinados a disminuir constantemente en n・ero y poder adquisitivo. Estados Unidos ya empez・a envejecer colectivamente en 1800. En la ・oca de Thomas Jefferson, la mitad de la poblaci・ blanca era menor de 16 a・s, coeficiente de edad-juventud que el pa・ nunca m・ volver・ a ver. Durante el siglo XIX, a pesar de los altibajos causados por las olas de inmigrantes y las epidemias mortales, la expectativa de vida se alarg・y la sociedad envejeci・constantemente. En la d・ada de 1930 se sostuvieron conferencias nacionales para explorar soluciones a los problemas planteados por una poblaci・ r・idamente creciente de personas de mayor edad. Hoy, los norteamericanos mayores de 50 a・s representan el segmento de la sociedad que crece m・ r・idamente.
La gran excepci・ en el envejecimiento a largo plazo de la sociedad norteamericana fue la erupci・ reproductiva entre 1946 y 1964. Durante esos a・s, los nacimientos en Estados Unidos aumentaron r・idamente hasta una tasa media de 3,7 hijos por familia. Menos de una d・ada m・ tarde, en 1976, como en un paroxismo de agotamiento, el total de fertilidad entre las mujeres norteamericanas decay・a un promedio r・ord bajo de 1,7 nacimientos por familia -- muy por debajo de la tasa necesaria para reemplazar la poblaci・. Desde ese entonces, igual que en la mayor・ de las sociedades industrializadas, el ・dice de natalidad ha seguido descendiendo. El hecho que la tasa total de nuestro crecimiento poblacional se mantenga cerca del n・ero de reemplazo es casi una consecuencia de la inmigraci・.
En todas las sociedades industrializadas, las parejas se casan m・ tarde (si es que se casan), esperan m・ tiempo para tener beb・ y los tienen en menor cantidad. Como lo admiten ahora hasta los alarmistas que predec・n la explosi・ poblacional, la declinaci・ de la procreaci・ est・ligada de modo inextricable con lo que el mundo moderno llama progreso. Las mujeres, especialmente, consideran una liberaci・ el no tener hijos o tenerlos m・ tarde; les permite dedicar m・ tiempo a explorar profesiones, viajar, educarse. Los mismos "baby boomers" establecieron en este pa・ esta modalidad de la reproducci・. A mediados de la d・ada de 1970, en el apogeo del movimiento de liberaci・ de la mujer, se duplic・la cifra de mujeres sin hijos entre los veinte y los treinta a・s de edad; en la d・ada siguiente se triplicaron los nacimientos en mujeres entre 30 y 35 a・s. La mayor・ de estas madres de mayor edad trabajaban y ten・n menos beb・, muchas veces solamente uno.
Pero no es ・icamente en n・eros en lo que los norteamericanos m・ viejos cada vez eclipsan m・ a los j・enes. Su cuota en la riqueza nacional excede grandemente a la de sus hijos y nietos, algo que podr・ ser de considerable inter・ para aquellos expertos en mercadeo, esos que cortejan con tanto ah・co a un p・lico juvenil. Una cuarta parte de la poblaci・ estadounidense mayor de cincuenta a・s, al comenzar el siglo XXI, tendr・ingresos personales anuales de cerca mil millones de d・ares. Estos norteamericanos viejos controlan la mitad del ingreso disponible del pa・, 75 por ciento de sus bienes financieros (por valor de m・ de ocho billones de d・ares) y 80 por ciento de sus ahorros y cuentas de cr・itos.
Al tener por delante una larga expectativa de vida, la generaci・ de "baby boomers" ser・m・ acaudalada a medida que envejece. Los "baby boomers" heredar・ de sus padres unos 10,7 billones de d・ares. La Administraci・ del Seguro Social estima que, gracias a los ahorros personales, al Medicare (cuidado de la salud provisto por el Seguro Social), la propiedad de viviendas y las exenciones tributarias, los norteamericanos mayores de 65 a・s tienen ahora los mayores ingresos disponibles en el pa・, m・ de dos veces que aquellos entre 25 y 34 a・s de edad. Entre las mujeres de edad posterior a la menopausia, existe lo que la columnista sindicada Ellen Goodman llama "el sue・ de todo gerente de ventas": cincuenta millones de mujeres activas, compradoras de libros, consumidoras de cultura, muchas de ellas primeras beneficiarias de la terapia del reemplazo hormonal que las mantendr・vivas y activas, y tal vez hasta ganando dinero hasta bien entradas en a・s.
"Siempre habr・el mercado de los j・enes", observa Cheryl Russell, colaboradora de la publicaci・ American Demographics, "pero ・te no ser・tan poderoso comparado con otros mercados. En el futuro, las empresas norteamericanas deber・ aprender a querer a los ancianos".
Un cambio poblacional de esta magnitud no puede dejar de estar ligado a grandes cambios pol・icos en el futuro. A medida que el centro de gravedad financiera y pol・ica de la sociedad estadounidense gira firmemente hacia la madurez, los norteamericanos de mayor edad son cada vez m・ consecuentes con sus arraigados valores. Los ancianos no solamente son los principales propietarios en Estados Unidos; tambi・ son los votantes m・ concienzudos del pa・. Ganar su fidelidad ser・el premio electoral mayor del siglo pr・imo.
Estudios sobre la conducta de los votantes revelan que los votantes de mayor edad no tienen una orientaci・ pol・ica determinada sobre nada, excepto ante posibles amenazas a sus prestaciones. No importa cuan conservadores sean en muchos temas, las personas de mayor edad son el ancla del estado benefactor, ancla que es m・ pesada con cada a・ que transcurre. Esta tendencia inexorable es la raz・ de la urgencia en las campa・s para recortar o privatizar programas de prestaciones como Medicare y el Seguro Social. Por ejemplo, el Programa Paul Tsongas, una rama de la Coalici・ Concord, de orientaci・ conservadora en asuntos fiscales, insiste en sus foros p・licos sobre la "responsabilidad generacional" y dice en sus folletos que "antes que el "baby boom" se convierta en el "senior boom" (auge de los ancianos), nuestros l・eres pol・icos tendr・ la oportunidad de reformar la pol・ica de las prestaciones. El programa estima que las prestaciones "pronto consumir・ todos los ingresos federales".
Esto parece alarmante, ?pero cuan "pronto" ocurrir・esto? Si no hici・amos nada para reestructurar el Seguro Social, entre hoy y el a・ 2032, el sistema todav・ ser・ capaz de pagar 75 por ciento de lo que adeuda. Aun en el caso extremo, no existe ninguna emergencia realmente convincente. Pero naturalmente la sociedad norteamericana no se quedara de brazos cruzados sin hacer "nada" acerca del Seguro Social. Como lo indic・claramente la Administraci・ del Seguro Social, bastar・n una serie de modestos ajustes graduales en el financiamiento y la cobertura --ninguno requerir・la privatizaci・ -- para mantener solvente el programa en el siglo pr・imo.
Otros enemigos de las prestaciones insisten en sus cr・icas de manera m・ tenaz. Peter G. Peterson, fundador y presidente de la Coalici・ Concord, advierte que pronto Medicare tendr・que invocar una palabra que empieza con "R": racionamiento. Es posible que suponga, como lo indica, que est・defendiendo los intereses de "nuestros hijos", pero ser・interesante ver cu・tos de esos hijos estar・n dispuestos a gastar dinero cuando el administrador de una cl・ica lucrativa de cuidado de salud les diga que al HMO le cuesta demasiado mantener vivos a sus padres enfermizos.
Antes era tarea de los sindicatos laborales ver que la riqueza del pa・ se distribuyera equitativamente. En los a・s venideros, tal vez tengamos que apelar al poder de nuestros abuelos como el ・ico poder lo suficientemente fuerte y compasivo capaz de frenar a la corporaci・ Estados Unidos y a la expansi・ de la mundializaci・. Si tal insurrecci・ fuera m・ de lo que se puede esperar de los mayores, debemos recordar que los "boomers" son una generaci・ que siempre ha esperado mucho de s・misma. No se puede juzgar a los ancianos del futuro compar・dolas con los actuales; cuando los "baby boomers" se sumen a la categor・ de los ya entrados en a・s, podemos esperar un comportamiento pol・ico muy diferente.
Es en la juventud cuando se asume estos aires de alta moral; la edad avanzada es otra cosa. Es cierto que la generaci・ disidente m・ joven de los a・s sesenta creci・para convertirse en adultos responsables, que pagaron por su idealismo. Pero con el tiempo, los adultos envejecen m・ y por ・timo se retiran a una situaci・ no muy diferente a la libertad que se tiene en una residencia universitaria.
Una persona que reconoci・temprano este hecho, en los a・s sesenta, fue Maggie Kuhn, fundadora de los Gray Panthers, organizaci・ intergeneracional en defensa de la educaci・, que act・ en pro de una justicia social y econ・ica. La misma aborda cuestiones como el cuidado nacional de la salud, empleos, seguridad social, vivienda, medio ambiente sostenible, educaci・ y la paz. "Las personas de mayor edad", observ・Kuhn, "al tener el beneficio de la experiencia, el tiempo libre para satisfacer sus aspiraciones y ser los que menos pueden perder al arriesgarse, estaban perfectamente situadas para actuar como defensores del bien p・lico en general".
Fue un error dar por perdidos a los universitarios de los a・s sesenta como miembros convencionales de la clase media. Podr・ ser igualmente disparatado suponer que la pr・ima generaci・ de personas mayores desaparezca simplemente en el olvido, como lo hicieron sus mayores cuando su n・ero era peque・ y la palabra "viejo" se asociaba invariablemente con la palabra "pobre". "El retiro", observ・Kuhn, "es como ser rico. Nadie puede despedirle a uno".
Si examinan su repertorio ・ico, los "baby boomers" no tendr・ dificultad en encontrar un caudal de alternativas en la contracultura para planear la revoluci・ de la longevidad. Ellos crecieron con los anhelos ut・icos que cr・icos sociales, como Paul Goodman, creyeron el comienzo de un importante cambio pol・ico. Aquellos que idearon alternativas al statu quo tal vez carec・n de madurez; necesitaban tiempo. Y es lo que ocurri・al pasar de los a・s sesenta a los noventa. Ellos pertenecen ahora a la generaci・ de edad madura; ya no se les puede descartar como ni・s malcriados. El retiro les dar・tiempo -- y las prestaciones la oportunidad -- para retornar a la pasi・ moral que los caracteriz・ como una generaci・ fuera de lo com・.
Estos d・s el estereotipo del norteamericano entrado en a・s, seg・ las historietas c・icas, es el de un par・ito cadav・ico que arrastra sus pies en las canchas de golf. Esa imagen est・lejos de describir con exactitud a nuestros mayores, quienes han ampliado el sector del voluntariado en la econom・, retornan a la escuela en n・eros crecientes, se involucran cada vez m・ en la pol・ica y demuestran gran inter・ en mantenerse al d・ con el modernismo, adquiriendo capacidades para la computaci・. Las personas, como lo sabe todo asesor en cuestiones de retiro, en sus a・s avanzados se tornan serias en lo que respecta al significado de la vida y procuran dedicarse a asuntos de significado perdurable. Es posible que la pr・ima generaci・ de personas ancianas descubra ese significado en el trabajo que han dejado sin terminar tantos a・s atr・.
El poeta William Wordsworth, que creci・en la ・oca de la Revoluci・ Francesa, escribi・de los j・enes que viv・n en esa era turbulenta: "Hab・ felicidad en ese amanecer, por estar vivo. Ser joven era divino". En efecto, ser・ extraordinario si el destino real de los disidentes radicales de nuestro tiempo no estuviera en la juventud de esta generaci・ peculiar, sino en los a・s de su crep・culo que todav・ est・ por llegar.
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Theodore Roszak es catedr・ico de historia en la Universidad del Estado de California, en Hayward. Es el autor de America the Wise: The Longevity Revolution and the True Wealth of Nations (Houghton Mifflin Company, 1998) y The Making of a Counterculture: Reflections on the Technocratic Society and its Youthful Opposition (University of California Press, 1995).
Este art・ulo apareci・previamente en Civilization, en su n・ero de octubre/noviembre de 1998. Su reimpresi・ est・autorizada.
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