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Estados Unidos y sus socios en el campo de la seguridad pueden acrecentar las perspectivas de la solución de conflictos al tratar no sólo de prevenir o poner fin a los conflictos violentos, sino de eliminar sus causas subyacentes, dice Sandole. Estados Unidos debe ser el líder en este caso, observa, porque la "voluntad política" de otros y "nuestra seguridad común" dependen de ello. Sandole es catedrático de solución de conflictos y relaciones internacionales en el Instituto para el Análisis y Solución de Conflictos de la Universidad George Mason, en Fairfax, Virginia. Ha sido erudito visitante en la Agencia de Estados Unidos para el Control de Armas y el Desarme (ACDA), donde colaboró en las negociaciones sobre las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (CFE) y las Medidas para Acrecentar la Confianza y la Seguridad (CSBM), y fue miembro de la delegación estadounidense en las negociaciones de las CSBM en Viena, Austria. También fue catedrático becario investigador en la OTAN y recientemente recibió una beca Fulbright para llevar a cabo investigación sobre el desarrollo de la paz y la seguridad en la Europa posterior a la Guerra Fría, dentro del contexto de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
"La solución de conflictos" significa diferentes cosas para diferentes personas. Para muchos, incluso los diplomáticos, el término significa procesos diseñados para lograr "paz negativa": la prevención, cese o ausencia de guerra u hostilidades en general.
Sin embargo, la paz negativa no es suficiente; es una parte --si bien una parte a menudo esencial-- de un proceso más amplio que raras veces intenta la diplomacia tradicional (y si lo intenta, pocas veces lo logra). La parte restante es la "paz positiva": la eliminación de las causas estructurales subyacentes y de las condiciones que han dado origen al conflicto violento que los procesos de la paz negativa buscan contener. En otros términos, la paz negativa trata los síntomas de los problemas subyacentes -- "apagar fuegos"-- en tanto que la paz positiva trata los problemas mismos, subyacentes y "combustibles".
¿Por qué la diplomacia tradicional no se ocupa de la paz positiva? Una de las razones es que los diplomáticos están entrenados en la solución de disputas, en lograr acuerdos sobre la forma de establecer la paz negativa, sin encarar necesariamente, a pesar de las buenas intenciones, los problemas subyacentes origen de las disputas que se están resolviendo. Por tanto, las negociaciones para terminar las guerras o para controlar o reducir armamentos, que resultan en tratados o acuerdos, son esfuerzos por detener o manejar la violencia real o la amenaza de la misma que resulta de los conflictos, sin enfrentar necesariamente sus causas y condiciones subyacentes, profundamente arraigadas.
Además, los diplomáticos, que actúan en nombre de sus gobiernos, tienden a procurar la paz negativa usualmente (aunque no siempre) por medio de procesos que implican competencia (en los que hay ganadores y perdedores). Para ser justos, es difícil, moralmente y de cualquiera otra manera, seguir una estrategia en la que todos salgan ganando, cuando se trata con personas que son claramente criminales de guerra. Sin embargo, esto no resta al hecho de que la paz negativa sola nunca basta para realizar la tarea; de que, en realidad, sin paz positiva la paz negativa puede derrumbarse y luego regresar a las mismas hostilidades que ésta trató de reprimir. Puede ser una perspectiva sin fin, como en el caso de Chipre, donde la frágil paz negativa se ha mantenido durante 30 años, con una excepción notable en la década de 1970, pero que siempre está en riesgo por la incapacidad de las partes de lograr la paz positiva, en colaboración con la comunidad internacional.
De aquí que el ex diplomático estadounidense, Joseph Montville haya acuñado el término diplomacia de vía dos, para hacer hincapié en la necesidad de que individuos no gubernamentales complementen los esfuerzos de los funcionarios del la vía uno (gubernamentales), especialmente cuando estos últimos han llegado a un callejón sin salida. Las organizaciones en la vía dos --como el Centro Carter (Atlanta); el Grupo para el Manejo de Conflictos (Cambridge, Massachusetts); el Instituto para la Diplomacia de Vías Múltiples Niveles (Washington); Socios para el Cambio Democrático (San Francisco) y Búsqueda del Punto de Confluencia (Washington)-- tienden a utilizar procesos de cooperación (en los que todas las partes ganan) para lograr la paz positiva.
El ex presidente Jimmy Carter, por ejemplo, ha venido trabajando activamente en la solución de conflictos en países en todo el mundo, entre ellos los Bálticos, Etiopía, Liberia, Corea del Norte y Haití.
El Grupo para el Manejo de Conflictos ha realizado programas de solución de conflictos con la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), particularmente con el Alto Comisionado para las Minorías Nacionales, encargado del aviso oportuno y pronta acción en situaciones potencialmente explosivas que involucran minorías en el área de la OSCE, especialmente en Europa Oriental y la ex Unión Soviética.
El Instituto para la Diplomacia de Vías Múltiples (IMTD) ha estado activo en varios frentes, incluso facilitó el diálogo: (a) entre chinos y tibetanos; (b) entre las diferentes facciones en la guerra civil liberiana (con el Centro Carter y el Instituto para el Análisis y Solución de Conflictos, de la Universidad George Mason); (c) entre las alas de izquierda y de derecha israelíes; (d) entre palestinos e israelíes y, (e) entre etíopes de varios grupos étnicos residentes en el área de Washington.
IMTD opera también en Chipre (con el Grupo para el Manejo de Conflictos) donde ha tenido éxito en su labor de establecer una junta de chipriotas griegos y turcos que incluye personas cercanas a los líderes de ambas colectividades y, más recientemente, en su labor de crear un centro conjunto de solución de conflictos en la Línea Verde que separa las dos comunidades.
Socios para el Cambio Democrático ha establecido centros en las universidades para la prevención de conflictos y capacitación en la materia, además de programas nacionales, como las comisiones de conciliación étnica, en Bulgaria, la República Checa, Hungría, Lituania, Polonia, Rusia y Eslovaquia, con el fin de ayudar a estos países en su transición del comunismo a la democracia.
Búsqueda del Punto de Confluencia ha estado a la vanguardia de técnicas y procesos, incluso en el empleo de la televisión y otros medios de información para reunir a adversarios en busca de "un punto de confluencia" en las relaciones Este-Oeste, Europa, la ex Unión Soviética, el Oriente Medio y Africa.
En conjunto éstas y otras organizaciones no gubernamentales (ONG), involucradas en la solución de conflictos en la vía dos, han creado un cuadro internacional de personas debidamente capacitadas que pueden complementar, y por tanto intensificar, la paz negativa de la vía uno con los esfuerzos de la paz positiva.
La diplomacia de vía uno claramente predomina en la solución de conflictos internacionales, generalmente sin ninguna o poca vinculación con la de vía dos, haciendo lo que hace mejor: Buscar, lograr y mantener la paz negativa. La paz negativa es en la que se encuentra Bosnia ahora. Hace unos pocos años, cuando entrevisté a los jefes de delegaciones en la (entonces) Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), en Viena, uno de mis entrevistado dio a entender que sin la participación activa de Estados Unidos en una intervención de la OTAN no podría terminarse con las guerras en el territorio de lo que era Yugoslavia. Sucesos posteriores probaron su acierto, ya que la paz negativa parece haber llegado a Bosnia precisamente debido al bombardeo de la OTAN de las posiciones servobosnias, después de la captura de las "áreas seguras" de la ONU en Srebrenica y Zepa y después de la misión encabezada por el ex secretario de Estado adjunto, Richard Holbrooke, que culminó en los acuerdos de paz de Dayton de noviembre y diciembre de 1995.
Hasta hace poco, muchos creían que la paz negativa en Bosnia estaba condenada al fracaso, ya que Estados Unidos se adhería a su compromiso de comenzar el retiro de sus fuerzas para el 20 de diciembre de 1996, el plazo de retiro de la Fuerza Ejecutora de la OTAN (IFOR), dirigida por Estados Unidos. Según creían muchos --el Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia y Richard Holbrooke, entre otros-- ello llevaría a la reanudación de la guerra. Sin embargo, la reciente victoria del presidente Clinton en las urnas le permitió anunciar que Estados Unidos permanecerá militarmente en Bosnia, como parte de una fuerza de seguimiento reducida y dirigida por la OTAN --una Fuerza Estabilizdora (SFOR)-- durante 18 meses más, hasta junio de 1998.
¿Qué puede hacer Estados Unidos para acrecentar las perspectivas de éxito de la misión prolongada, bajo la dirección de la OTAN en Bosnia?
El escenario ha sido preparado para lo siguiente: La OTAN, con el liderazgo de Estados Unidos, estableció el Consejo de Cooperación del Atlántico Norte, en 1991, y la Asociación para la Paz en 1994, con el objeto de comunicarse y colaborar con sus ex adversarios del Pacto de Varsovia. Estos hechos son una poderosa señal de que la Guerra Fría ha terminado y, por deducción, que los países están cambiando de una visión estrecha del mundo basada en la seguridad nacional, hacia una visión amplia, basada en la seguridad común.
Por consiguiente, Estados Unidos y sus socios en materia de seguridad pueden, conceptualmente, ir más allá de la paz negativa a la paz positiva. En lo que se refiere a Bosnia, esto implicará para Estados Unidos y sus socios en la OTAN y para otros, permanecer allí por el tiempo suficiente para lograr que la paz negativa perdure. Al mismo tiempo, deben trabajar con organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales (incluso las especializadas en la solución de conflictos) y con las partes en conflicto para buscar, lograr y mantener la paz positiva.
Con una paz negativa segura como punto de partida, la paz positiva en Bosnia comienza con la reconstrucción del país. Pero, para que Estados Unidos y sus socios no repitan el fracaso de la Unión Europea en lograr la paz positiva en la ciudad bosnia de Mostar. mediante inversiones considerables en la reconstrucción de la infraestructura de Mostar, esta reconstrucción debe reflejar una estrategia amplia durante un tiempo para el establecimiento de la paz --reconciliadora, así como física--.
Algunos sistemas de ideas que podrían ser útiles para guiar las actividades encabezadas por Estados Unidos en este sentido son: (a) El "modelo para imprevistos" de Ron Fisher y Loraleigh Keashly, que iguala la intervención a la intensidad del conflicto en cuestión y luego prosigue con otras intervenciones encaminadas a llevar a las partes hacia la paz positiva; (b) "la estructura de vías múltiples" del embajador John McDonald y Louise Diamond, de IMTD, que combina los recursos de los expertos no gubernamentales en la solución de conflictos con los de las empresas y las comunidades religiosas, los medios de información, las fuentes de financiamiento y demás, así como con los participantes gubernamentales, en procura de la paz positiva y, (c) mi propio diseño de una "nueva paz europea y un nuevo sistema de seguridad", que combina elementos de éstos y otros sistemas de ideas dentro del contexto de la OSCE.
Existe una hipótesis práctica implícita en todo esto: Al ampliar sus opciones para incluir procesos de cooperación aptos para la paz positiva, así como procesos que implican competencia, asociados con la paz negativa, Estados Unidos y sus socios acrecentarán sus perspectivas de éxito al enfrentar los conflictos profundamente arraigados, étnicos y de otra índole, que tienen lugar dentro de los estados y que parecen ser la forma predominante de contienda en el mundo posterior a la Guerra Fría.
La intervención en tales conflictos puede significar "sufrir bajas", particularmente en casos en que una de las partes intenta imponer en la otra una "solución final" de genocidio, como en Rwanda y Bosnia. En tales situaciones el uso de la cantidad de fuerza apropiada para lograr la paz negativa puede ser una condición necesaria (aunque no suficiente) de la paz positiva. En tales casos no debemos permitir que la experiencia de Estados Unidos en Somalia nos impida actuar. El genocidio en Rwanda y Bosnia afecta, tarde o temprano, los intereses de Estados Unidos y de otros países. El empleo, en cualquier parte del mundo, de ese tipo de violencia extrema para "solucionar" conflictos no sólo es moralmente censurable, sino que constituye un precedente que otros pueden emular, quizá incrementando el costo de enfrentarlo más adelante.
El hincapié implícito aquí en la advertencia oportuna y la pronta acción forma parte de la esencia misma de la solución de conflictos: la disposición a la acción no a la reacción. Un enfoque en pro de la acción para solucionar problemas en todas partes del mundo favorece los intereses nacionales de Estados Unidos. Esto significa, entre otras cosas, procurar una política exterior estadounidense bipartidista para evitar la necesidad de poner plazos poco prácticos para cualquier despliegue futuro de fuerzas y, además pagar la enorme cantidad que Estados Unidos adeuda a las Naciones Unidas, para que este país pueda ejercer liderazgo en forma más convincente y eficaz en los debates sobre la reforma de la ONU, así como en los esfuerzos para lograr respuestas internacionales eficaces a problemas en todas partes del mundo.
Las respuestas internacionales eficaces conllevan el trabajo sinergético con otras organizaciones regionales internacionales (entre ellas la Organización de Unidad Africana, la Organización de los Estados Americanos y la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático) para facilitar el control de problemas locales, así como con la OSCE, la OTAN, la Unión Europea y las ONG dedicadas a la solución de conflictos, para el caso de Bosnia y de otros conflictos en Europa.
Estados Unidos --donde la solución de conflictos ha avanzado como especialización aplicada-- no puede darse el lujo de NO tomar la iniciativa en esta materia: la "voluntad política" de otros y nuestra seguridad común dependen de ello.
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicaciones Electrónicas del USIS,
Vol. 1, No. 19, Diciembre de 1996.