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Estados Unidos debe dar marcha atrás a la "reducción continua" de su presupuesto de asuntos internacionales si quiere ejercer una función apropiada de liderazgo en la tarea de forjar "un mundo más pacífico y seguro", dice Sarbanes. Ve como un auténtico peligro el intento de algunos miembros del Congreso de retener los fondos necesarios para las instituciones internacionales --y la aprobación de nombramientos y tratados claves-- para promover sus propios intereses. Sarbanes, senador demócrata de Maryland, es uno de los miembros de mayor rango de la minoría de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. También es el demócrata de mayor rango de la Comisión de Asuntos Bancarios, de Vivienda y Urbanos y miembro de la Comisión Económica Congresional Conjunta. Esta entrevista fue realizada por Ralph Dannheisser.
PREGUNTA: Se ha dicho que el presidente Clinton se ocupó preferentemente de cuestiones domésticas en su primer mandato y que en el segundo prestará más atención a la política exterior ¿Está usted de acuerdo?
SARBANES: En realidad, creo que la administración Clinton desarrolló una política exterior bastante activa durante su primer mandato. El secretario Christopher y los funcionarios del servicio exterior tienen en su haber una serie de éxitos: Haití, Bosnia, el progreso realizado en el Mediano Oriente, Corea del Norte y la cuestión de las armas nucleares, un enfoque constante en Rusia durante ese período. Creo que esto ha puesto las cosas en el buen camino. Por supuesto, la adminitración emprendió una serie de iniciativas de carácter internacional en el sector comercial y en el sector económico, así que no creo que sea exacto decir que en el primer mandato no hubo una política exterior enfocada o logros importantes en política exterior.
En términos generales, a menos que se vean frente a una crisis internacional, los nuevos presidentes tienen que poner sus asuntos internos en orden, y Clinton, evidentemente, tenía que atender a esos asuntos, incluido poner el presupuesto en orden, dar la orientación debida a las tendencias fiscales, lo que, por supuesto, ha hecho. Tenemos la economía más fuerte de los últimos 25 años. La tasa de desempleo es la más baja de los últimos 20 años, y la inflación la más baja de los últimos 30 años. Ahora, cuando vamos a las conferencias internacionales, todos nos envidian el funcionamiento de nuestra economía. Nuestro déficit representa el 1,4% de nuestro PIB; mucho más favorable que el de cualquiera de los países industrializados. Ahora espero que el presidente pueda dedicar más tiempo, personalmente, a la escena internacional en su segundo mandato. Evidentemente, hay una serie de cuestiones pendientes y surgirán otras; habrá que ver qué nos traen los próximos cuatro años.
PREGUNTA: ¿Vio usted algún indicio de esto en el discurso sobre el Estado de la Unión?
SARBANES: Lo más importante que hizo el presidente en el Estado de la Unión fue esbozar un presupuesto que trata de dar marcha atrás a la reducción continua de los recursos que destinamos a los asuntos internacionales. No se puede ser un gran país si no se está preparado a aportar los recursos que lo respalden, y no se puede ejercer el liderazgo mundial a precio de ganga. El presupuesto del presidente reconoce esto, y yo confío mucho que el Congreso se mostrará inclinado a conceder los recursos que creo que hacen falta para hacer el trabajo.
Estamos muy retrasados en el pago de nuestras obligaciones con las organizaciones internacionales y las instituciones multilaterales; es vergonzoso que seamos tan morosos, por ejemplo, en las Naciones Unidas. El presidente está tratando de hallar una solución, y espero que el Congreso lo respalde. Esta será una cuestión contenciosa con el Congreso, no creo que haya ninguna duda.
Por supuesto, no estamos asignando la clase de recursos que necesitamos para tener un cuerpo diplomático de primera clase. Yo estoy de acuerdo con la secretaria de Estado Albright cuando dijo que estábamos desarmando unilateralmente en un sentido diplomático. La diplomacia no es una reliquia de algún tiempo pasado que se pueda ejercer a precio de ganga o a la que se pueda desechar por completo. Es nuestra primera línea de defensa nacional y la más eficaz en función del costo.
PREGUNTA: Existe cierta impresión de que los enfrentamientos partidistas del presidente y el Congreso que parecían caracterizar los últimos dos años pueden dar paso a un enfoque más bipartidista. ¿Cree usted que será así?
SARBANES: Si he de ser franco con usted, creo que es demasiado pronto para saberlo. Hay una cierta retórica positiva, pero todavía no sabemos cuál será la realidad. Yo espero que así sea; espero que podamos trabajar juntos en el Congreso por encima de las divisiones de partido, en una forma positiva y constructiva, y sé que el presidente ha indicado su propio deseo de hacerlo así. Sólo espero que estas expresiones de apoyo se conviertan en realidad.
PREGUNTA: Me pregunto si alguna de esas expresiones tempranas quedaron en cierto modo neutralizadas por el presidente (Jesse) Helms (de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, cuando mencionó todas las cuestiones de las que se propone ocuparse antes de acceder a considerar el Tratado de Armas Químicas.
SARBANES: Si no ratificamos el Tratado de Armas Químicas para fines de abril nos quedaremos fuera del proceso de aplicarlo, y nuestra industria química estará en una situación de considerable desventaja en el mercado internacional. La Convención sirve de manera manifiesta a nuestros intereses nacionales. Precisamente el otro día, leí un artículo del ex secretario de Estado (republicano) James Baker, redactado en términos muy enérgicos, en el que respaldaba firmemente la Convención e instaba a que se ratificase. Por tanto, tiene apoyo considerable y sustancial en ambos partidos, y, sin embargo, está retenida ahí.
Se habla incluso de vincularla a otras cuestiones. Si no se tratase de algo tan grave, uno se limitaría a hacer un gesto de desaprobación ante esta clase de táctica. Pero este es un tratado que Estados Unidos ha contribuido decisivamente a formular. Está siendo ratificado rápidamente por otros países y, realmente, nos brindará una oportunidad de abordar el problema de las armas químicas. Aunque proyectamos, en cualquier caso, eliminar unilateralmente nuestros arsenales de armas químicas, no podemos pasar a eliminar toda esta clase de armas de destrucción en gran escala sobre una base multilateral. El año pasado efectuamos extensas audiencias sobre este tema en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado; el voto arrojó un resultado de 13 a 5 a su favor, lo que supone un fuerte apoyo bipartidista. Y todavía nos cuesta trabajo conseguir que el tratado salga adelante.
PREGUNTA: ¿Considera usted un mal presagio para el enfoque bipartidista en general las vinculaciones que el presidente Helms ha establecido?
SARBANES: Para mí, estas vinculaciones son un impedimento, muy imprudente, a nuestra capacidad de lograr nuestros objetivos de política exterior. El año pasado nos vimos en una situación en que los nombramientos de embajadores de carrera se retuvieron por causas que no tenían nada que ver con sus calificaciones personales. En consecuencia, Estados Unidos no estuvo representado por embajadores en una serie de puestos de importancia crítica en el extranjero. Fueron utilizados como moneda de cambio de otros objetivos que el senador Helms estaba tratando de conseguir. Y esa no es forma de ejercer la política exterior. La política exterior es demasiado importante para los intereses de seguridad y los intereses económicos del país para tratarla con esa arrogancia.
PREGUNTA: ¿Existe inquietud en este momento de que la situación vaya a continuar?
SARBANES: Sí, creo que existe inquietud. Espero equivocarme, pero ciertamente esa inquietud se manifestó el año pasado y se refleja ahora en este primer tema de nuestro programa, la Convención sobre las Armas Químicas.
PREGUNTA: ¿Cuáles cree usted que serán las prioridades del Congreso en política exterior, ahora que los republicanos controlan el Senado y la Cámara de Representantes y, por consiguiente, establecen allí el programa?
SARBANES: Bueno, naturalmente, el presidente y la administración tienen una gran influencia en el establecimiento del programa. El presidente tiene cierto margen en el ejercicio de la política exterior, sencillamente, en virtud de los poderes que le otorga la Constitución. Creo que el presidente ha enviado al Congreso un programa importante. Surgirán, evidentemente, otras cuestiones durante los cuatro años del mandato de la administración, pero la atención inmediata se concentrará en el presupuesto y en ver si le conseguimos a la administración los recursos necesarios para llevar a cabo la política exterior.
PREGUNTA: En relación con la cuestión de los recursos, en el último período de sesiones hubo el intento de incorporar en el Departamento de Estado las funciones de algunas de las otras agencias que se ocupan de asuntos exteriores: El Servicio Informativo y Cultural de Estados Unidos, la Agencia para el Desarrollo Internacional y la Agencia para el Control de Armas y el Desarme. ¿Cree usted que eso se repetirá?
SARBANES: Supongo que sí. Eso es algo que el senador Helms estaba impulsando con mucha energía. Por supuesto, estaba tratando de combinar las funciones y también de reducir considerablemente los recursos, lo que es una fórmula para hacer menos con menos.
Con esta idea de, simplemente, mover las cosas de un lado a otro no se llega a la cuestión básica de cómo desempeñar las funciones y responsabilidades, y, hasta cierto punto, estamos dejando de lado otras cuestiones más importantes: ¿Va a tener Estados Unidos un servicio de información?, ¿Vamos a tener un programa de desarrollo sostenible para ayudar a los países de todo el mundo a salir de la pobreza y a ponerse en pie de manera que puedan satisfacer las necesidades de sus pueblos? ¿El control de armas y el desarme ya no son temas de importancia en la escena internacional? De hecho, a mi me inquieta mucho la continua proliferación de armas, tanto convencionales como de destrucción en gran escala, después que la Guerra Fría supuestamente ha terminado. Todavía existe una proliferación increíble de armas. Se están produciendo carreras de armamento regionales, a menudo alimentadas por Estados Unidos en ambos lados, y ello podría provocar el estallido de las hostilidades en la región.
Por tanto, esas cuestiones todavía están ante nosotros. Sería muy triste si las generaciones futuras tuvieran que decir de nosotros, "Tuvisteis una oportunidad en la última década del sigo XX y al comienzo del siglo XXI, con el derrumbamiento de la Unión Soviética y el final de la Guerra Fría, de llevar al mundo a un plano más elevado en lo que se refiere a la concertación de acuerdos pacíficos, y no supisteis aprovecharla". Por eso me inquieta mucho cómo vamos a desempeñar nuestras responsabilidades. Deberíamos aprovechar estas oportunidades de crear un nuevo entorno mundial más pacífico y seguro. Ese debería ser el foco de nuestra atención.
PREGUNTA: Esto enlaza con el tema de la ampliación de la OTAN, que parece ser una cuestión de máxima actualidad. ¿A dónde va a conducir eso?
SARBANES: La secretaria Albright se ocupa de ello ahora mismo. Tendremos que esperar a ver qué decisión se adopta este verano en la conferencia de Madrid y si la administración y nuestros aliados han conseguido hacer arreglos con los rusos que ofrezcan garantías de que no se trata de una medida hostil contra Rusia que pudiera provocar una respuesta hostil.
PREGUNTA: La secretaria Albright está hablando del establecimiento de una brigada conjunta ruso-estadounidense. ¿Qué piensa usted de eso?
SARBANES: Supongo que desde ahora hasta el verano nos dedicaremos a estudiar una serie de ideas para tratar de solucionar esta cuestión, y creo que habrá un período de reflexión para ver las cosas claras. Creo que es muy importante que se piense bien lo que se va a hacer, ya que de otro modo, las consecuencias podrían ser graves e indeseadas, y estamos tratando en una área de puntos muy delicados que deben tenerse en cuenta.
PREGUNTA: Usted ha mencionado el problema de la situación de mora en que se encuentra Estados Unidos en las Naciones Unidas. ¿Se puede esperar, a corto plazo, que se resuelva este asunto, o es probable que prevalezca la oposición del senador Helms?
SARBANES: Una de las cuestiones será ver si las Naciones Unidas tienen que hacer todas esas reformas antes de recibir algún pago de las cuotas atrasadas. Yo creo que nunca debimos retrasarnos en el pago de nuestra cuota. No me parece que sea una forma de mostrar liderazgo mundial. De hecho, en vez de facilitar la reforma, hace que sea más difícil. El hecho es que nos retrasamos y usamos ese retraso como medio de ejercer presión, y hasta cierto punto puede haber tenido cierto efecto, pero me parece que la época en que con eso podíamos conseguir algo hace tiempo que pasó a la historia. Ahora ha debilitado mucho nuestra influencia en las Naciones Unidas. Y no sólo se trata de las Naciones Unidas. Hay otras instituciones multilaterales en las que Estados Unidos está en mora, y otros países están explotando esa situación.
Al mismo tiempo, no se reconoce que la mayoría de lo que se hace en las Naciones Unidas redunda en interés de Estados Unidos. De hecho, todos estas operaciones de mantenimiento de la paz tienen que ser aprobadas por el Consejo de Seguridad; Estados Unidos tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad, así que, por definición, las Naciones Unidas no pueden emprender dichas actividades si Estados Unidos no las aprueba. Supuestamente, si no las desaprobamos es porque consideramos que sirve a nuestros propios intereses que se lleven a cabo dichas acciones. Y, a pesar de ello, nos negamos a autorizar los recursos para hacerlas posible; ponemos a la institución en un situación increíblemente difícil. Estados Unidos fue decisivo en el nombramiento de un nuevo secretario general; si ahora no cumple con sus obligaciones, ello tendrá el resultado de socavar al secretario general que ha contribuido a poner en el cargo. No es lógico. No tiene sentido en lo que se refiere a servir nuestros intereses nacionales.
Cada vez me preocupa más el hecho de que algunas de estas tácticas se usen, efectivamente, para poner trabas indirectamente a la participación de Estados Unidos en estas instituciones. Quienes se oponen a esta participación no están dispuestos a afirmar abiertamente que Estados Unidos no debería participar en arreglos internacionales --repito, no sólo en las Naciones Unidas sino también en otras instituciones-- porque se dan cuenta que el público apoya firmemente esa participación. Así que tratan de conseguir el mismo objetivo indirectamente al cortar los fondos de una forma tan sustancial que, realmente, está debilitando los arreglos institucionales básicos.
Estas instituciones, que se fundaron al final de la Segunda Guerra Mundial, tienen ahora más posibilidades de éxito que en los últimos 50 años, porque, en el pasado, en muchos casos estaban inmovilizadas en el desempeño de sus funciones por la Guerra Fría y el conflicto entre las dos superpotencias y sus campos respectivos. Ese ya no es el caso. Necesitamos una política exterior firme, pero también necesitamos una política exterior inteligente. Lo que me preocupa cada vez más es si somos suficientemente inteligentes para ver qué es lo que sirve a nuestros intereses nacionales.
PREGUNTA: ¿Tiene usted alguna esperanza de que esto cambie en el próximo período de sesiones del Congreso; que sus adversarios cambien de actitud y vean claro?
SARBANES: Creo que tenemos de procurar demostrar cada vez más lo que está en juego. Tenemos que rechazar vinculaciones falsas que se usan, sencillamente, como táctica de extorsión, de moneda de cambio.
Permítame volver a la cuestión de la Convención de Armas Químicas. Digamos que tenemos una Convención de armas químicas, esto es lo que ofrece, esto es por lo que sirve a los intereses de Estados Unidos. Ahora, alguien llega y dice "Bueno, pues, tal vez permita que se apruebe si ustedes hacen A, B, C, D y E", cuestiones, todas ellas, totalmente ajenas a la Convención. Deberíamos decir que ésa es una táctica inapropiada e inaceptable. No podemos regatear con la Convención como si estuviéramos en el bazar. Ahora, si usted quiere plantear cuestiones relativas a la Convención misma, estudiémoslas y discutámoslas sin rodeos. Después de todo, ésta es una convención que se empezó a negociar durante la presidencia de Reagan y que siguió negociando el presidente Bush. El presidente Clinton está llevando a término este programa.
Quienes se oponen a ella dicen que "Los estados desaprensivos no son parte en el Convención de Armas Químicas". Es verdad. Pero la cuestión es si la Convención hará que sea más fácil o más difícil ocuparse de ellos. Evidentemente, lo hará más fácil, porque impondrá sanciones internacionales a esos estados y les dificultará la adquisición de componentes para las armas químicas. Necesitamos reconocer que la ratificación es un intento de proteger nuestros intereses. ¿Estados Unidos, el líder mundial --como nos estamos recordando continuamente a nosotros mismos-- va a mantenerse al margen de este acuerdo internacional sumamente eficaz para eliminar toda clase de armas de destrucción en gran escala, algo que hemos estado tratando de conseguir durante largo tiempo?
Luego, pasando a la no proliferación nuclear, se tiene que presentar la misma clase de argumentos. Otro tanto se puede decir con respecto a la cooperación internacional para tratar de los problemas ambientales, el terrorismo o el narcotráfico. Tenemos grandes intereses en todos esos sectores y necesitamos promover los intereses de nuestro país, con sagacidad e inteligencia, lo que yo creo que se consigue al promover el objetivo de un mundo más próspero y pacífico.
PREGUNTA: ¿Se siente usted optimista en este momento de que haremos algunas de esas cosas? ¿Está cada una de las piezas en su sitio, y está el Congreso dispuesto?
SARBANES: No creo que se trate de si uno es optimista o pesimista. Es preciso hacer un esfuerzo para lograr estas cosas, independientemente de lo que pueda suceder. No es como si fuéramos a mirar la situación y dijéramos "Va a ser difícil, por lo tanto, no vamos a intentarlo". Es demasiado lo que está en juego para adoptar esa actitud; así que, tenemos que intentarlo y ver lo que pasa. Esa será la lucha en el Congreso en los próximos meses.
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicación Electrónica del
USIS, Vol. 2, No. 1, Marzo de 1997