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Las prioridades de política exterior del presidente para los próximos cuatro años se describen en este extracto de su discurso anual sobre el Estado de la Unión pronunciado en sesión conjunta del Congreso el 4 de febrero de 1997.
Para preparar a Estados Unidos para el siglo XXI debemos dominar las fuerzas del cambio en el mundo y mantener un liderazgo estadounidense fuerte y seguro para una época cuyos contornos no han sido trazados todavía.
Hace 50 años un Estados Unidos previsor lideró en la creación de las instituciones que aseguraron la victoria en la Guerra Fría y establecieron una economía mundial creciente. Hoy, como resultado, más gente que nunca comparte nuestros ideales y nuestros intereses. Ya hemos derribado muchos de los bloques y barreras que dividían el mundo de nuestros padres. Por primera vez, más gente vive en democracias que en dictaduras, incluyendo a todas las naciones de nuestro hemisferio, salvo una, y su día llegará también.
Ahora nos encontramos ante otro momento de cambio y decisión y en otro momento que requiere previsión, para dar a Estados Unidos 50 años más de seguridad y prosperidad. En esta empresa nuestra primera tarea es ayudar a establecer, por primera vez, una Europa indivisa y democrática. Cuando Europa es estable, es próspera y está en paz, Estados Unidos está más seguro.
Para ello, debemos ampliar la OTAN para 1999, a fin de que los países que fueron una vez nuestros adversarios puedan convertirse en nuestros aliados. En la cumbre especial de la OTAN este verano, eso es lo que empezaremos a hacer. Debemos reforzar la Asociación de la OTAN para la Paz con aliados no miembros. Y debemos establecer una asociación estable entre la OTAN y una Rusia democrática. Una OTAN ampliada es buena para Estados Unidos, y una Europa en la que todas las democracias definan su futuro no en términos de lo que se pueden hacer unas a otras, sino en términos de lo que pueden hacer juntas para el bien de todas --esa clase de Europa es buena para Estados Unidos.
Segundo, Estados Unidos debe mirar hacia el Este no menos que hacia el Oeste. Nuestra seguridad así lo exige. Estados Unidos ha librado tres guerras en Asia en este siglo. Nuestra prosperidad así lo requiere. Más de dos millones de empleos estadounidenses dependen del comercio con Asia.
Allí también estamos contribuyendo a forjar una comunidad de Asia y el Pacífico de cooperación, no de conflicto. No dejemos que el progreso que allí se está produciendo sirva para enmascarar el peligro que aún existe. Junto con Corea del Sur, debemos impulsar las conversaciones de paz con Corea del Norte y salvar la última línea divisoria de la Guerra Fría. Y también insto al Congreso a financiar nuestra parte del acuerdo según el cual Corea del Norte debe seguir congelando y finalmente desmantelar su programa de armas nucleares.
Debemos entablar un diálogo más profundo con China, en bien de nuestros ideales y de nuestros intereses. Una China aislada no es buena para Estados Unidos. Una China que desempeñe la función que le corresponde en el mundo, sí lo es. Yo iré a China, y he invitado al presidente de China a venir aquí, no porque estemos de acuerdo en todo, sino porque mantener relaciones con China es la mejor forma de resolver nuestros problemas comunes, tales como poner fin a los ensayos nucleares, y discutir con franqueza nuestras diferencias fundamentales, como los derechos humanos.
El pueblo de Estados Unidos debe prosperar en la economía mundial Hemos trabajado con denuedo para eliminar barreras comerciales en el exterior y poder crear buenos trabajos en casa. Estoy orgulloso de decir que hoy Estados Unidos es, una vez más, el país más competitivo y el exportador número uno del mundo.
Ahora tenemos que actuar para ampliar nuestras exportaciones, sobre todo a Asia y América Latina --dos de las regiones de crecimiento más rápido de la Tierra-- o nos quedaremos atrás mientras estas economías incipientes establecen nuevos lazos con otros países. Por eso es por lo que necesitamos autoridad para concertar nuevos acuerdos comerciales que abran mercados a nuestros bienes y servicios al mismo tiempo que protegemos nuestros valores.
No nos tenemos que dejar intimidar por el desafío de la economía mundial. Después de todo, tenemos los mejores trabajadores y los mejores productos. En un mercado verdaderamente abierto, podemos competir con cualquiera, en cualquier lugar del mundo.
Pero aquí se trata de algo más que de economía. Al ampliar el comercio, podemos promover la causa de la libertad y la democracia en todo el mundo. No hay mejor ejemplo de esto que América Latina, donde la democracia y los mercados abiertos están yendo de la mano. Esto es por lo que iré a visitarla en la primavera para reforzar nuestros importantes vínculos.
Todos nos debemos enorgullecer de que Estados Unidos dirigiera la campaña para rescatar a nuestro vecino, México, de su crisis económica. Y todos nos debemos enorgullecer de que el mes pasado México saldara la deuda con Estados Unidos, tres años antes de la fecha prevista, lo que nos ha reportado un beneficio de 500.000 dólares.
Estados Unidos debe seguir siendo una fuerza infatigable por la paz, del Oriente Medio a Haití, de Irlanda del Norte a Africa. Correr riesgos razonables por la paz nos libra de ser arrastrados a conflictos mucho más costosos más tarde. Con el liderazgo de Estados Unidos, las matanzas han cesado en Bosnia. Ahora debe arraigar el hábito de la paz. La nueva fuerza de la OTAN permitirá acelerar el proceso de reconstrucción y reconciliación. Esta noche, pido al Congreso que continúe prestando su firme apoyo a nuestras tropas. Están haciendo una espléndida labor allí por Estados Unidos y Estados Unidos debe tratarlas como se merecen.
Quinto, debemos actuar con firmeza frente a las nuevas amenazas a nuestra seguridad. En los últimos cuatro años, acordamos prohibir --encabezamos el movimiento hacia un acuerdo mundial para prohibir los ensayos nucleares. Junto con Rusia, redujimos radicalmente los arsenales nucleares y dejamos de apuntar mutuamente a nuestros respectivos ciudadanos. Estamos trabajando para impedir que el material nuclear caiga en malas manos y para librar al mundo de las minas terrestres. Estamos trabajando con otros países con renovada intensidad para combatir a los narcotraficantes y parar a los terroristas antes de que puedan actuar, y exigirles plenas responsabilidades si lo hacen.
Ahora, tenemos que superar una nueva prueba de liderazgo: la ratificación de la Convención sobre las Armas Químicas. Que quede bien claro, esta Convención protegerá más a nuestras tropas de los ataques químicos y nos ayudará a combatir el terrorismo. Ninguna obligación es más importante para nosotros, especialmente después de lo que ahora sabemos de la Guerra del Golfo. Este tratado ha sido bipartidista desde el principio, ha estado apoyado por gobiernos demócratas y republicanos y por miembros republicanos y demócratas del Congreso, y ya ha sido aprobado por 68 países.
Pero si no actuamos para el 29 de abril, cuando esta Convención entra en vigor, perderemos la oportunidad de que Estados Unidos encabece y ejecute esta tarea. Juntos, debemos dar fuerza de ley a la Convención sobre las Armas Químicas para que, finalmente, podamos empezar a proscribir el gas tóxico de la Tierra.
Finalmente, debemos disponer de los medios de realizar todas estas tareas. Debemos mantener una fuerza militar poderosa y presta. Debemos incrementar los fondos destinados a la modernización de armas para el año 2000, y debemos dar la atención debida a nuestros hombres y mujeres uniformados. Son los mejores del mundo.
También debemos renovar nuestro compromiso con la diplomacia de Estados Unidos y saldar nuestras deudas con instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, y con unas Naciones Unidas en reforma. Cada dólar que dedicamos a evitar conflictos, promover la democracia, detener la propagación de las enfermedades y el hambre, nos produce un rendimiento en seguridad y ahorros. Sin embargo, el gasto en asuntos internacionales es hoy sólo el uno por ciento del presupuesto federal, una pequeña fracción de lo que Estados Unidos invirtió en diplomacia para elegir el liderazgo a la evasión al comienzo de la guerra fría. Si Estados Unidos quiere continuar dirigiendo al mundo, quienes dirigimos Estados Unidos tenemos que encontrar, sencillamente, la voluntad de pagar nuestro billete.
Una Norteamérica previsora hizo del mundo un lugar mejor a lo largo de los últimos 50 años. Y lo mismo puede hacer durante otros 50 años. Pero una Norteamérica miope no tardará en ver cómo sus palabras caen en oídos sordos en todo el mundo.
Hace casi exactamente 50 años, durante el primer invierno de la guerra fría, el presidente Truman se presentó ante un Congreso republicano e hizo un llamamiento a nuestro país para que asumiera sus responsabilidades como líder. Esta fue su advertencia, dijo: "Si fracasamos, podemos poner en peligro la paz del mundo y, es seguro que pondremos en peligro el bienestar de este país". Aquel Congreso, controlado por republicanos como el senador Arthur Vandenberg, respondió al llamamiento del presidente Truman. Juntos, hicieron los compromisos que fortalecieron nuestro país durante 50 años.
Ahora, hagamos nosotros otro tanto. Hagamos lo que es necesario para seguir siendo el país indispensable, para mantener a Estados Unidos fuerte, seguro y próspero durante otros 50 años.
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicación Electrónica del
USIS, Vol. 2, No. 1, Marzo de 1997