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La administración Clinton tiene que "salir en defensa de lo que es correcto" en sus tratos con el Congreso respecto a cuestiones internacionales claves, que incluyen el pago de lo que Estados Unidos le debe a las Naciones Unidas y la ratificación de la Convención de Armas Químicas, afirma Leach. Haciendo esto, arguye, Estados Unidos "prevalecerá, y prevalecerá fácilmente". Leach, republicano de Iowa, es presidente de la Comisión de Servicios Bancarios y Financieros de la Cámara de Representantes y miembro de la Comisión de Relaciones Internacionales. Esta entrevista fue realizada por el redactor colaborador Ralph Dannheisser.
PREGUNTA: Mucho se ha dicho acerca del cambio en lo que respecta a la actitud de enfrentamiento del 104to Congreso, hacia una relación presumiblemente más cooperativa entre la administración Clinton y el Congreso, en su 105ta sesión. ¿Cómo cree usted que esto afectará las gestiones legislativas, particularmente en materia de asuntos exteriores?
LEACH: Creo que habrá un espíritu más cooperativo en cuanto a los asuntos exteriores, de no haber una emergencia -- y todas las emergencias son únicas en su género; podríamos ver una cooperación extraordinaria en una emergencia, o ver lo contrario.
La gran batalla que se está librando y que realmente nadie ha analizado bien es el papel que desempeña la diplomacia en la era posterior a la Guerra Fría. Tanto la rama ejecutiva como el Congreso, en administraciones republicanas y demócratas, han permitido que se malgastaran asuntos de prioridad, en lo que respecta al presupuesto mismo del Departamento de Estado y el papel que desempeñan las embajadas y los consulados en el exterior: El papel del Servicio Exterior como institución. La administración tiene instintos razonablemente correctos, pero hasta esta fecha ha demostrado poca disposición para arriesgar su capital político en estos asuntos. En mi opinión, se tiene que mejorar el papel de la diplomacia, una buena diplomacia resulta en una mayor seguridad a un costo más bajo. Una mala diplomacia probablemente llevará a un costo gubernamental más alto, particularmente en lo que respecta al presupuesto militar, y pondrá en peligro la seguridad.
En particular me refiero al área multilateral, en la que, en una época de relativa paz y prosperidad, el país más próspero del mundo está tres años atrasado en el pago de su deuda con la ONU, lo que en mi opinión es una vergüenza nacional. Esto tiene enormes implicaciones en nuestro liderazgo en el mundo. Se lo resiente mucho en prácticamente todas las capitales extranjeras. Y va más allá de las Naciones Unidas al involucrar otras importantes instituciones internacionales, instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El Congreso examina ahora esas instituciones, con la idea de hacer recortes.
Cabe notar que esta administración no está a favor de que se pague todo lo adeudado. De hecho, Estados Unidos propone pagar un 70 por ciento de lo adeudado a las Naciones Unidas, y el Congreso potencialmente se resiste y busca maneras para recortar aún más. Y además, algo extraordinario en mi opinión, esta administración ni siquiera está dispuesta a comprometerse a involucrarse nuevamente en el trabajo de la UNESCO, una de las organizaciones internacionales menos peligrosas que se hayan creado. Las inclinaciones generales de la administración son multilateralistas, pero ella no está plenamente comprometida, y va a ser muy interesante ver cómo una administración no del todo comprometida trabajará con el Congreso para resolver este asunto.
PREGUNTA: ¿Lo ve usted como una cuestión de compromiso inadecuado, o refleja el planteamiento de la administración una falta de voluntad de sobreactuar frente a un Congreso inclinado a recortar fondos en forma mucho más severa?
LEACH: Mi argumento es que la administración no conoce bien las condiciones presupuestarias ejecutivas- legislativas de los últimos dos años. Hablando básicamente, no hemos examinado a fondo, como sociedad, el significado de un gobierno dividido cuando la rama ejecutiva es más liberal que el Congreso. Tenemos bastante experiencia en lo opuesto. Por ejemplo, el presidente Jerry Ford (un republicano), vetaba los proyectos de ley; el Congreso (entonces demócrata) se los volvía a presentar al presidente con niveles de financiamiento ligeramente más bajos. En el nuevo Congreso controlado por los republicanos, se suponía que inicialmente someteríamos proyectos legislativos con niveles de financiamiento ligeramente más bajos, y que resultaría bien flojo que el presidente los vetara con el fin de obtener más fondos para gastos.
Esta era la lógica que prevalecía hasta el cierre del gobierno (federal en diciembre de 1995), cuando se suponía que ninguna administración se arriesgaría a que el gobierno cerrara. Esta administración decidió correr el riesgo -- y descubrió que tenía el apoyo del público. Resultó que el Congreso no puede enfrentar de manera realista a la administración cuando está implícito un cierre del gobierno. En efecto, la administración puede prevalecer en cualquier cosa, dentro de lo razonable, a la que decida atribuirle una prioridad muy alta. Pero si excede lo que es razonable y se mete en enormes aumentos presupuestarios en formas no exploradas, es posible que el Congreso prevalezca.
El asunto de las Naciones Unidas, en mi opinión, es muy sencillo. Si la administración lo convierte en una causa célebre, prevalecerá, y prevalecerá fácilmente. Si lo considera una circunstancia de negociación, el Congreso lo hará trizas y acabará siendo una circunstancia en la que no puede ganar, con lo que provocará la irritación de los países extranjeros así como del Congreso. Por lo tanto, mi opinión es que simplemente se haga lo correcto, o sea, que se reconozca que Estados Unidos tiene un interés creado en la estabilidad de las Naciones Unidas y un interés creado en la diplomacia internacional. Por cierto las Naciones Unidas no siempre son una institución decisiva --pero importa profundamente cuando es decisiva. Debería ser educativo para este Congreso el que en el momento en esta década cuando más importaba, en la Guerra del Golfo, el presidente de Estados Unidos tuvo más respaldo en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que en el Senado norteamericano. Si seguimos en el camino de dedicarnos a juegos ideológicos irresponsables con las instituciones internacionales, veremos, cuando las cosas se ponen difíciles, que nuestra reserva de buena voluntad ha disminuido grandemente.
PREGUNTA: ¿Cree usted que la principal oposición al pago total de nuestra deuda con la ONU proviene del Senado, específicamente del presidente de su Comisión de Relaciones Exteriores, Jesse Helms?
LEACH: No, la oposición al pago total también es fuerte en la Cámara de Representantes, aunque estimo que la Cámara estará favorablemente dispuesta a un financiamiento parcial. No me refiero a ninguna persona. Me refiero a si este país saldrá en defensa de lo que es correcto en materia de relaciones exteriores y también a que reconozcamos que las Naciones Unidas gozan de mucha más popularidad que de impopularidad. Estamos permitiendo que un número muy reducido de norteamericanos lancen un llamado muy irracional que es contraproducente. La diplomacia aumenta la seguridad y hace más posible la soberanía. Habrá quienes sugerirán que cualquier arreglo internacional hace peligrar la soberanía, cuando en realidad es lo contrario.
PREGUNTA: ¿Además de las cuestiones de financiamiento, qué iniciativas en el área de las relaciones internacionales considera usted de índole decisiva para que las aborde el Congreso?
LEACH: Una de las áreas más importantes es el control de las armas. Tenemos una Convención de Armas Químicas puesta sobre el tapete por Ronald Reagan, negociada por George Bush y presentada al Senado por Bill Clinton. La no aprobación de este tratado por el Senado de Estados Unidos hace que peligren nuestra seguridad y nuestra capacidad para abordar en forma realista la diplomacia en todos los demás foros. Cuando Estados Unidos actúa como líder, y después rechaza aquello para lo que ejerció su liderato, eso es perjudicial para las relaciones internacionales y desacredita grandemente nuestras instituciones de gobierno. Este es un asunto altamente simbólico, igual que la prohibición de ensayos y el potencial de desarrollar nuevos controles de armamentos -- no importa que sea en seguimiento a los tratados START (reducción de armas estratégicas), o áreas como las minas terrestres.
PREGUNTA: ¿Si le entiendo correctamente, usted está diciendo que si la administración procede enérgicamente, puede obtener el respaldo público necesario respecto a estos asuntos?
LEACH: Tendrá un amplio respaldo público. Será muy difícil que el Congreso lo rechace, porque el Congreso de pronto está diciendo que no quiere pagar -- en el caso de las Naciones Unidas -- sus obligaciones asumidas por tratado, una situación en la que por cierto no creo que el Congreso desee estar. En lo que respecta al control de las armas, esto diría que la mayoría en el Senado rechaza un tratado que fue negociado por presidentes pasados de su propio partido. El problema radica en que no se percibe a la rama ejecutiva como fuerte, y eso significa que, en la opinión de algunos, a todo lo que propone le faltan ingredientes. Yo soy de la opinión que todo presidente estadounidense por lo general está más de la mitad de las veces en lo correcto. En el plano institucional, particularmente en la política exterior, tenemos una continuidad sorprendente, y el interés nacional de Estados Unidos es, hablando en general, bastante constante. El Congreso tiene que dejar de dedicarse a juegos políticos y tiene que ver el interés nacional. Me siento optimista en cuanto a esto. Le he enviado a la secretaria de estado una carta muy firme, he hablado con varias personas en el Departamento de Estado y en la Casa Blanca acerca de salir en defensa de lo que es correcto, y no me impresiona cuando salen en defensa de lo que es tres cuartas partes correcto.
PREGUNTA: Sé que usted tiene antecedentes y un particular interés en las relaciones estadounidense- asiáticas. ¿Qué efecto cree usted que tendrá el fallecimiento reciente de Deng Xiaoping en las relaciones con China, particularmente en lo que respecta al Congreso?
LEACH: Hay que tener mucho cuidado en cuanto a juicios prematuros. Mi comentario favorito sobre China fue cuando Chou En Lai le ofreció una entrevista a un periodista francés. Como cosa aparte se le preguntó cual era en su opinión el significado de la Revolución Francesa, a lo que respondió que era demasiado prematuro saberlo. Pero claramente, Deng favorece una apertura hacia el Oeste, favorece una economía de mercado. Estos son preceptos que, si se los sostiene en China, lo colocarán en un lugar prominente en la historia de China. Los chinos conocen muy bien sus intereses en cuanto a la inversión, la apertura hacia el exterior así como a la economía de mercado. China será muy estable, en lo que respecta a su política interior.
Considero que Asia no será tan perfectamente democrática como pudiéramos desear, y que China avanzará más lentamente que otras partes. Pero soy optimista en cuanto a la cuestión del comercio. El libre comercio, a la larga, resultará en sociedades más libres. La libertad política que pareció surgir bajo Deng Xiaoping ha sido una libertad de expresión mucho mayor, al nivel personal, que la que existió durante generaciones. Los chinos pueden disentir ante sus amigos, sus parientes -- mientras no hagan nada acerca de esa disensión frente al gobierno. Ya no se va a la cárcel por quejarse, pero se va a la cárcel si se trata de hacer algo acerca del objeto de la queja.
PREGUNTA: ¿Desde nuestra perspectiva, cree usted que debería haber, o que habrá, un nexo entre los derechos humanos y la expansión continuada del comercio?
LEACH: Creo que tenemos una obligación de mantenernos apegados a nuestros propios valores nacionales, de reflejar a China nuestro desacuerdo en cuanto a su situación con respecto a los derechos humanos. Por ejemplo, aquí tenemos uno de los pocos lugares en que los grupos que en Estados Unidos son pro vida y los que son pro alternativa sienten unanimidad: La ligadura forzada de los tubos (para esterilizar a la mujer), particularmente en lugares como el Tibet. Sencillamente no se puede aprobar. Dicho esto, debemos tener mucho cuidado de no emprender actos contraproducentes. Nosotros, como sociedad, algunas veces tratamos de utilizar cualquier medio que se encuentre a nuestra disposición para abordar una circunstancia que no nos agrada. Como proposición general, no creo que el comercio sea un vehículo apropiado que deba usarse para este tipo de desacuerdo.
Pero siempre hay excepciones, y no creo que nadie deba jamás tener reglas estrictas y rápidas. Yo creí que el embargo que este país le impuso a Sudáfrica era moralmente deseable y eficaz. Pero no creo que un embargo comercial contra China pueda ser otra cosa que contraproducente para las causas que defendemos. Una China aislada, una China más paranoica, podría tener graves implicaciones en la política exterior.
PREGUNTA: ¿Poniendo a un lado las cuestiones del conflicto que obviamente existe entre la administración y el Congreso, ve usted áreas donde es probable que haya acuerdo en la próxima sesión?
LEACH: Bueno, no creo que este año vaya a haber una gran batalla respecto a la ayuda exterior, y el apoyo a Israel es absolutamente bipartidista y firme.
Hay una discusión interesante --en la que el Congreso le lleva un poco la delantera a la rama ejecutiva-- sobre el asunto de la expansión de la OTAN. Creo que veremos no solamente un Congreso que dará apoyo si la decisión es en esa dirección, sino un Congreso apresurado. En la última elección, los comentarios en el Congreso empujaron a la administración a cambiar de rumbo un poco más hacia la postura republicana de apoyar la expansión de la OTAN, para que incluya en esta oportunidad a la República Checa, a Polonia y a Hungría.
PREGUNTA: En eso el problema parece ser lograr que Rusia lo acepte.
LEACH: Bueno, se trata de algo muy difícil para Rusia. Creo que realmente es de importancia crítica que describamos y definamos la expansión de la OTAN como algo cuya intención es abordar los problemas en términos de defensa y dentro de un contexto europeo, y no en términos ofensivos y de envolvimiento. No existe ningún deseo de ser agresivos hacia Rusia. El objetivo básico es estabilizar las sociedades de Europa Oriental.
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicación Electrónica del
USIS, Vol. 2, No. 1, Marzo de 1997