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En el siglo XXI las fuerzas militares de Estados Unidos deben estar preparadas para enfrentar una amplia gama de problemas de seguridad, incluso los que no pueden preverse todavía, pero que "probablemente surgirán", dice Cohen. Estados Unidos, observa, debe aprovechar "las tecnologías avanzadas, particularmente la tecnología de la información ... a fin de capacitar a nuestras fuerzas conjuntas del futuro para que puedan dominar al adversario en toda la gama de operaciones militares". A continuación se presentan extractos de las declaraciones que Cohen suministró por escrito a las preguntas que le formularon en enero los miembros de la Comisión de Servicios Armados del Senado.
PREGUNTA: ¿En su opinión, cuáles serán las amenazas más importantes para Estados Unidos en los próximos 20 años y qué se requiere para preparar a las fuerzas militares del país para enfrentarlas?
COHEN: Seguirán existiendo peligros de carácter regional, tales como tentativas de coerción en perjuicio de los aliados, amigos o intereses de Estados Unidos, o inestabilidad en algún lugar que amenace nuestros intereses. A corto plazo, tanto Irán como Corea del Norte siguen representando una amenaza inmediata para los aliados y los amigos. Además, la proliferación de tecnologías avanzadas, especialmente en armas nucleares, biológicas y químicas y los medios para transportarlas, será una amenaza considerable y creciente para Estados Unidos y nuestros aliados.
Además, existen otras tendencias que pueden presentar problemas adicionales para Estados Unidos. Existe el potencial de una competencia mayor entre las potencias principales, ya que muchos países importantes continúan creciendo económicamente y aumentando su potencial militar. También aumentan las amenazas transnacionales provenientes de la delincuencia organizada, el terrorismo y el tráfico internacional de drogas.
Más aun, tendremos que seguir cautelosos en cuanto a las amenazas potenciales al territorio mismo de Estados Unidos. Aunque la amenaza nuclear en ese sentido ha disminuido considerablemente desde que terminó la Guerra Fría, debemos vigilar cautelosos los arsenales nucleares que hay en Rusia y en China y las armas de destrucción en masa que están en manos de estados forajidos y organizaciones terroristas.
También debemos permanecer conscientes de que pueden presentarse, y probablemente se presentarán, amenazas que hoy no podemos prever.
PREGUNTA: ¿Cuáles serán las prioridades de su presupuesto de defensa, y cómo diferirán de las actuales?
COHEN: Las prioridades que tuvo en cuenta el (ex) secretario de Defensa Perry, al idear la estrategia de su presupuesto (año fiscal 1998), fueron: Completar con éxito la reducción, sin perder la capacidad militar o la preparación; proteger nuestro personal mediante compensación y calidad de vida apropiados y, orientar los recursos hacia la modernización a medida que se logran ahorros mediante reducción y eficiencia.
En términos generales soy partidario de esas prioridades, aunque reconozco que cuando se complete la reducción habrá que dirigir el énfasis hacia la modernización.
PREGUNTA: La Revisión de Abajo a Arriba (un nuevo reexamen de la estrategia y la estructura de las fuerzas estadounidenses realizado en 1993 por el entonces Secretario de Defensa Les Aspin) se basa en una estrategia militar según la cual las fuerzas estadounidenses deben tener la capacidad requerida para luchar en dos Conflictos Importantes Regionales (CIR) casi simultáneamente. ¿Hay otra estrategia alterna que usted piensa considerar?
COHEN: El Departamento (de Defensa) se encuentra en plena Revisión Cuatrienal de Defensa (RCD), que, entre otras cosas, examina las opciones de estrategias de defensa. Esta parte de la revisión no considera solamente los CIR, sino toda una gama de retos para Estados Unidos en el ámbito de la seguridad internacional. Estos retos van desde contingencias a escala más pequeña, como demostraciones de poder y operaciones de evacuación que no implican combate, hasta guerras regionales a gran escala y la aparición potencial de un importante competidor en seguridad en 10 o 15 años.
PREGUNTA: Anteriormente el Departamento de Defensa programaba su investigación a fin de hacer frente a las "amenazas" complejas que consideraba parte de la Guerra Fría. Muchos creen que este modelo basado en amenazas es poco pertinente en la era posterior a la Guerra Fría de los últimos años. ¿Cuáles serían sus prioridades para la investigación futura?
COHEN: El acierto con que invirtamos hoy influirá enormemente en la preparación que tengan nuestras fuerzas futuras para actuar con éxito cuando se las llame a proteger nuestros intereses nacionales. De hecho, la tecnología que alimenta la revolución de hoy en día en cuestiones militares es, en gran parte, producto de las inversiones en investigación que se realizaron en el pasado. Además de disuadir del conflicto, contrarrestar la proliferación de armas de destrucción en masa y tener la habilidad necesaria para lograr victorias rápidas y decisivas, con un mínimo de bajas, en futuros campos de batalla, nuestros militares deben también realizar una buena labor en operaciones que no sean de guerra. El período posterior a la Guerra Fría ha sido muy impredecible. El pronóstico para el siglo XXI es igualmente incierto. No obstante, existe una certidumbre, nuestra capacidad para enfrentar con éxito esta incertidumbre la determinarán, en gran medida, las opciones y conceptos que produzca nuestra inversión en la investigación.
PREGUNTA: ¿Cómo evaluaría la respuesta estadounidense hasta ahora a la revolución en cuestiones militares y los planes del Departamento para responder en el futuro?
COHEN: Los avances en la investigación (tales como microprocesadores, supercomputadoras, telecomunicaciones sin hilos, materiales avanzados y sensores) han producido capacidades revolucionarias (tales como aviones indetectables, armas ingeniosas, el sistema de ubicación mundial mediante satélite y la vigilancia desde el espacio) han alterado fundamentalmente el carácter y la conducción de las operaciones militares.
La Visión Conjunta 2010 del Jefe (de Estado Mayor Conjunto) cuenta con la ventaja de las tecnologías avanzadas, en particular con la tecnología de la información, para fundamentar cuatro nuevos conceptos operacionales: Maniobra dominante, acción de precisión, protección de dimensión completa y logística conjunta concentrada. Estos nuevos conceptos operacionales se combinan para que nuestras futuras fuerzas conjuntas puedan tener la capacidad necesaria para dominar al adversario en toda la gama de operaciones militares.
Debemos reducir el tiempo que toma desde el desarrollo de la tecnología hasta su utilidad en el campo de batalla. Esto es particularmente cierto en lo que se refiere al aprovechamiento de la revolución en las telecomunicaciones. Tenemos que mejorar constantemente nuestros sistemas de información mediante la introducción de tecnología. Si la tecnología de la información cambia cada dos años, no podemos esperar modernizar nuestros sistemas militares de información siguiendo el proceso de adquisición de la época de la Guerra Fría, cuando tomaba 10 a 15 años llevar al campo de batalla un sistema de armamento. Este es un objetivo principal de las reformas actuales del sistema de adquisiciones.
La visión del 2010 depende de nuestra habilidad para llevar al campo de batalla la tecnología superior que se requiere para lograr el predominio total de fuerza capaz de obtener una victoria rápida y decisiva con un mínimo de bajas. Es esencial mantener un nivel adecuado de inversión en investigación y desarrollo para hacer realidad esta visión.
PREGUNTA: La cuestión de la eventual participación de las fuerzas estadounidenses en situaciones potencialmente peligrosas, incluso la participación en las operaciones de mantenimiento de la paz y aplicación de la paz de las Naciones Unidas, es probablemente la decisión más importante y difícil que tienen que tomar las autoridades del comando nacional. ¿Cuál es su criterio para tales decisiones?
COHEN: Creo que las decisiones sobre el uso de las fuerzas deben depender de los intereses nacionales en juego en una situación determinada y de un examen de si tales intereses justifican el costo y riesgo que implica el empleo de las fuerzas militares.
Hay tres categorías básicas de intereses nacionales que justifican el empleo de las fuerzas militares de Estados Unidos: Vitales, importantes y humanitarios. Los intereses vitales son los que atañan a la defensa del territorio estadounidense, sus ciudadanos, sus aliados y su bienestar económico. Estados Unidos hará lo que se sea necesario para defender esos intereses. Ejemplo de éstos es la derrota de la agresión iraquí en Kuwait con la Operación Tormenta del Desierto y las respuestas rápidas a las provocaciones militares iraquíes, conocidas como Operaciones Guerrero Vigilante (octubre de 1994) y Centinela Vigilante (octubre de 1995). Hay ocasiones en que la defensa de intereses vitales puede requerir el empleo unilateral y decidido del poder militar.
Los intereses importantes, pero no vitales, para Estados Unidos son aquellos que no afectan la supervivencia nacional o el bienestar nacional, pero que ciertamente afectan la calidad de vida de los estadounidenses y la naturaleza del mundo en que vivimos. En tales casos, las fuerzas militares deben emplearse sólo si al hacerlo se fomentan dichos intereses estadounidenses, si se tienen objetivos claramente definidos y alcanzables, si el costo y riesgo de su empleo se justifica por los intereses que están en juego y si se han tratado otros medios sin lograr los objetivos del país. Este empleo de las fuerzas para lograr objetivos limitados debe corresponder a la importancia relativa de los intereses afectados.
Finalmente, Estados Unidos puede decidir utilizar las fuerzas militares, aunque probablemente no la fuerza, para promover intereses humanitarios. Generalmente las fuerzas militares no son el instrumento más apropiado para atender problemas de naturaleza humanitaria pero, en ciertas circunstancias, puede ser conveniente utilizar las fuerzas militares estadounidenses cuando una catástrofe de carácter humanitario sobrepasa la capacidad de los organismos de socorro para responder; cuando la necesidad del auxilio es urgente y sólo los militares pueden responder en forma inmediata, dando así tiempo a las agencias civiles para emprender una ayuda más prolongada; cuando la respuesta requiere recursos que son únicos de las fuerzas militares; y cuando el riesgo para las tropas estadounidenses es mínimo.
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicación Electrónica del
USIS, Vol. 2, No. 1, Marzo de 1997