![]()
La clave para lograr la solución de conflictos es escuchar, encontrar los intereses que haya en común y no darse por vencido, dice el embajador Harry Barnes, director de los Programas de Solución de Conflictos y de Derechos Humanos de El Centro Carter en Atlanta, Georgia. Es importante para los encargados de mantener la paz "permanecer dispuestos a seguir con el proceso por el tiempo que las partes consideren útil" y también "tener la seguridad y confianza de todas las partes", dice. El Centro Carter --un instituto de política pública sin fines lucrativos e independiente, fundado por el ex presidente Jimmy Carter y su esposa, Rosalynn-- se dedica activamente a la tarea de solucionar conflictos en todas partes del mundo y a procurar la comprensión de las causas de éstos. Barnes entró a formar parte del Centro en 1993, después de 37 años en de servicio diplomático en el Departamento de Estados de Estados Unidos. Fue embajador de Estados Unidos en Chile, India y Rumania y director general del Servicio Diplomático. Barnes fue entrevistado por la redactora colaboradora Wendy S. Ross.
Pregunta: ¿Podría decirnos brevemente la génesis de El Centro Carter, cuándo y por qué fue fundado y cuáles son sus objetivos?
BARNES: El Centro fue fundado en 1982 por el presidente Carter y su esposa, porque querían continuar trabajando en cuestiones que eran de importancia para ellos, luego de dejar la vida pública. Es decir, en toda una gama de actividades en lo que respecta al mejoramiento de la salud mundial, la solución de conflictos y el fomento de los derechos humanos. Estaban convencidos de que podrían hacerlo con la ayuda de otras personas, a las que han reunido aquí en El Centro Carter en Atlanta.
Pregunta: ¿En qué consiste el personal de El Centro Carter?
BARNES: Tenemos alrededor de 150 personas. No tenemos operaciones en el exterior como tales. Sin embargo, tenemos gente que trabaja en el exterior en proyectos específicos por tiempo determinado. En gran parte, la labor la realizan las personas que se encuentran en Atlanta, las que puede que viajen a otros lugares, como en el caso de las elecciones nicaragüenses, y permanezcan allí por algún tiempo, pero no están destacadas allí en forma permanente. La excepción es el programa agrícola, que envía agrónomos a algunos países de Africa. También tenemos gente que trabaja en cuestiones de salud en relación con Africa, pero lo hacen principalmente en Atlanta. Estas personas dedican tiempo considerable a sus viajes a Africa pero tampoco tienen su base allí, porque el trabajo práctico lo realiza casi en su totalidad la gente de cada país.
Pregunta: ¿Cómo se financia el Centro?
BARNES: Básicamente comenzó con contribuciones privadas. Actualmente nuestra financiación proviene de cuatro fuentes principales: Contribuciones individuales, fundaciones, corporaciones y agencias internacionales de ayuda para el desarrollo.
Por ejemplo, la labor que hemos realizado con respecto a la guerra civil en Sudán ha tenido el apoyo del gobierno de los Países Bajos. Nuestras actividades en el terreno de los derechos humanos en Etiopía fueron financiadas por el gobierno danés. Anteriormente algunos de nuestros programas en Liberia, cuando todavía teníamos una oficina allí, tenían el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Sin embargo, el financiamiento para la mayoría de nuestros programas continuos, a diferencia de los proyectos especiales, generalmente proviene de fundaciones.
Pregunta: ¿Podría comentar sobre las actividades del programa para ayudar a solucionar y prevenir conflictos en el mundo?
BARNES: El presidente Carter ha tenido un gran interés en Africa desde que era presidente. Durante más de un año ha trabajado intensamente en la solución del conflicto en la región de los Grandes Lagos en Africa Central y Oriental. Ha sostenido extensas conversaciones con los jefes de estado y funcionarios de gobierno de los países del área sobre la naturaleza regional de los problemas y está convencido --convencimiento que comparten dichos funcionarios-- de que tiene que haber un enfoque regional para muchos de esos problemas.
Todo esto llevó, a su vez, a una conferencia cumbre en Cairo, en noviembre de 1995, y a otra en Túnez, en marzo de 1996, en las que los cinco jefes de estado de entonces, de Rwanda, Burundi, Tanzanía, Uganda y Zaire, acordaron las medidas que debían tomarse. En cierta forma la participación directa y definitiva de varios de los jefes de estado africanos en la crisis de Burundi nació de la labor del presidente Carter.
En este momento nuestra participación es más en el trasfondo, seguimos de cerca lo que sucede y nos mantenemos en contacto con las partes interesadas. Pero no me sorprendería que se le pidiera al presidente Carter intervenir en alguna forma nuevamente.
Ese es un aspecto de nuestra labor en Africa. Sin embargo, algunos de nuestros otros programas africanos comprenden actividades que pueden durar más tiempo y tener un enfoque distinto.
Tomemos la situación en el Sudán, donde el presidente Carter y otros miembros del personal de El Centro han trabajado por varios años. Hay fuerzas en el sur del Sudán que insisten en una dirección diferente para el país de la que propone el gobierno fundamentalista islámico en Kartum. Esta situación es la variante actual de una guerra civil que ha existido por espacio de aproximadamente 20 años.
El año pasado el presidente Carter pudo negociar con las dos partes un cese de fuego. Lo hizo al recordarles, o se podría decir que "al insistir" --porque es una persona muy persuasiva-- en que a pesar de todas sus diferencias, debían pensar en sus intereses comunes, como el valor que tiene para ellos la salud de sus familias, especialmente la de sus hijos.
Debido a la lucha en el Sudán, El Centro Carter no podía continuar con sus proyectos relacionados con la salud --como tratar de erradicar la filaria, que ha sido una plaga importante en gran parte de la región africana al sur del Sahara; la lucha contra la enfermedad de Robles y la inmunización infantil. El cese de fuego duró cerca de seis meses y, en general, la situación ahora es algo mejor. Esperamos que las dos partes puedan reunirse y comenzar conversaciones nuevamente. Estamos trabajando en cooperación con otros también interesados en solucionar este conflicto.
Fuera de Africa tenemos otros tipos de proyectos. En Estonia, por ejemplo, Joyce Neu, directora asociada del Programa de Solución de Conflictos, participa en un trabajo que se lleva a cabo en cooperación con la Fundación Kettering y el Instituto para el Estudio de la Mente y la Interacción Humana, de la Universidad de Virginia.
Cuando los Estados bálticos recuperaron su independencia, luego de la desintegración de la Unión Soviética, cada uno de ellos, en grado distinto, se encontró con una población considerable de habla rusa. En Estonia, la gente que representaba ambas colectividades, estonios y estonios de habla rusa, llegaron a la conclusión, hace un par de años, de que querían ayuda de fuera para corregir las tensiones. Joyce Neu y sus colegas han trabajado en este esfuerzo. Su empeño está en encontrar la manera de que los dos grupos se hablen. Ahora, en el tercer año del proyecto, se organizan un par de reuniones al año en Tallinn con grupos representativos de estonios y estonios de habla rusa. Una de las innovaciones interesantes ha sido la inclusión de estudiantes universitarios, de tal manera que estén representadas varias generaciones. Algunos de los participantes en la reuniones de Tallinn vinieron a este país la primavera pasada. Este esfuerzo ha logrado algunos avances interesantes.
Pregunta: ¿Cómo decide El Centro en qué conflictos interviene?
BARNES: El presidente Carter estableció algunas pautas que deben seguirse. Primero, las partes deben querer nuestra participación. Segundo, no intervenimos si otras entidades, nacionales o internacionales, ya lo están haciendo y lo están haciendo razonablemente bien. Y, tercero, debemos tener alguna forma de cubrir los gastos que origine nuestra participación. No obstante lo que acabo de decir, la verdad es que constantemente observamos, en un momento dado, entre 10 y 20 conflictos, de manera que si surge una ocasión que requiere nuestra intervención, estemos preparados para hacerlo y estemos enterados hasta cierto punto del conflicto.
Algunos de los conflictos de que nos ocupamos son situaciones en las que hemos trabajado antes y en las que todavía estamos interesados. Y toda la amplia gama de cuestiones relacionadas con la no proliferación requiere que vigilemos lo que ocurre en determinadas partes del mundo, como el subcontinente indio, por ejemplo. Además, recibimos facsímiles, llamadas telefónicas y cartas en las que se nos pide que ayudemos en diversas zonas de conflicto.
Me vi involucrado en la misión del presidente Carter a Bosnia en 1994. Esa misión sucedió porque un abogado de Los Angeles nos escribió para transmitirnos un mensaje en el que el líder serbio bosnio, Radovan Karadzic, invitaba al presidente Carter a la parte serbia de lo que era Yugoslavia. Hubo un buen número de consultas rápidas, incluso conversaciones telefónicas entre el presidente Carter y el presidente Clinton, antes de que termináramos por viajar a Bosnia una semana después.
Pregunta: ¿Todavía trabajan en la cuestión de Bosnia?
BARNES: No en este momento. Fuera de vigilar de cerca la situación, no vemos que haya una función concreta que podamos desempeñar en esta fase.
Pregunta: Usted también dirige el Programa de Derechos Humanos de El Centro. ¿En qué forma se relaciona este programa con el de Solución de Conflictos?
BARNES: Es obvio que se podría aducir que en muchos, si no en la mayoría, de los conflictos hay violaciones de los derechos humanos, o son el origen de éstas. De manera que existe una relación muy estrecha entre el Programa de los Derechos Humanos y el Programa de Solución de Conflictos. Las dos iniciativas están tan vinculadas que es razonable que una persona se encargue de ambas.
Al mismo tiempo, existe cierta tensión aquí también. Por ejemplo, cuando uno tiene que definir una posición representativa de los "derechos humanos", desde el punto de vista de quienes tratan de solucionar un conflicto, existe la tendencia a creer que los defensores de los derechos humanos son demasiado sentenciosos; tienen que tener en cuenta las convenciones internacionales, los tratados y demás, y por ende están más interesados en ver que se haga justicia que en ponerle fin a la lucha.
Pero si la situación se mira desde el punto opuesto y se la considera desde la perspectiva de la gente que trabaja en el campo de los derechos humanos, existe la tendencia a decir que la gente que trabaja en la solución de conflictos está interesada en parar la lucha a cualquier precio y no les interesa lo que suceda después.
Parte de nuestro propósito es concentrarnos en trabajar con gente en la esfera de los derechos humanos y la solución de conflictos para tratar de ayudar a los dos grupos a comprender mejor las inquietudes mutuas y las razones de las mismas. Hemos celebrado un par de conversaciones aquí en El Centro sobre la materia, para tratar de promover un mejor entendimiento de la cuestión, reconociendo al mismo tiempo que las dos funciones son distintas, aunque están íntimamente ligadas.
Pregunta: ¿Podría describir algunos de los métodos más eficaces para la solución de conflictos que se emplean en El Centro Carter? ¿Qué da resultado?
BARNES: Tengo algunas reservas en cuanto a la solución. Creo que el conflicto es inherente al género humano. Pienso que el conflicto no violento es a menudo útil. Es una manera de precisar las opciones y de tratar de llegar a decisiones que reconocen los intereses en juego. Lo que se puede hacer es aliviar el conflicto, fomentar el conocimiento de sus causas y ayudar a la gente a encontrar la manera de desarrollar los mecanismos, apropiados para ellos, para encarar el conflicto. Con esa introducción filosófica, permítame tratar de dar respuesta a su pregunta.
Es muy fácil, en cierto sentido. Si le digo que una de las cosas más importantes es escuchar, usted se preguntará si es necesario decirlo, puesto que es tan obvio. Sin embargo, permítame referirme a un caso, un tanto espectacular, en el que estuvo envuelto el presidente Carter. No es que no hubiera nadie que pensara en la forma de salir del callejón sin salida con Corea del Norte en 1994, sino que nadie había decidido que era importante hablar con el entonces presidente norcoreano, Kim Il Sung. Lo que el presidente Carter hizo fue escuchar lo que fundamentalmente quería decir Kim Il Sung. Con base en ese diálogo, el presidente Carter pudo llegar a un mejor entendimiento de la manera de enfocar los problemas que afectaban a la comunidad mundial, así como a los norcoreanos.
Un segundo aspecto importante en la solución de conflictos, de nuevo dentro de lo obvio, es buscar la forma de precisar los intereses que pueda haber en común, o mejor todavía, los valores compartidos. Algunas veces es difícil, especialmente cuando el antagonismo es muy profundo y la memoria histórica forma parte de la realidad presente. Sin embargo, es necesario ayudar a las partes a aprender a comunicarse averiguando qué es importante para cada una de ellas.
Y hay varias maneras de hacerlo. Algunos emplean la imitación de un ejemplo; otros simplemente trabajan primero con una parte y luego con la otra, sin insistir en reunirlas. El presidente Carter utilizó ese enfoque en Camp David hace varios años.
El tercer componente esencial en la solución de conflictos es la persistencia: uno no debe darse por vencido muy fácilmente. Debe recordar que la gente que lo invita para que tome parte en el proceso probablemente lo hace porque está muy desalentada por no haber podido encontrar otra forma de solucionar el conflicto. También es importante reconocer que el desaliento es muy real, que los agravios son muy reales. Si uno desempeña un papel de mediador, de conciliador, tiene que persistir y permanecer dispuesto a seguir con el proceso por el tiempo que las partes consideren útil.
El último elemento también se encuentra en el ámbito de lo obvio. Es necesario que uno cuente con la seguridad y confianza de todas las partes y que éstas lo consideren neutral, no en el sentido de que uno no tenga sentimientos y valores, sino en términos de la disputa en cuestión, es decir que uno no juzga la posición de una u otra parte sino que está allí para escuchar y tratar de entender. En un momento dado el juicio de uno puede tener lugar y puede ser esencial, pero el papel inicial es de escuchar, de conciliación.
Pregunta: ¿El presidente Carter dedica mucho tiempo al Centro?
BARNES: Tanto el presidente como la señora Carter pasan aproximadamente una semana cada mes aquí en El Centro. Participan directamente en varias actividades del Centro. Por ejemplo, el presidente Carter es presidente y la señora Carter copresidente de nuestro Consejo Internacional de Derechos Humanos, que está asociado con el Programa de Derechos Humanos. Cuando no están en Atlanta, tienen su casa en Plains, Georgia, que está muy bien comunicada con El Centro. Incluso cuando no está en Atlanta, el presidente Carter se mantiene en continuo contacto con El Centro y con el proceso de toma de decisiones aquí. En este momento se encuentra en una gira por el país para promover su libro "Living Faith" (Fe viva).
Pregunta: ¿Actualmente interviene personalmente en alguna situación de conflicto en particular?
BARNES: Participa, aunque no tan activamente como antes, en la cuestión relacionada con la región de los Grandes Lagos (en Africa). No hace mucho estuvo en comunicación telefónica con el ex presidente Julius Nyerere, de Tanzanía, quien tiene alguna función de mediador en la situación en Burundi. El presidente Carter también ha trabajado intensamente en tratar de mediar en la disputa iniciada por los sandinistas de Nicaragua con respecto a las elecciones.
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicaciones Electrónicas del USIS,
Vol. 1, No. 19, Diciembre de 1996.