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El partido mayoritario en la Cámara de Representantes gobierna; el minoritario simplemente reacciona, dice Hamilton. Y con ambos lados ajustándose todavía a sus nuevos papeles tras las elecciones de 1994 que pusieron a los republicanos a cargo del Congreso después de 40 años de control demócrata, el historial de este Congreso en asuntos internacionales ha sido "más bien magro", dice. Describe el papel de los demócratas como un intento de "descabezar" iniciativas republicanas de las que "creíamos que... ponían obstáculos en el camino de la política exterior de Estados Unidos". Hamilton, demócrata de Indiana, presidió la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes y ahora es el miembro de mayor antigüedad de la minoría en la nueva Comisión de Relaciones Internacionales. Fue entrevistado por el redactor de USIS Ralph Dannheisser.
Pregunta: ¿Cómo ha funcionado el concepto de que la política exterior de Estados Unidos debería elevarse de alguna manera por encima de la política, en una era en la que el control del Congreso y de la Casa Blanca ha sido dividido con tanta frecuencia entre los demócratas y los republicanos?
Hamilton: Creo que es importante recordar que los temas amplios de la política exterior estadounidense siguen siendo los mismos de una administración a otra y los apoyan ambos partidos: por ejemplo, apoyo a la OTAN; al proceso de paz en el Oriente Medio; a una buena relación con Japón; a tratar de manejar la relación con China. Ciertamente se ve diferencia de tácticas, mucha retórica fuerte de vez en cuando, pero la tradición bipartidista con respecto a los temas principales de la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial es bastante impresionante. Eso no quiere decir que no tengamos algunas diferencias. Tenemos muchas diferencias, pero hay algo en el refrán de que, en el caso de la política exterior, "la política (partidista) no llega al río".
P.: Usted mencionó algunas de las áreas de compatibilidad -- relación con la OTAN y así por el estilo-- pero usted también aludió a las diferencias. ¿Dónde ve algunas de ellas?
Hamilton: Hoy se ven algunas diferencias; creo que los republicanos en general, por ejemplo, buscan con más ahínco el agrandamiento de la OTAN, quieren que el presidente vaya más rápido. Hay muchas críticas a la política del presidente hacia China que vienen tanto de los demócratas como de los republicanos, preocupación acerca de los derechos humanos y del otorgamiento de la condición comercial de nación más favorecida a China.
Hoy se ven una cantidad de diferencias con respecto al apoyo a las instituciones internacionales, y en general son los republicanos quienes están menos dispuestos a apoyar la asignación de fondos para el mantenimiento de la paz, las instituciones financieras internacionales y así por el estilo. Ciertamente, se ve hoy entre los republicanos un movimiento hacia la reducción de la cantidad total de recursos destinados a las relaciones internacionales. Por ejemplo, ha habido una reducción aguda en los recursos de ayuda exterior --reducción de fondos a las embajadas, al mantenimiento de la paz, a las instituciones internacionales, los consulados-- que en realidad ya lleva casi una década.
P.: Eso afecta ciertamente la situación respecto a las Naciones Unidas.
Hamilton: Así es, y muchísimo. Hoy tenemos una preocupación importante en el Congreso, compartida por demócratas y republicanos, sobre el papel de las Naciones Unidas y hay mucho apoyo a un cambio o reforma fundamental, y una disposición a relacionar el pago de las contribuciones de Estados Unidos a las Naciones Unidas con esa reforma.
P.: Usted se refirió a las diferencias dentro del partido, así como entre los partidos, sobre la política hacia China y otras cuestiones. ¿En qué medida se plantean esas diferencias intrapartidarias y cómo se resuelven?
Hamilton: Bien, creo que la unanimidad en política exterior es muy difícil de lograr y las diferencias algunas veces cruzan las líneas partidistas. Pero no siempre, y con frecuencia se encuentran diferencias dentro de un partido. En el Partido Demócrata hoy se encuentran diferencias amplias en la cuestión del comercio, por ejemplo. Esas cuestiones no se resuelven de inmediato. Hay sentimientos fuertes en ambos lados. El NAFTA (siglas en inglés del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte) fue una cuestión que dividió muy decisivamente al Partido Demócrata. También lo hizo el GATT (siglas en inglés del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio). Esas cosas ocurren dentro de los partidos. ¿Cómo se resuelven? Bien, se resuelven por medio del debate y hablando dentro de los grupos y una cantidad interminable de reuniones entre nosotros y entre nosotros y la administración. Y algunas veces no se resuelven. Hay muchos problemas que no se pueden resolver por medio de la deliberación y el diálogo. Simplemente se mantienen. Y esas diferencias pasan al debate público y a las elecciones.
P.: La Cámara de Representantes estuvo constantemente bajo control demócrata desde su primer período en 1964 hasta las elecciones de 1994. Durante ese tiempo usted llegó a ser presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores. Ahora usted se encuentra súbitamente en el lado minoritario. ¿Cómo afectó ese cambio la manera en que usted trabaja y qué es lo que usted puede lograr?
Hamilton: Es un ajuste difícil, después de haber pasado mi vida legislativa en la mayoría y ser puesto súbitamente en la minoría. No sé si hemos terminado de hacer ese ajuste todavía. La mayoría controla el programa. En la Cámara de Representantes, y creo que probablemente eso ocurre así en una medida mayor que en el Senado, gobierna la mayoría. La minoría no inicia nada; la minoría reacciona. Esa es la diferencia. De manera que tuvimos que tratar de adaptarnos al papel de reaccionar a las propuestas republicanas. No estoy seguro de si hemos hecho eso eficazmente, pero creo que esa es la diferencia.
P.: ¿Cómo considera usted que los republicanos han manejado la tarea de ser la mayoría y la forma en que tratan las reacciones de la minoría?
Hamilton: Creo que ellos también han pasado por un período de ajuste. Tuvieron que tratar no solamente con la minoría en la Cámara de Representantes, sino también con una mayoría republicana en el Senado que muchas veces no está de acuerdo con ellos, y han tenido que tratar con una administración que pertenece a otro partido. Al mirar retrospectivamente el último o los dos últimos años, vemos que no ha sido un período enormemente productivo en términos de legislación de política exterior, a medida que los dos bandos hemos tratado de ajustarnos a nuestros nuevos papeles. El historial es más bien magro. Pasaron muchas cosas en una cámara o la otra; mucha retórica, mucha actividad, pero en términos de aprobación de proyectos en leyes, son muy pocos los que en realidad han tenido algún efecto de importancia.
P.: Dentro de este contexto magro, ¿qué es lo que considera logros significativos, si es que los hubo, durante el período de sesiones actual?
Hamilton: Realmente no veo ningún logro importante en materia de política exterior en el Congreso recientemente. Desde mi posición, (los demócratas) hemos estado jugando a la defensiva. Hemos tratado de neutralizar una cantidad de cosas que creemos que son destructoras y que colocaban obstáculos en el camino de la política exterior estadounidense. Una de ellas es la cuestión de los recursos; en otras palabras, creo que esta acción constante para reducir recursos destinados a las relaciones internacionales ha hecho más difícil la conducción de la política exterior estadounidense.
Otro ejemplo es la falta de disposición del Congreso a aprobar el despliegue de fuerzas en Bosnia. No lo impedimos ni lo aprobamos. En realidad, no hicimos nada. Creo que la política exterior estadounidense es más fuerte, más robusta, si hay acuerdo entre las ramas ejecutiva y legislativa. No tuvimos eso en Bosnia. Realmente no lo tuvimos con respecto a Haití. El presidente actuó por su cuenta al enviar tropas estadounidenses a Haití. Los republicanos realmente nunca aceptaron eso, y todavía no les gusta. Están buscando maneras de reducir el impacto de la política del presidente en Haití. De manera que creo que el papel demócrata en esto ha sido tratar de reducir lo que consideramos las consecuencias perjudiciales de las acciones republicanas en la política exterior.
P.: ¿Cuáles son las prioridades principales que tienen usted y su partido en este momento en el área de la política exterior?
Hamilton: Creo que el presidente ha crecido y se ha convertido en un líder de política exterior, y él protege el interés nacional de Estados Unidos. Creo que ha tenido una serie de éxitos de política exterior: en Rusia, en Bosnia, en Haití, en China, en el Oriente Medio, en Corea, en México, para mencionar unos pocos. Todas estas victorias son frágiles. No creo que exista algo así como una victoria permanente en política exterior; cualquiera de ellas podría deshacerse. Pero me parece que ha tenido una serie de logros bastante impresionantes en política exterior. Creo que junto a eso están las acciones exitosas que ha emprendido para abrir las economías y el comercio mundial.
Recientemente, en la reunión del G-7 (que congrega a los jefes de estado de los siete países industrializados más importantes), se lo consideró la figura dominante en esa reunión. Ciertamente eso no era así hace un año o dos o tres. Pero los gobernantes mundiales ahora reconocen que él ha crecido en el cargo, y creo que lo ha hecho.
P.: ¿Qué hay en la bandeja del Congreso que no se haya tratado y queda por hacer?
Hamilton: Creo que es una acción continua. No lo considero como un cambio radical, pero queremos ver que sigan las reformas en Rusia. Hasta ahora muy bien, pero siempre hay que reconocer la fragilidad de la situación en Rusia en la actualidad. De manera que la política estadounidense confronta allí desafíos verdaderos. Creo que el desafío de política exterior más difícil que tenemos es el de manejar la relación con China. Y tenemos que mantener en marcha el proceso de paz en el Oriente Medio, hoy día bajo circunstancias muy distintas con un nuevo primer ministro israelí. Creo que el manejo de la relación con Japón ha pasado por un período de considerable mejora en los últimos meses, pero eso también requerirá vigilancia. Y creo que hemos hecho mucho progreso para detener la proliferación de armas nucleares, pero eso es también una acción continua. De manera que cuando miro hoy al programa, veo más la oportunidad de construir sobre lo que considero algunos adelantos importantes en el pasado reciente, pero tenemos que continuar, tenemos que seguir edificando sobre eso.
P.: ¿Ve usted de manera realista que habrá mucho de esta clase de acción bipartidista de construcción en los próximos meses, al aproximarse las elecciones presidenciales?
Hamilton: Creo que la política exterior estadounidense pasará por un período de una especie de suspensión durante los próximos meses a medida que pasamos por este debate (del año electoral). Podría ser que el presidente tenga que actuar en situaciones que se planteen, pero no se verá ningún cambio importante en la política exterior estadounidense en los próximos meses en estas áreas de las que hemos hablado. Me sorprendería si se lo viera.
P.: Por un lado, usted dice que el Congreso ha estado en gran parte estancado; mientras tanto, le ha dado al presidente buenas notas en una cantidad de áreas por adelantar los intereses estadounidenses. ¿Sugiere eso que el poder ejecutivo puede actuar eficazmente por cuenta propia en muchas de estas áreas sin que ocurra nada en el Congreso?
Hamilton: Los presidentes siempre han tenido muy amplia discreción en la conducción de la política exterior estadounidense, pero no se trata de una discreción total. El presidente es el actor principal en la política exterior estadounidense. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Pero debe prestar atención a lo que ocurre en el Congreso, y está en una posición mucho más fuerte su actúa con el apoyo del Congreso en cualquier iniciativa de política exterior dada. Es difícil que tenga éxito si tiene oposición fuerte en el Congreso. Puede seguir adelante si tiene un Congreso dividido, como fue el caso, por ejemplo, con Bosnia o Haití.
Al Congreso le gusta con frecuencia ser más listo que el presidente en política exterior. En otras palabras, no nos gusta votar para autorizar el envío de tropas a Bosnia, o a Haití, o a Somalia, o a casi cualquier lugar que quiera mencionar, con la excepción de la guerra del Golfo (Pérsico). Lo que nos gusta hacer es dejar que el presidente tome la delantera y, si tiene éxito, le decimos "Buen trabajo, señor presidente" y si fracasa lo criticamos.
En mi opinión, por lo menos, el Congreso no quiere asumir su responsabilidad conforme a la Constitución y ser socio en el proceso de elaboración de la política exterior.
P.: Esa es la clase de reverso de algo que mencionó el senador (Richard) Lugar sobre la necesidad de que el presidente haga participar al Congreso desde el comienzo del proceso cuando elabora una política.
Hamilton: Creo que esa es una parte muy importante de la labor del presidente. Tiene que tratar de dirigir no solamente al país sino también de conducir al Congreso. Y algunas veces no se puede conducir al Congreso. Tomemos la situación del rescate de México. Vino al Congreso, le suplicó al Congreso, consiguió el apoyo del liderazgo del Congreso --republicano y demócrata-- pero no pudo conseguir el apoyo mayoritario para lo que trataba de hacer. No creo que eso haya sido un fracaso de su liderazgo. Fue un fracaso del compañerismo del Congreso, y creo que el presidente tuvo razón en su criterio sobre México. El Congreso estuvo equivocado.
De manera que hay ocasiones, creo, en las que el presidente no ha consultado tan estrechamente como debería haberlo hecho con el Congreso, y tiene la obligación de consultar y se tratar de persuadir al liderazgo. Hay muchas ocasiones en las cuales el Congreso no quiere ser persuadido. Ciertamente no queríamos ser persuadidos con respecto a Bosnia. (El presidente) tuvo docenas y docenas de reuniones con miembros del Congreso sobre Bosnia. Y al terminar el día el Congreso se hizo a un lado y dijo: "No vamos a aprobarlo, no vamos a detenerlo. Siga adelante". Y él lo hizo.
Agenda de la
Política de los Estados Unidos de América,
Publicaciones Electrónicas de USIS, Vol. 1, No. 9, julio de
1996.