![]()
Hoy "es más probable" que se realice la reforma de la ONU porque actualmente "tiene una importancia mayor en el orden del día" que en el pasado, dice Lyman. La administración Clinton, observa, se ha "comprometido firmemente" a lograr esta reforma y solucionar el problema de los pagos atrasados de Estados Unidos a las Naciones Unidas. Lyman, diplomático de carrera, fue embajador de Estados Unidos en Sudáfrica de 1992 a 1995, durante el período de transición de esa nación del apartheid a la democracia. También fue embajador en Nigeria y de 1989 a 1992 desempeñó el cargo de director de la Oficina del Programa de Refugiados en el Departamento de Estado. En julio de 1996 fue nombrado secretario de Estado djunto interino para asuntos de organizaciones internacionales y en marzo de 1997 asumió el cargo en propiedad. La entrevista estuvo a cargo de Edmund F. Scherr, colaborador del Periódico Electrónico.
PREGUNTA: ¿Cuáles son las reformas principales de las Naciones Unidas que busca Estados Unidos?
LYMAN: Después de 50 años, las Naciones Unidas han adquirido una gran cantidad de funciones, mandatos y oficinas adicionales; ya es hora de analizar su estructura y organización para hacerlas más eficaces. Ese es el objetivo principal de Estados Unidos.
Primero, juzgamos que es preciso combinar y consolidar funciones duplicadas, que aumentaron con los años como respuesta a necesidades específicas, y ahora deben juntarse.
Segundo, la Organización de la Naciones Unidas debe concentrarse en las tareas para las que es más apta y en hacerlas bien.
Tercero, ha existido la tendencia a dejar que el presupuesto de la ONU crezca sin mayor disciplina. Actualmente 14 países pagan 80-90 por ciento del presupuesto y es oportuno examinar el proceso presupuestal para ver si se cuenta con la debida disciplina.
Estos son los objetivos principales de las reformas propuestas, después de las cuales puede surgir unas Naciones Unidas que se desempeñen mejor en el campo del desarrollo, así como en el del mantenimiento de paz, los derechos humanos y demás.
PREGUNTA: ¿Por qué es éste el momento propicio para abordar reformas de la ONU que se han discutido por largo tiempo?
LYMAN: Se han planteado los mismos problemas durante más de una década. El ímpetu más reciente para la reforma ha sido la crisis financiera. Para las Naciones Unidas ya no es posible reunir los recursos que se requieren para mantener una organización no reformada.
A principios de la década de 1990 se presentó además una crisis en el mantenimiento de paz (producida por lo que se cree fueron fallas y deficiencias en las operaciones de mantenimiento de paz en Somalia, Bosnia y Rwanda), que puso de relieve la necesidad de las reformas. Se volvió a oír que la gente decía: "Examinemos la forma en que las Naciones Unidas se organiza y toma decisiones y hagámoslas más eficaces". El mundo ha cambiado desde que se estableció la ONU hace 50 años. Hay más organizaciones involucradas en la labor de las Naciones Unidas, circunstancia que debe tomarse en consideración.
PREGUNTA: ¿Todo el sistema de la ONU necesita reforma?
LYMAN: Parte del problema está en que casi toda la atención en cuanto a las reformas se ha concentrado en la sede de la ONU en Nueva York. El sistema de la ONU es muy amplio y variado, incluye muchos organismos especializados y nosotros creemos que los organismos deben pasar por el mismo proceso de reforma que la sede. Se trata de organismos grandes con enormes presupuestos. Algunos de ellos ya han dado comienzo a las reformas.
PREGUNTA: ¿Qué piensa Estados Unidos de lo que ha hecho el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, en cuanto a las reformas en la ONU, desde que tomó posesión de su cargo?
LYMAN: Los primeros pasos que ha dado el Secretario General en el camino hacia la reforma han tenido muy buena acogida. Ha puesto en práctica algunas recomendaciones, propuestas hace tiempo, que cuentan con el apoyo de los miembros de la ONU: consolidación de algunos departamentos, reducción de los gastos generales, mayor énfasis en los resultados de los programas y el recorte de personal no necesario. Es un comienzo importante de su período que ha hecho buena impresión.
PREGUNTA: ¿Tiene mayor posibilidad ahora que sus predecesores de que se promulguen las reformas?
LYMAN: Tiene una mayor posibilidad. Actualmente el concepto completo de la reforma tiene una importancia mayor en el orden del día; tiene una prioridad mayor. Todos reconocen que debe hacerse. El problema es que lo está haciendo en momentos en que las Naciones Unidas confrontan problemas financieros graves, que, en cierto modo, hace el proceso más contencioso.
PREGUNTA: ¿Es posible seguir adelante con las reformas de la ONU si Estados Unidos no paga sus cuotas atrasadas?
LYMAN: Hemos llegado a un punto en el que nuestra capacidad para lograr las reformas necesarias ha sido minada por nuestro atraso en los pagos. Crea resistencia en otros miembros que consideran que imponemos exigencias sobre la Organización sin pagar lo que nos corresponde. Crea una animosidad que afecta la objetividad del juicio de la gente en cuanto a las reformas que se han propuesto y hace que se pongan en duda nuestros motivos.
La gente puede preguntarse si Estados Unidos está tratando realmente de hacer las Naciones Unidas más eficaces o si es que simplemente estamos tratando de debilitarlas para no tener que pagar más dinero. Obviamente se trata de lo primero, pero si no cancelamos nuestras cuotas y los pagos atrasados, la gente puede pensar que se trata de lo segundo.
PREGUNTA: ¿Estados Unidos, al fomentar la reforma de las Naciones Unidas, tiene en cuenta las inquietudes de los países del tercer mundo que creen que las reformas propuestas pueden poner en peligro el apoyo al desarrollo?
LYMAN: Ese es un problema grave porque se tiene la idea, especialmente entre los países en desarrollo, de que éso es exactamente lo que tratamos de hacer, reducir el volumen y la efectividad del papel de las Naciones Unidas en el desarrollo. Lo que estamos tratando de hacer es reducir el dinero que se gasta en administración: gastos generales, gastos en la sede, en conferencias, etc., y aumentar la cantidad que se gasta en la asistencia a los pueblos en los países en desarrollo. Estados Unidos ha aumentado considerablemente sus pagos al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. El presidente Clinton acaba de proponer que paguemos a la Asociación Internacional de Fomento, el servicio de préstamos concesionarios del Banco Mundial, todas las sumas atrasadas.
Acogemos complacidos la propuesta del Secretario General que tiene por objeto reducir los gastos administrativos generales en las Naciones Unidas de 38 por ciento a 25 por ciento y asignar el ahorro correspondiente a la ejecución de los programas. La idea no es reducir el papel de las Naciones Unidas en el desarrollo, sino hacerlo más eficaz para las gentes de los países en desarrollo.
PREGUNTA: Los miembros del Congreso piensan ofrecer sus propias ideas sobre las medidas de reforma que deben tomar las Naciones Unidas para que Estados Unidos pague sus cuotas atrasadas. ¿Qué opina la administración de esta actitud del Congreso?
LYMAN: Estamos en conversaciones con el Congreso sobre la propuesta del presidente para solucionar la cuestión de los atrasos y pagarlos dentro de los próximos dos años. Estamos en el proceso de examinar con el Congreso los puntos de referencia aplicables en el avance hacia la reforma. Esperamos que éste produzca puntos de referencia firmemente consecuentes con el objetivo general de las Naciones Unidas al hacer las reformas.
El Congreso está dispuesto a abordar este asunto y a solucionarlo. Eso no quiere decir que estamos en pleno acuerdo con el Congreso en cuanto al alcance del problema y la forma de solucionarlo. Hay una amplia gama de opiniones en el Congreso. La mayoría considera la Organización importante y esencial para la política exterior estadounidense pero que necesita mejorar mucho.
PREGUNTA: Como parte de su labor en lo que se refiere a la reforma, Estados Unidos busca modificar el nivel de las contribuciones a las Naciones Unidas a fin de hacerlo más equitativo. ¿Qué esperamos lograr?
LYMAN: Tenemos dos objetivos. Primero, hacer que las Naciones Unidas dependan menos de un solo país, Estados Unidos. Nosotros pagamos 25 por ciento de todos los costos ordinarios de las Naciones Unidas. Y se tiene la impresión en Estados Unidos, ciertamente en el Congreso, de que debe reducirse nuestra participación; creemos que ello sería conveniente para las Naciones Unidas.
Segundo, tenemos que examinar la forma en que se financian las Naciones Unidas. Los 95 países más pobres no contribuyen mucho, lo que es comprensible, sin embargo, en conjunto contribuyen menos del uno por ciento del costo de las Naciones Unidas. Los 60 países siguientes, entre los cuales están todos los miembros de ANAS (Asociación de Naciones de Asia Sudoriental) y de OPEC (Organización de Países Exportadores de Petróleo) contribuyen en total 12 por ciento a dichos costos.
Aunque reconocemos los problemas de los países menos desarrollados, consideramos que debe revisarse la estructura financiera de las cuotas. La economía mundial ha cambiado. Los países individualmente han progresado. Es preciso crear una escala mejor de cuotas. Nuestras propuestas mantendrán a Estados Unidos como el mayor donante de las Naciones Unidas. Actualmente Estados Unidos paga 25 por ciento y querríamos reducirlo a alrededor del 20 por ciento.
PREGUNTA: Al aprobar el presupuesto para el año fiscal de 1997 el Congreso autorizó el pago a las Naciones Unidas de todas las cuotas y las contribuciones estadounidenses para el mantenimiento de paz correspondientes a 1996 y alrededor de 50 millones de dólares más en pagos atrasados. ¿Cree que esto es un buen presagio para el pago oportuno de los atrasos pendientes?
LYMAN: En el Congreso hubo una crisis de confianza en las Naciones Unidas y reacción a la falta de diálogo suficiente con la administración sobre nuestras obligaciones con la Organización. Hemos trabajado con empeño para superar esta situación. Con la aprobación del Congreso hemos podido mantenernos al día con el mantenimiento de paz y con nuestras cuotas presupuestales ordinarias durante los últimos dos años y hemos reducido los pagos atrasados. Esto ciertamente es un buen presagio, pero todavía tenemos la acumulación de retrasos que hay que solucionar.
Estos esfuerzos demuestran el firme compromiso de la administración con las Naciones Unidas y con la solución del problema de los pagos retrasados. Representan el reconocimiento creciente en el Congreso de que mediante el proceso de la reforma las Naciones Unidas ahora toma en cuenta algunas de sus inquietudes, que datan de principios de esta década. También hay una creciente confianza en el Congreso de que las Naciones Unidas llegarán a ser una organización más eficaz y racional.
PREGUNTA: Hay resistencia en las Naciones Unidas a las reformas que se necesitan. ¿Qué hará Estados Unidos para tratar de vencer esa resistencia?
LYMAN: Trabajamos en estrecha colaboración con otros países, con el presidente de la Asamblea General de la ONU y con el Secretario General en el programa de reforma que atrae una gran cantidad de apoyo. También estamos tratando de disipar la idea de que nuestro objetivo es, de alguna manera, debilitar las Naciones Unidas o disminuir su función en el desarrollo. Tratamos de demostrar en forma más clara y muy concretamente que ése no es nuestro objetivo.
Muchas naciones forman parte de este esfuerzo para la reforma. El año pasado la Unión Europea presentó un proyecto detallado para un conjunto de reformas. Luego de una serie de seminarios con los países en desarrollo, los países nórdicos emitieron un informe nuevo sobre sus recomendaciones para las reformas. No estamos solos. Por el contrario, en general estamos muy de acuerdo con las reformas que otros han planteado.
Hemos estado dispuestos y hemos sido categóricos en la utilización del proceso presupuestal como palanca para la reforma. Muchos otros países han estado renuentes a hacerlo. Nosotros hemos creído que la disciplina presupuestaria es frecuentemente una forma de captar la atención de la gente para que concluya: "realmente tenemos que hacer las cosas en forma diferente, si no vamos a tener los recursos". Esa es una realidad en nuestro gobierno y en las Naciones Unidas. Y creo que la mayor disciplina presupuestaria de los últimos dos años ha sido un acicate para la reforma.
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicación Electrónica del
USIS, Vol. 2, No. 2, Mayo de 1997