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TERRORISMO Y ANTITERRORISMO
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La enormidad y la escala abrumadora de los ataques suicidas simult・eos del 11 de septiembre eclipsan todo lo que en este aspecto se hab・ visto con anterioridad, por separado o en conjunto, afirma Bruce Hoffman, vicepresidente y director de la Oficina de Washington de RAND Corporation. "Exige, sin duda alguna, una respuesta proporcional, con una determinaci・ y un enfoque sin precedentes, como los que vemos hoy en las actividades que estamos llevando a cabo en Estados Unidos y en el exterior; una respuesta que ponga en juego toda la gama de medios formidables de que disponemos: diplom・icos, militares y econ・icos". |
LOS ATAQUES DEL 11 DE SEPTIEMBRE EN PERSPECTIVA
Hasta el 11 de septiembre, no m・ de, tal vez, un millar de estadounidenses hab・n muerto a consecuencia de atentados terroristas en el pa・ o en el extranjero desde 1968, a・ que se・la el advenimiento de la era moderna del terrorismo internacional, cuando el Frente Popular para la Liberaci・ de Palestina secuestr・un vuelo de El Al el 23 de julio. Para poner en perspectiva los acontecimientos de aquella tr・ica jornada, hasta los ataques contra las Torres Gemelas y el Pent・ono, ninguna operaci・ terrorista hab・ causado m・ de 500 muertes.1 Desde cualquier punto que se mire, la enormidad y la escala abrumadora de los ataques suicidas simult・eos de aquel d・ eclipsan todo lo que en este aspecto se hab・ visto con anterioridad, por separado o en conjunto.
Por consiguiente, y s・o por eso, los acontecimientos del 11 de septiembre exigen nada menos que una revisi・ de nuestro concepto del terrorismo y de la forma en que nos preparamos y organizamos para contrarrestarlo. Este cambio est・ampliamente justificado por la singular constelaci・ de medios operativos evidentes en los tr・icos ataques de aquel d・ aciago, que revelaron un grado de planificaci・, profesionalismo y habilidad rara vez observado en la vasta mayor・ de terroristas y movimientos terroristas que hemos conocido.2 Entre las caracter・ticas principales de la operaci・ destacan las siguientes:
El significado de los acontecimientos del 11 de septiembre, desde una perspectiva operativa terrorista, es que los ataques simult・eos con medios mucho m・ prosaicos y, tal vez se podr・ decir, convencionales (como, por ejemplo, el coche bomba) son relativamente poco comunes. Por motivos que no entendemos bien, los terroristas en general no han llevado a cabo este tipo de operaciones coordinadas. Esto refleja, indudablemente, no una preferencia, sino m・ bien dificultades log・ticas y de organizaci・ de otra ・dole que la mayor・ de los grupos terroristas no pueden superar. Precisamente por ese motivo es por lo que nos causaron tanta impresi・ los ataques sincronizados contra las embajadas estadounidenses en Nairobi y Dar es Salaam de hace tres a・s. Su organizaci・, junto con lo ins・ito de su elevado n・ero de muertos y heridos, hizo que aquella operaci・ destacase entre la mayor・ de las actividades terroristas cometidas hasta el 11 de septiembre y procurara a ben Laden tanta infamia como renombre en muchos lugares.
En los a・s noventa, tal vez s・o otro atentado terrorista (supuestamente sin relaci・ con los antedichos) revel・estas mismas caracter・ticas de coordinaci・ y alto poder mort・ero: la explosi・ en Bombay, en marzo de 1993, de cerca de una docena de coches bomba, que dej・un saldo de cerca de 300 muertos y m・ de 700 heridos.3 En realidad, aparte de los ataques ocurridos en la misma ma・na de octubre de 1983 contra el cuartel de los infantes de Marina de Estados Unidos en Beirut y un cercano cuartel de los paracaidistas franceses, y el asesinato de Lord Mountbatten y la explosi・ casi simult・ea de una mina por control remoto contra tropas brit・icas en Warrenpoint, Irlanda del Norte, en 1979, por la IRA, es dif・il recordar otro acontecimiento de importancia que muestre este grado de experiencia operativa, coordinaci・ y sincronizaci・.
QUE ES LO QUE FALLO O QUE NOS IMPIDIO PREVER
LOS ATAQUES DEL 11 DE SEPTIEMBRE
Estas consideraciones, tal vez nos llevaron a confiar en que los ataques simult・eos masivos, en general, y los potencialmente tan devastadores como los que hemos visto en Nueva York y Washington el 11 de septiembre, estaban probablemente por encima de la capacidad de la mayor・ de los terroristas, inclusive los asociados o relacionados directamente con Osama ben Laden. Los tr・icos acontecimientos de aquel d・ de septiembre demuestran la magnitud de nuestro error. En este aspecto, tal vez hab・mos exagerado el significado de nuestros ・itos anteriores (por ejemplo, al frustrar la mayor・ de las operaciones terroristas de ben Laden durante el per・do comprendido entre los ataques de agosto de 1988 contra la embajada y el de noviembre de 2000 contra el buque de la armada estadounidense Cole) y la propia incompetencia de los terroristas y su tendencia a cometer errores (por ejemplo, el fallido intento de Ahmad Ressam de entrar en Estados Unidos procedente de Canad・ en diciembre de 1999).
En realidad, m・ significativo e inquietante es el hecho de que estos ataques y el de noviembre contra el buque Cole en Ad・ se planearon casi al mismo tiempo, lo que indica una capacidad de actuaci・ y organizaci・ simult・ea en m・tiples v・s para coordinar a la vez atentados m・tiples de gran envergadura.
Otro factor fue la atenci・ casi exclusiva que se prest・a la amenaza de poco impacto planteada por camiones y coches bombas contra edificios o a los ataques de gran impacto, m・ ex・icos, cibern・icos o con armas qu・icas o biol・icas. La mayor・ de nuestras hip・esis sobre ataques con gran n・ero de bajas se basaban en la posibilidad de g・menes o sustancias qu・icas, y los efectos de ataques electr・icos generalizados contra elementos cr・icos de la infraestructura as・como en la creencia de que se podr・ hacer frente a cualquier incidente convencional o de menor envergadura con los planes destinados a contrarrestar la amenaza m・ catastr・ica. Esto dio lugar a la apertura de una brecha dolorosamente vulnerable en nuestras defensas contra el terrorismo, al desviar la atenci・ de una t・tica tradicional comprobada, como el secuestro de aviones, a otras amenazas menos convencionales y descontar por completo las consecuencias de utilizar un avi・ como arma suicida.
En retrospecci・, se podr・ alegar que los ataques de 1995 con gas neurot・ico sar・ en el metro de Tokio y nueve intentos de la secta Aum de usar armas biol・icas no debieran haber sido los principales factores que influyeron en nuestro criterio respecto al terrorismo, sino el secuestro, en 1986, de un avi・ de la Pan Am en Karachi que, seg・ se supo despu・, los terroristas ten・n la intenci・ de estrellar en el centro de Tel Aviv, y el secuestro en Argelia de un avi・ de pasajeros de la Air France por terroristas pertenecientes al Grupo Isl・ico Armado (GIA), que tambi・ proyectaban estrellar cargado de combustible, con sus pasajeros, en el coraz・ de Par・. Lo que esto nos ense・ no es que necesitemos ser omniscientes, sino poder responder a un amplio espectro tecnol・ico de posibles ataques.
Durante mucho tiempo nos hemos consolado tambi・ con la idea, que s・o recientemente hemos empezado a debatir y cuestionar, de que el objetivo de los terroristas es conseguir publicidad m・ que matar y, por tanto, no ten・n ni inter・ ni necesidad de aniquilar a gran n・ero de personas. Por muchos a・s se aceptaba generalmente la famosa observaci・ que Brian Jenkins hizo en 1975 de que "Los terroristas quieren que los mire mucha gente y que los escuche mucha gente, pero no que muera mucha gente".4
Aun despu・ de los acontecimientos de mediados de los a・s ochenta, cuando se lanz・una serie de atentados suicidas con coches y camiones bombas, que dieron mucho de que hablar y causaron gran n・ero de v・timas, contra objetivos diplom・icos y militares de Estados Unidos en Oriente Medio (en un caso, murieron 241 infantes de Marina), muchos analistas no vieron la necesidad de revisar estos argumentos. En 1985, Jenkins, uno de los m・ perspicaces y agudos observadores de este fen・eno, se・l・una vez m・ "sencillamente matar a gran n・ero de personas rara vez ha sido un objetivo terrorista.... Los terroristas act・n con arreglo al principio de la fuerza m・ima necesaria. Consideran innecesario matar a muchos mientras matar a unos pocos les baste para sus fines".5 Los acontecimientos del 11 de septiembre demuestran que estas ideas son ilusiones, cuando no peligrosos anacronismos. Aquel d・, ben Laden dio al traste con las ideas tradicionales sobre los terroristas y dio paso a una nueva era de conflicto, m・ sangriento y destructivo que en cualquier otro momento.
Por ・timo, ben Laden mismo ha vuelto a escribir la historia del terrorismo y, probablemente, tambi・ de la era posterior a la guerra fr・, a la que se puede decir que dio el golpe de gracia el 11 de septiembre por su propia mano. En un momento en que las fuerzas de la mundializaci・ junto con el determinismo econ・ico parec・n haber enterrado el papel del carism・ico dirigente individual de hombres bajo fuerzas impersonales m・ poderosas, ben Laden se ha erigido astutamente (bien es verdad que con la ayuda que, por inadvertencia, le hemos prestado) en un nuevo David frente al Goliat estadounidense: un hombre que se alza frente a la ・ica superpotencia mundial y es capaz de desafiar su poder・ y amenazar directamente a sus ciudadanos. Para sus seguidores, ben Laden ha demostrado ser el afamado hombre del destino, que aparece en el momento y el lugar oportunos; el hombre con el ideal, los recursos financieros, la capacidad de organizaci・ y el talento de promover su propia imagen, para fundir las diversas corrientes de fervor isl・ico, piedad musulmana y hostilidad general hacia Occidente en una fuerza mundial formidable.
QUE SE NECESITA HACER
El concepto de proporcionalidad ha sido durante mucho tiempo la base de la pol・ica antiterrorista de Estados Unidos. Sus proponentes nacionales alegaban que la reacci・ militar de Estados Unidos deber・ ser proporcional al ataque terrorista que la hubiera provocado, y esto era tambi・ lo que esperaban nuestros numerosos aliados de todo el mundo. As・pues, cuando en 1986 el r・imen de Gadhafi se vio implicado en el atentado contra una discoteca de Berl・ occidental frecuentada por soldados norteamericanos, Estados Unidos, en represalia, lanz・ataques a・eos directamente contra objetivos militares libios en Tr・oli y Bengasi, incluida la residencia de Muammar Gadhafi, con el prop・ito de eliminar al propio dirigente libio.
Asimismo, en 1998, cuando ben Laden fue identificado como el autor de los ataques con camiones bombas contra las embajadas de Estados Unidos en Kenya y Tanzania, Estados Unidos dispar・cerca de 100 misiles de crucero contra sus campos de adiestramiento en Afganist・ --tambi・ con la esperanza de matarle-- y contra una f・rica de productos farmac・ticos supuestamente vinculada a ben Laden y en la que se cre・ que se estaban fabricando armas qu・icas en Sud・. Dos estadounidenses hab・n perdido la vida en el ataque contra la discoteca y otros 12 en Nairobi. En este ・timo caso, la respuesta puede haber sido insuficiente. Pero nuestra situaci・ actual no deja margen a las sutilezas.
Como he se・lado anteriormente, la enormidad y la escala abrumadora de los ataques suicidas simult・eos del 11 de septiembre eclipsan todo lo que en este aspecto se hab・ visto con anterioridad, por separado o en conjunto. Exigen, sin duda alguna, una respuesta proporcional con una determinaci・ y un enfoque sin precedentes, como los que vemos hoy en las actividades que estamos llevando a cabo en Estados Unidos y en el exterior; una respuesta que ponga en juego toda la gama de medios formidables de que disponemos: diplom・icos, militares y econ・icos.
Las opciones militares que se ejercita en Asia del Sur y a las que tanta atenci・ se presta actualmente, no son m・ que un instrumento que puede utilizar Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo. Nuestros esfuerzos tienen que ser plenamente coordinados, sostenidos y prolongados. Exigir・ compromiso, voluntad pol・ica y paciencia. Necesitan tener objetivos realistas y no crear o despertar falsas expectativas. Y por ・timo, tienen que evitar medidas cosm・icas o de seguridad f・ica destinadas a hacernos "sentir bien", que contribuyan s・o tangencialmente, si acaso, a la mejora de la seguridad nacional e internacional.
En conclusi・, es preciso comprender que la lucha contra el terrorismo no tiene fin. Por tanto, nuestra b・queda de soluciones y nuevos planteamientos debe ser igualmente continua y firme, proporcional a la amenaza planteada por nuesros adversarios tanto en innovaci・ como en determinaci・.
1. En 1979, aproximadamente 440 personas perecieron en el incendio criminal de un cine provocado por terroristas en Abad・, Ir・. (volver al texto)
2. Tampoco es ・te un punto de vista particularmente "am・ico-c・trico" en reacci・ a los b・baros y tr・icos acontecimientos de hace dos meses. Por ejemplo, un viejo amigo y colega, uno de los principales expertos en terrorismo de Israel, con una larga experiencia en la labor del gobierno, las fuerzas militares y los c・culos acad・icos, completamente aturdido por los ataques del 11 de septiembre, sobre todo, por su coordinaci・, osad・ y poder mort・ero, coment・"Jam・ podr・ haber imaginado que los terroristas podr・n hacer o har・n algo as・ (conversaci・ telef・ica del 17 de septiembre de 2001). Tambi・ recuerdo una conversaci・ con un alto mando de las Fuerzas Armadas y agente del servicio secreto de Sri Lanka, que en una ocasi・ me explic・con todo detalle "las dificultades de realizar con ・ito un ataque terrorista, ni siquiera de mucha consideraci・" (conversaci・ en Batticola, Sri Lanka, diciembre de 1997), por no hablar de los cuatro secuestros de aviones el 11 de septiembre para estrellarlos con intenci・ suicida.(volver al texto)
3. Celia W. Dugger, "Victims of '93 Bombay Terror Wary of U.S. Motives", New York Times, 24 de septiembre de 2001.(volver al texto)
4. Brian Michael Jenkins, "International Terrorism: A New Mode of Conflict" en David Carlton y Carlo Schaerf (recopiladores), International Terrorism and World Security (Londres: Croom Helm, 1975), p・. 15. (volver al texto)
5. Brian Michael Jenkins, The Likelihood of Nuclear Terrorism (Santa M・ica, CA: The RAND Corporation, P-7119, julio de 1985), p・. 6. (volver al texto)
_____(Las opiniones expresadas en este art・ulo son las del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista o la pol・ica del gobierno de Estados Unidos.)
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