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Si bien el final de la Guerra Fría ofreció nuevas oportunidades de solucionar viejas controversias en algunas partes del mundo, los últimos años de este siglo no están resultando en una era de paz, afirma Richard Solomon, presidente del Instituto de la Paz de Estados Unidos en Washington, D,C. Afirma que se necesitan métodos innovadores para enfrentarse a nuevas fuentes de conflicto internacional, por lo que el trabajo del Instituto de la Paz se ha reorientado para adaptarse a las nuevas circunstancias. Solomon fue anteriormente vicesecretario de Estado para asuntos de Asia Oriental y el Pacífico, director de planificación de política del Departamento de Estado y embajador de Estados Unidos en Filipinas. Esta entrevista con el señor Solomon la realizó nuestra editora colaboradora Dian McDonald.
Pregunta: ¿A qué se debió la creación del Instituto de la Paz de Estados Unidos en 1984?
SOLOMON: Durante algunos años se había organizado una campaña nacional para establecer una "academia de paz". La idea era crear una institución docente con un programa de estudios de cuatro años que otorgara un título, como complemento de las academias militares: West Point y Annapolis. En apoyo de este proyecto surgió una organización pública de más de 70.000 miembros que recabó del Congreso el establecimiento de esta clase de institución docente.
También se tenía la sensación durante la Guerra Fría de que el mundo comunista se había apoderado de la idea de "la paz". Los comunistas habían creado diversas organizaciones pantalla --comités de paz e institutos de paz-- que eran, francamente, muy políticos y parte de sus actividades de la Guerra Fría. En Estados Unidos muchas personas opinaban que no debíamos permitir al mundo comunista dominar y corromper la idea de la paz. Este fue uno de los motivos de la creación del Instituto de la Paz de Estados Unidos, que se estableció mediante una coalición bipartidista de demócratas y republicanos que aprobó la legislación para su apertura en 1984.
La legislación no creó una "universidad" con un ciclo de estudios de cuatro años al cabo de los cuales se obtuviera un título, sino más bien un instituto cuya misión primordial es educativa --con más flexibilidad y, de hecho un poco menos grandiosa-- que el concepto de las academias militares de Estados Unidos.
Pregunta: ¿Cuáles son ahora los objetivos principales del Instituto?
SOLOMON: La carta congresional original del Instituto sigue siendo nuestro documento directivo fundamental. Estipula que nuestro propósito es "reforzar nuestras capacidades nacionales para solucionar conflictos internacionales sin recurrir a la guerra o a la violencia". Con el fin de la Guerra Fría, esa directiva del Congreso ha pasado a ser, de algún modo, más pertinente que nunca, porque el final del enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética supuso el final del equilibrio nuclear que había dominado todos los aspectos de las relaciones internacionales durante una generación. A principios de los años noventa, la solución de muchas diferencias y conflictos antiguos de pronto parecía ser negociable. Consideren, por ejemplo, el progreso realizado en los últimos años en el proceso de paz del Oriente Medio, el arreglo de las Naciones Unidas para Camboya y el establecimiento de la paz en Sudáfrica y en otros lugares de ese continente. En ese sentido, nuestra carta refleja hoy las nuevas oportunidades de solución pacífica de viejas disputas internacionales.
No obstante, hay que decir también que el final de la Guerra Fría no marcó el comienzo de una era de paz. Todavía existen algunos conflictos pertinaces, como los de Cachemira o Chipre, o de nuevo cuño, como el de Bosnia, que han resultado ser muy duraderos y difíciles de solucionar. También hemos presenciado el estallido de nuevos conflictos étnicos y religiosos; y algunos enfrentamientos antiguos --incluso el de la Península de Corea-- se han agravado al relajarse la disciplina impuesta por la Guerra Fría en muchas partes del mundo.
Por consiguiente, la labor del Instituto se ha reorientado para tratar de 1) entender las nuevas fuentes de conflicto internacional, 2) formular métodos para hacer frente a los conflictos étnicos y religiosos que no figuraban en nuestro programa de la Guerra Fría, y 3) elaborar programas de capacitación educativa y profesional para perfeccionar las aptitudes y los conocimientos de quienes practican los asuntos exteriores -- tanto diplomáticos como representantes de organizaciones no gubernamentales de Estados Unidos que promueven programas de asistencia humanitaria -- a fin de facilitar la solución negociada de esos conflictos.
Pregunta: ¿Cómo describiría los hitos más sobresalientes de la evolución del Instituto durante los últimos diez años?
SOLOMON: Se ha producido una interesante evolución sistemática en nuestro trabajo y nuestros programas. A mediados de la década de 1980, nos concentrábamos en nuestro programa de donaciones, que alentaba a los círculos académicos y al mundo de los "institutos de investigación" a profundizar el conocimiento sobre los procesos de gestión y solución de conflictos. Es decir, nuestra primera tarea era establecer, mediante la investigación, el capital intelectual que contribuyese a profesionalizar nuestro conocimiento de lo que realmente significaban los "estudios de la paz". En 1989, publicamos un libro titulado "Approaches to Peace: An Intellectual Map" (Estrategias de Paz: Un mapa intelectual), que sentó las bases intelectuales de la investigación sobre la gestión y solución de conflictos --los componentes del establecimiento de la paz.
Posteriormente, creamos un programa de becas en virtud del cual todos los años vienen al Instituto alrededor de 14 investigadores superiores y otros insignes representantes de instituciones académicas, medios de información y gobiernos de todo el mundo. A lo largo de un año, cursan estudios aquí en Washington sobre temas pertinentes a nuestra carta.
Más recientemente, nuestro programa de educación y capacitación ha pasado a ser el sector más activo del aspecto operativo del Instituto. Su parte "educativa" elabora programas de estudios especializados para estudiantes de escuela secundaria y universitarios que abarcan una amplia gama de temas destinados a perfeccionar el conocimiento de las fuentes y los medios de solución de conflictos internacionales. Estos estudios constituyen también la base de seminarios de perfeccionamiento de verano para profesores de universidades, escuelas secundarias y colegios superiores comunitarios. El programa de becas del Instituto apoya esta labor mediante la concesión de becas a estudiantes graduados a fin de generar nuevos conocimientos sobre el significado del establecimiento de la paz y la solución de los conflictos.
Hemos ampliado nuestro programa de capacitación para incluir cursillos prácticos para militares profesionales destinados a perfeccionar sus aptitudes de mantenimiento de la paz. En colaboración con el Instituto de Mantenimiento de la Paz del Ejército de Estados Unidos, de Carlisle Barracks, Pennsylvania, trabajamos con soldados profesionales y les enseñamos a realizar operaciones internacionales de mantenimiento de la paz. También estamos elaborando un programa para perfeccionar los conocimientos de quienes entablan negociaciones complicadas a través de diferencias culturales.
Nuestra labor también ha evolucionado en lo que respecta al apoyo en materia de política. Desde que llegué aquí hace tres años, hemos tratado --con el apoyo de nuestra junta de directores-- de dar a nuestros programas más pertinencia política y trabajar con funcionarios del gobierno para ayudarles a concebir nuevos métodos de solución de conflictos internacionales --a fin de que puedan disponer de opciones entre no hacer nada y enviar tropas.
Y finalmente, hemos desarrollado una capacidad de lo que suele llamarse diplomacia de "vía dos", o diálogos semioficiales, para facilitar la solución de conflictos internacionales rebeldes. La diplomacia de "vía dos" suele preceder a las negociaciones gubernamentales oficiales. En el caso del proceso de paz del Oriente Medio, por ejemplo, la Academia Noruega de Ciencias Sociales reunió a los palestinos y a los israelíes fuera de sus respectivos países y tranquilamente los ayudó a evaluar las bases de progreso ulterior en el intento de lograr la paz. Nosotros y otras organizaciones hemos desempeñado una función similar en una serie de conflictos --en Africa, Asia meridional y otras partes del mundo-- en ayudar a sentar las bases de lo que se espera sean negociaciones oficiales --mediadas por el gobierno-- para solucionar los conflictos.
Pregunta: ¿Hay otros gobiernos que auspician organizaciones con estructura y misión similares a las del Instituto?
SOLOMON: Por supuesto, existen muchos "institutos de investigación" en todo el mundo, establecidos y apoyados por diversos gobiernos, que se dedican a asuntos internacionales. Pero nuestra carta congresional es única por estar orientada a reforzar los medios para la solución o gestión de conflictos internacionales por medios no militares y no violentos.
El establecimiento de programas cooperativos con otras instituciones de todo el mundo es uno de los sectores de crecimiento futuro de esta institución. Hasta ahora, no hemos podido dedicarnos a ello muy activamente, dada la relativa juventud de nuestra organización y su reducido personal. Pero eso es algo que decididamente queremos hacer con el tiempo.
Pregunta: ¿Cómo evaluaría usted el conocimiento del público estadounidense de la labor del Instituto y el apoyo a la misma?
SOLOMON: Nuestra labor ha tenido una acogida entusiasta en una serie de comunidades a medida que se ha dado a conocer. Uno de nuestros mejores medios de llegar al público es nuestro concurso nacional de ensayos sobre la paz que se celebra todos los años en escuelas secundarias en los 50 estados de la Unión. Todos los años más de 10.000 estudiantes compiten en el concurso, en el que se conceden becas a los mejores ensayos sobre algún tema contemporáneo de guerra y paz. En consecuencia, el Instituto y su labor cada vez son más conocidos a nivel popular en todo el país.
Nuestro programa de donaciones, que absorbe casi una tercera parte de nuestro presupuesto anual con una asignación de cerca de 3 millones de dólares, ha tenido una respuesta muy favorable. El programa apoya la investigación y otras actividades de solución de conflictos que realizan en universidades y el sector privado las organizaciones no gubernamentales que participan en trabajos de asistencia humanitaria. Nuestro programa de donaciones recibe esta acogida tan favorable en parte porque las principales fundaciones del sector privado que durante muchos años habían apoyado esta clase de actividades están reduciendo ahora su participación en programas internacionales. Y tanto el Congreso como la administración, como ven que lo que podemos hacer actuar con una asignación anual de fondos federales muy modesta, nos piden pidiendo que hagamos muchos más programas conjuntos en apoyo de su labor.
Creemos que la forma en que usamos nuestro limitado presupuesto anual es un buen ejemplo de cómo una agencia federal semiindependiente puede desempeñar una función innovadora para ayudar al gobierno a adaptarse al ambiente internacional cambiante. Estamos tratando de convertir al Instituto en un centro de innovación y educación que ayuda a nuestro país a adaptarse al mundo que ha surgido al terminar la Guerra Fría.
La "revolución de la información" mundial nos permitirá tomar nuestro pequeño presupuesto congresional anual y dar a nuestros programas una voz internacional y un impacto mucho más amplio, porque, ahora podemos, efectivamente, llegar al mundo por la Internet, las teleconferencias, las máquinas de facsímile, los programas de radio e incluso el humilde teléfono. Cuando nos traslademos a nuestra sede permanente, vamos a reforzar poderosamente esta capacidad electrónica que nos permitirá impartir programas "virtuales" de capacitación en aulas de cualquier parte del país, organizar seminarios con un centro de estudio y análisis en cualquier parte del mundo, y hacer que nuestras publicaciones y otras actividades sean conocidas en el mundo entero.
Pregunta: ¿Tiene el Instituto alguna función en el intento de mejorar la actual crisis de Africa Central?
SOLOMON: La actual crisis de Africa Central no es de fecha reciente; sus orígenes inmediatos datan de la guerra civil de Rwanda y el genocidio de 1994. Tenemos numerosos proyectos sobre los tres estados embrollados en el conflicto: Rwanda, Zaire y Burundi, y sobre algunas de las cuestiones que se ventilan en la zona, tales como el mantenimiento de la paz y la intervención humanitaria, la repatriación de refugiados, la responsabilidad de los responsables del genocidio y los medios de abordar el conflicto étnico. En septiembre de 1996, el Instituto, junto con el Departamento de Estado, auspició un coloquio para ayudar al departamento a elaborar un posible plan de negociación para uso de los mediadores internacionales que estaban tratando de llevar la paz a Burundi y evitar el tipo de genocidio que devastó a la vecina Rwanda.
Creo que la cuestión más urgente es el futuro de Zaire, que está al borde del colapso y de la posible disolución. El Instituto publicará en breve un informe sobre las maneras en que la comunidad internacional puede intervenir para impedir este colapso. Ofrecerá recomendaciones sobre la manera en que las organizaciones internacionales tales como las Naciones Unidas y la Organización para la Unidad Africana, los gobiernos nacionales y las organizaciones no gubernamentales pueden contribuir a estabilizar Zaire.
Pregunta: El Instituto ha celebrado una serie de reuniones de estudio sobre la política de Estados Unidos en la Península de Corea. ¿Cuáles son los aspectos fundamentales de esta labor, y ha tenido algún impacto sobre la política de Estados Unidos en la región?
SOLOMON: El grupo de trabajo sobre Corea del Norte del Instituto, que empezó a funcionar en 1993, ha analizado la evolución de la situación en la Península de Corea tanto en el contexto del programa nuclear de Corea del Norte como, en fechas más recientes, en el de la economía de dicho país al entrar en un período de declive y crisis. Actualmente existe la necesidad de un plan de emergencia, de orientación más bien política que militar. Los grupos de estudio y los informes del Instituto han influido en el concepto de la administración sobre cómo abordar la grave situación de la Península de Corea; hemos estimulado un criterio estratégico de más largo alcance en la reevaluación de las cuestiones relativas a Corea por parte de la administración.
Pregunta: ¿Cuáles son los objetivos de la conferencia sobre "diplomacia virtual" que el Instituto auspicia para el próximo mes de abril?
SOLOMON: La conferencia se concentrará en el efecto mundial de la revolución de la información y la transformación de las telecomunicaciones de nuestro mundo, y cómo esas nuevas tecnologías están transformando las relaciones internacionales y abriendo nuevas oportunidades de prevención, gestión y solución de conflictos.
Creemos que la conferencia abrirá nuevas vías que ayuden a la gente a ver cómo está cambiando el mundo y cómo se pueden usar las nuevas tecnologías para la solución y la gestión pacíficas de conflictos internacionales. El uso de la capacidad de "trazado virtual de mapas," que tan importante función desempeñó en las negociaciones de Dayton sobre Bosnia, es un ejemplo de cómo se puede combinar la tecnología con la diplomacia para llegar a una solución negociada de varias controversias.
Pregunta: El Instituto ha publicado recientemente un libro titulado "Managing Global Chaos: Sources of and Responses to International Conflict" (Manejo del caos mundial: Fuentes de conflicto internacional y respuestas al mismo), en el que se examinan las complejas políticas del período posterior a la Guerra Fría. ¿Qué significado tiene esta publicación, que ha sido descrita como medio auxiliar "único" para los maestros en el sector de la gestión de conflictos internacionales?
SOLOMON: El libro es un resultado directo del programa de perfeccionamiento del claustro de catedráticos que el Instituto realiza para los profesores de enseñanza superior. Gracias a estos seminarios, el Instituto se percató de la necesidad de un texto amplio para estudiantes universitarios que examine tanto el carácter cambiante del conflicto internacional como los nuevos métodos de gestión de conflicto y establecimiento de la paz.
En el libro se estudian los factores que pueden desencadenar o agravar conflictos violentos y diversas formas en que la comunidad internacional puede reaccionar con eficacia ante las luchas intestinas y las guerras entre Estados. Al considerar las múltiples opciones al alcance de los encargados de la política y de quienes la ponen en práctica, la información contenida en el libro trata de cambiar la idea de que al responder a los conflictos internacionales nuestras opciones están limitadas a los extremos de no hacer nada o enviar tropas.
Mediante el libro, el Instituto espera promover el entendimiento de las numerosas opciones de que disponen el gobierno, las organizaciones del sector privado y los individuos en respuesta a un conflicto. Esto es lo que hace que sea único. Al subrayar las medidas que tanto los funcionarios del gobierno como los ciudadanos particulares pueden adoptar para evitar, contener, gestionar y solucionar el conflicto, el libro da a los estudiante esperanza en el futuro y directrices para su propia contribución al establecimiento de la paz.
Pregunta:¿Cuáles son los objetivos y el
alcance de
la "Iniciativa de
religión, ética y derechos humanos" del instituto?
SOLOMON: Uno de los objetivos de la Iniciativa consiste en estudiar la pertinencia de las normas sobre derechos humanos en la solución de conflictos religiosos y étnicos en lugares como Sri Lanka, Sudán y Tibet, y hallar los medios de ponerlas en práctica. Otro objetivo es promover la colaboración y el entendimiento mutuos entre las comunidades religiosas. El Instituto ha auspiciado dos reuniones en las que han participado representantes de comunidades cristianas, judías y musulmanas para debatir sus respectivos criterios en cuanto al uso y la estrategia de la no violencia. Además, el Instituto está elaborando un programa en Bosnia que reactivaría un coloquio entre las distintas religiones, iniciado hace 20 años, para tratar de solucionar cuestiones contemporáneas de reconciliación y reconstrucción en ese lugar.
Pregunta: ¿En qué consiste la "Iniciativa del imperio de la ley" y cómo explicaría usted la relación entre el imperio de la ley y la capacidad de un país de evitar o gestionar conflictos?
SOLOMON: La Iniciativa del imperio de la ley se basa en la premisa de que las sociedades donde impera la ley tienen más probabilidades de ser pacíficas que las centralizadas, donde el gobierno está controlado por un pequeño grupo de individuos o por un dirigente superior. Este criterio ha sido refrendado no sólo por la investigación auspiciada por el Instituto sino también por organismos tales como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, que ha declarado que las "sociedades basadas en el imperio de la ley son requisitos previos para el orden duradero de paz, seguridad, justicia y cooperación". Con arreglo a la Iniciativa se llevan a cabo trabajos originales de investigación y de redacción de documentos, seminarios, conferencias y consultas que combinan perspectivas jurídicas y políticas para estudiar la función del imperio de la ley en la prevención, gestión y solución de conflictos internacionales, así como en la fase posterior al conflicto. La Iniciativa se concentra actualmente en varios temas amplios, entre ellos la "justicia de transición", que entraña métodos para tratar los casos de dirigentes acusados de crímenes de guerra o violaciones graves de derechos humanos; la función de las organizaciones internacionales y regionales en la promoción del imperio de la ley; y planteamientos constitucionales de consolidación de la paz en la fase posterior al conflicto.
Pregunta: ¿Cuál es el aspecto más difícil de su labor y cuáles son sus dividendos?
SOLOMON: La dificultad principal es hallar medios eficaces de hacer frente a los conflictos internacionales. Todo el mundo había esperado que el final de la Guerra Fría traería consigo un mundo más pacífico. Pero en realidad, los conflictos que han estallado, sobre todo los que tienen su origen en diferencias étnicas o religiosas, están siendo muy difíciles de gestionar y solucionar.
Pero también hay que decir que éste es un trabajo que proporciona muchas satisfacciones, precisamente porque no se trata sólo de disuadir a un adversario en un sentido militar, sino que tiene que ver con la elaboración de mecanismos, estrategias y métodos para procurar solucionar conflictos, y todo ello sin tener que emplear la fuerza militar.
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicaciones Electrónicas del USIS,
Vol. 1, No. 19, Diciembre de 1996.