![]()
"El presidente está decidido a colaborar con el Congreso en la elaboración de una política exterior bipartidista" que sea favorable a la "participación de Estados Unidos en el exterior", dice Johnson. La administración Clinton, observa el funcionario, comienza ahora a "recoger algunos de los beneficios" de las gestiones realizadas en la política exterior, que harán posible que durante su segundo mandato el presidente "establezca el las estructuras de una política de seguridad y de economía para Estados Unidos en los años venideros". Johnson ha sido ayudante especial del presidente en la Casa Blanca desde septiembre de 1995, vicesecretario de Prensa de la Casa Blanca para asuntos exteriores y director principal de asuntos públicos del Consejo de Seguridad Nacional. Como diplomático de carrera en el Departamento de Estado, fungió como portavoz adjunto y director de la Oficina de Relaciones con la Prensa y ha ocupado varios puestos diplomáticos. La entrevista fue realizada por la redactora colaboradora Wendy S. Ross.
PREGUNTA: ¿Ha cambiado la visión que tiene el presidente Clinton de la política exterior desde que fue elegido hace cuatro años?
JOHNSON: No creo que haya cambiado. Me parece que reconoce, y que ha expresado claramente desde el comienzo, que ya no se aplica el concepto de separación de la política exterior y de la política nacional. Los norteamericanos trabajan en el contexto de una economía global, y lo que compran, las oportunidades de empleo que tienen y hasta su seguridad están condicionadas por la administración eficaz de la política exterior de nuestro país. Lo mismo se puede decir de la política económica. El presidente Clinton estableció el Consejo de Economía Nacional en la Casa Blanca --equivalente al Consejo de Seguridad Nacional y que dispone de los mismos recursos de personal--, que le hace posible coordinar la labor de los agencias económicas bajo su mando --tanto las responsables de trabajar estrictamente en el extranjero como las que lo hacen en el país-- para que protejan mejor y promuevan los intereses del pueblo norteamericano.
Algo que sí ha cambiado es que parte de la labor que el presidente ha realizado en cuestiones de política exterior ya empiezan a dar fruto, y se comienzan a recoger algunos de los beneficios. En Bosnia, el presidente trabajó para crear junto con nuestros aliados una política que abordase el problema del genocidio. La introducción de la fuerza de aplicación y de la fuerza de estabilización, unidas a la labor diplomática, han dado esperanzas al pueblo de Bosnia. El problema no se ha resuelto, pero se está trabajando para resolverlo. El presidente asimismo ha establecido una asociación efectiva con el presidente ruso Boris Yeltsin y ha trabajado arduamente para establecer las diversas instituciones en el mundo posterior a la Guerra Fría, lo que tendrá como resultado que este verano, en Madrid, se extienda a varios países la invitación para unirse a una OTAN ampliada y modernizada.
Estos resultados -- recoger los beneficios de las decisiones difíciles que fueron adoptadas durante su primer mandato -- harán posible que durante su segundo período de cuatro años el presidente pueda acometer tareas diferentes que establecerán las estructuras de una política de seguridad y de economía para Estados Unidos en los años venideros.
PREGUNTA: ¿Prevé usted el logro de un acuerdo bipartidista durante los próximos cuatro años sobre lo indispensable que es una política exterior firme?
JOHNSON: El presidente está decidido a colaborar con el Congreso para elaborar una política exterior bipartidista. Hizo un llamado vigoroso a ello en su mensaje sobre el Estado de la Unión, en el que claramente describió sus prioridades y fijó objetivos específicos para las semanas y meses próximos. Le verán ir al Congreso y reunirse con los líderes del Senado y de la Cámara, para hablar sobre las prioridades de la política exterior y elaborar con los legisladores la manera de representar y defender con firmeza los intereses de Estados Unidos.
Creo que el hecho de que la política exterior no haya sido una cuestión palpitante en la campaña electoral del año pasado no quiere decir que no haya sido importante. Significó que la cuestión de más trascendencia --si Estados Unidos debe participar o retirarse de los asuntos del mundo--, ha sido decidida por la mayoría de ambos partidos a favor de la participación. Ahora trabajaremos con el Congreso para determinar cómo hacerlo. No quiere decir que habrá menos debates o menos intensidad de emociones en los debates, pero creo que es importante reconocer que trabajaremos sobre una base bipartidista con un Congreso en el que la mayoría de ambos partidos se ha decidido a favor de la participación de Estados Unidos en el exterior para proteger los intereses de los ciudadanos norteamericanos.
PREGUNTA: Usted mencionó la importancia de la ampliación de la OTAN para la administración. ¿Cuáles son sus expectativas para la reunión cumbre de julio y también para las relaciones de Estados Unidos con Rusia?
JOHNSON: Estados Unidos está firmemente convencido de que Rusia desempeña una función significativa en la organización de la seguridad futura de Europa. Una relación entre la OTAN y la federación rusa, lo que hemos llamado la Carta, es la manera apropiada de asegurar que así sea. Con este propósito, el secretario general de la OTAN, Javier Solana, ha entablado conversaciones con el ministro de relaciones exteriores de Rusia, Yevgeny Primakov. Es una labor en curso que requerirá trabajo y creemos que favorece mucho los intereses de Estados Unidos, de la OTAN y de Rusia.
En cuanto a la ampliación de la OTAN, creemos que una OTAN ampliada puede desempeñar en Europa Central la función que la OTAN desempeñó en Europa Occidental cuando ésta fue fundada, y esa función es proporcionar una estabilidad y una seguridad reales, y ayudar a estos países a seguir resolviendo las rivalidades que durante mucho tiempo han existido entre ellos.
Creo que aun la posibilidad de convertirse en miembro de la OTAN comienza ya a dar fruto. Hemos visto un acuerdo entre Rumania y Hungría sobre cuestiones territoriales y de minorías que caracterizaron su vida política durante decenas de años, y ahora se ve como Alemania y la República Checa hablan sobre un acuerdo de reconciliación después de la Segunda Guerra Mundial. Este es el tipo de cuestión que ahora se está planteando ante la posibilidad de que se amplíe la OTAN, y la posibilidad de que se amplíen todas las instituciones europeas, incluyendo por supuesto a la Unión Europea. Creemos que son cuestiones dignas de consideración y que interesan mucho a Estados Unidos.
En Bosnia se ha visto lo que la inestabilidad puede causar, y si bien es cierto que no estamos haciendo predicciones para el resto de Europa, es una lección que debemos aprender y buscar maneras de evitarlo. El 8 y 9 de julio en Madrid, cuando los jefes de estado y de gobierno de la OTAN se reúnan, creemos que se adoptará la decisión de seleccionar a nuevos miembros para iniciar conversaciones de ingreso en la OTAN y comenzar el proceso de negociaciones que resultará en la ampliación de la OTAN. Esperamos también que en ese momento se pueda tener una asociación entre la OTAN y Rusia. Creemos también que es el momento apropiado para formalizar y adaptar algunas de las estructuras internas de la OTAN. De modo que hay toda una serie de cuestiones que se pueden plantear en Madrid y creo que la ampliación de la OTAN es una de ellas.
PREGUNTA: En su mensaje sobre el Estado de la Unión, el presidente habló sobre un viaje a la China. ¿Cuáles son las prioridades de Estados Unidos en Asia?
JOHNSON: El presidente está firmemente convencido de que es importante para Estados Unidos que participe China, que es importante que China no esté aislada. China necesita ser parte de la comunidad internacional. Podemos trabajar unidos donde nuestros intereses sean comunes, por ejemplo, en la seguridad de la península coreana o en el tratado de no proliferación --áreas en las que hemos colaborado de manera muy productiva--, y necesitamos hablar de gobierno a gobierno sobre otras cuestiones como la de los derechos humanos donde nuestras diferencias son más profundas.
Nuestras relaciones en Asia son muy extensas. El presidente ve el Pacífico como una parte del mundo con la que Estados Unidos tiene una relación estrecha. En Estados Unidos hay una comunidad activa de Asia y el Pacífico que es parte de nuestra herencia y que hace que seamos una nación más fuerte.
Con Japón hemos establecido una relación firme y de largo tiempo, que se renovó de manera significativa el pasado abril cuando se reafirmó nuestra relación de defensa con la firma del Acuerdo de Seguridad entre Estados Unidos y Japón y la elaboración de un arreglo para la presencia de nuestra fuerzas militares en Okinawa. El presidente ha cultivado una relación muy estrecha con el primer ministro Ryutaro Hashimoto, que me parece ha hecho más fácil la tarea de tratar las cuestiones entre Estados Unidos y Japón, porque no se tratan simplemente a nivel burocrático, a nivel diplomático o a nivel de seguridad. Es un tipo de relación que es más productiva, particularmente con quien ha sido un aliado durante mucho tiempo, como ha sido Japón.
También existe una relación estrecha con nuestro aliado, la República de Corea, en la que se ha colaborado para tratar de lograr una mayor seguridad y estabilidad a la península. Hemos trabajado unidos para congelar el programa de armas nucleares de Corea del Norte y, con el tiempo, desmantelarlo. Hemos logrado adelantos, seguimos una trayectoria positiva, pero se requiere trabajar mucho y continuamente.
El intercambio económico entre Estados Unidos y el Asia Sudoriental ha aumentado en grandes proporciones. Es una ventaja tremenda para nosotros en términos del mercado, así como para las naciones del Asia Sudoriental que, según me parece, aprecian la estabilidad y la seguridad que proporciona la presencia continua de Estados Unidos en esa área. Tenemos unos 100.000 soldados en el Pacífico y creo que las naciones del Asia Sudoriental, y de la región en general, ven a Estados Unidos como un elemento de la estabilidad que les hace posible tener la prosperidad que evidentemente están disfrutando.
Australia es un muy buen socio nuestro. El presidente disfrutó mucho de su visita a ese país. Ya que ambos son países de inmigrantes, compartimos muchos problemas y actitudes frente a la vida, y hubo la oportunidad no solo de hablar sobre a dónde se dirige esa relación, sino también de disfrutar al aire libre en Australia y de hablar del medio ambiente, que tanta importancia tiene para el presidente Clinton.
Tenemos relaciones muy fuertes con varios países de la región, pero el hecho es que cuando el presidente tomó posesión de su cargo, la gente realmente no consideraba la cuenca del Pacífico como una comunidad. Creo que eso empezó a cambiar cuando el presidente fue anfitrión de la reunión de dirigentes de la Cooperación Económica de Asia y el Pacífico Asiático (CEAP) en la Isla Blake, cerca de Seattle, y aprovechó la oportunidad para dar forma a este concepto de una comunidad del Pacífico. Ahora es algo que se da por sentado. Cuando hacemos consultas con nuestros socios en el Pacífico, hablamos sobre la comunidad del Pacífico. Esta es una verdadera oportunidad de la que se dio cuenta el presidente y que ha sabido aprovechar de una manera en la que no lo hicieron sus predecesores.
PREGUNTA: Tengo entendido que el presidente viajará a México en abril, y en mayo viajará a Barbados, Costa Rica, Brasil y Argentina. ¿Por qué ha seleccionado a América Latina para hacer los primeros viajes de su segundo mandato?
JOHNSON: El presidente tenía muchos deseos de viajar a América Latina durante su primer período en el cargo. No le fue posible debido a una serie de razones, y quería ponerle remedio a ello. México es nuestro tercer socio comercial y el segundo en el mercado de exportaciones, y son muchos los lazos culturales entre Estados Unidos y México. Es una relación de riqueza, pero también de problemas, y esta visita será una oportunidad para intentar hablar sobre esos problemas, y de cómo se puede trabajar con México y Canadá como socios de libre comercio para poder extender más esa relación en América Latina.
La visita a Barbados, en la que se reunirá con dirigentes del Caribe, es una escala muy seria y significativa de su recorrido. Quiere reunirse en Costa Rica con los dirigentes de los países de América Latina para hablar con ellos sobre la sorprendente transformación que se ha efectuado en ese área en los últimos años. La guerra civil de más duración de Centroamérica ha llegado a su fin y a Guatemala, como a los demás países de Centroamérica, les espera un futuro brillante.
El presidente quiere hablar con la gente de Brasil y Argentina sobre su idea para una asociación entre Estados Unidos y América Latina en virtud de la cual trabajaríamos unidos en cuestiones de interés común. La Iniciativa de la Cumbre de las Américas es muy significativa. Además, es importante el hecho que el presidente haya nombrado a uno de sus amigos y asesores más cercanos, Mack McClarty, como enviado especial a las Américas.
PREGUNTA: ¿Pasando a otra parte del mundo, cómo ve usted la posibilidad de lograr el proceso de paz en el Mediano Oriente?
JOHNSON: El presidente considera con el primer ministro Binyamin Netanyahu de Israel, el presidente Hosni Mubarak de Egipto, el Rey Hussein de Jordania y Yasser Arafat de la Organización de Liberación de Palestina las maneras en que, en la opinión de ellos, se debe proceder con el proceso de paz en le Mediano Oriente. Creo que estamos ante la oportunidad de lograr más adelantos, pero no es algo que ocurrirá rápidamente. Pero, nuevamente, si se observa los cuatro años pasados, los éxitos del presidente y de sus negociadores han sido verdaderamente extraordinarios. Existe la posibilidad, si se sigue trabajando arduamente y con la buena fe de ambas partes, de alcanzar el éxito durante los próximos años.
PREGUNTA: La administración ha declarado que la propuesta Fuerza de Respuesta a Crisis de Africa será una de las prioridades de la administración el próximo año. ¿Qué objetivos espera lograr la administración?
JOHNSON: Sería una fuerza constituida por ciudadanos africanos que podría atender problemas regionales dentro de la misma Africa, pero es una idea que se encuentra todavía en etapa de discusión. Hemos visto como en años anteriores han surgido problemas en Africa que necesitan una respuesta de Africa, es muy difícil responder desde Europa o América del Norte. Lo que podemos hacer es proporcionar equipo, capacitación y mucha ayuda política a dicha fuerza, y podríamos desempeñar en el futuro una función muy importante en términos de la ayuda que podemos proporcionar a la seguridad y a la estabilidad que contribuyen al desarrollo que Africa necesita tan desesperadamente.
PREGUNTA: ¿Cuáles son los planes de la administración en torno a la labor conjunta con las Naciones Unidas para intentar lograr los objetivos de política exterior de Estados Unidos, y particularmente sobre la cuestión de la reforma de las Naciones Unidas y el pago de las cuotas atrasadas de Estados Unidos a este organismo internacional?
JOHNSON: El presidente se siente muy entusiasmado por la gestión de reforma que dirigirá el nuevo secretario general de las Naciones Unidas. Estados Unidos es, por mucho, el mayor contribuyente de las Naciones Unidas. Además del financiamiento que proporcionamos directamente, la labor que hacemos en el exterior con nuestras fuerzas militares y nuestras gestiones diplomáticas proporcionan un apoyo a las Naciones Unidas que las demás naciones no están en posición de proporcionar. Creemos que las Naciones Unidas es lo que los militares llaman un multiplicador de fuerza. Cuando trabajamos con la comunidad internacional, se pueden multiplicar los recursos de los que disponemos, sean materiales o políticos, para ayudar a resolver los problemas. Ya se trate de narcóticos, terrorismo o de amenazas verdaderas a la paz y a la estabilidad en varias partes del mundo, las Naciones Unidas a menudo pueden hacer cosas que nos sería muy difícil hacer por cuenta propia o que nos resultaría muy costoso realizar.
Lo que se necesita es que las Naciones Unidas no esté inflada y demasiado burocratizada, sino que esté organizada de forma más eficiente para poder hacer frente a los problemas del siglo XXI. Creemos que el secretario general Kofi Annan puede hacer mucho sobre este respecto, nuestro propósito es hacer todo lo posible para apoyar esa gestión.
PREGUNTA: ¿Y sobre el pago de cuotas atrasadas de Estados Unidos a las Naciones Unidas?
JOHNSON: Lo que queremos hacer es trabajar con las Naciones Unidas. No queremos proporcionar fondos a una organización que desaprovecha el dinero. Queremos utilizar el proceso de pago de esas cuotas atrasadas para adelantar la reforma, para ser un impulsor y un agente catalítico que haga avanzar la reforma por un camino positivo.
PREGUNTA: ¿Cómo trabajarán la administración y el Senado para obtener el consentimiento de este último y ratificar la Convención de Armas Químicas antes de que ésta sea puesta en vigor el 29 de abril?
JOHNSON: Creemos que se debe tratar la cuestión de la Convención sobre una base bipartidista y estamos dialogando con los senadores. La ratificación de la convención por Estados Unidos antes de que ésta sea puesta en vigor nos hará posible ayudar a organizarla; ayudar a establecer los procedimientos de inspección y estar allí presentes para proporcionar lo que creemos será la mejor influencia posible. Este ha sido un proyecto republicano y democrático desde hace años, negociado por la administración Reagan, apoyado por las administraciones democráticas y republicanas, y creemos que es uno de los intereses del pueblo norteamericano. Estamos decididos a trabajar con el senado para hacer lo que sea necesario para ver que este proceso siga adelante.
PREGUNTA: ¿Aparte de la Convención de Armas Químicas, cuáles son otras importantes prioridades en el área de control de armamentos?
JOHNSON: Hay dos series de prioridades importantes que puedo mencionar. Una es la continuación de nuestra labor con Rusia para lograr la ratificación de START II en el parlamento ruso y llevar ese acuerdo a la práctica, lo que reduciría significativamente las armas nucleares de nuestro arsenal y el de Rusia, y una vez hecho eso, pasaríamos a considerar otras reducciones.
El otro que mencionaría es que estamos decididos a trabajar en la Conferencia de Desarme en Ginebra para lograr el objetivo del presidente de una prohibición internacional de las minas antipersonales. Esperamos que, mediante la Conferencia de Desarme, se logre un acuerdo que prohíba universalmente estas minas, y que sea un acuerdo no sólo entre las naciones de un mismo parecer, que de todas maneras no exportarían estas minas, sino que tengamos un acuerdo que incluya a todas las naciones que puedan exportarlas o que puedan sentirse tentadas a utilizar estos llamados asesinos ocultos.
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicación Electrónica del
USIS, Vol. 2, No. 1, Marzo de 1997