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Estados Unidos "debe continuar creando una estructura de mundo nuevo, adaptada a los requerimientos de un nuevo siglo, que proteja a nuestros ciudadanos y a nuestros amigos, refuerce nuestros valores y asegure nuestro futuro", dice Madeleine Albright. Los elementos esenciales de esa estructura se describen en el siguiente artículo basado en fragmentos del testimonio de la señora secretaria en su audiencia de confirmación ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado en enero de 1997.
Hemos recorrido más de la mitad del camino desde la desintegración de la Unión Soviética hasta el inicio de un nuevo siglo. Nuestra nación es respetada y reina la paz. Nuestras alianzas son vigorosas. Nuestra economía es fuerte. Y desde los rincones más distantes de Asia, y las nacientes democracias de Europa Central y de Africa, hasta la comunidad de democracias que existe dentro de nuestro propio hemisferio --salvo por la Cuba de Castro, única excepción temporal a esa comunidad-- las instituciones e ideales norteamericanos son el modelo de quienes tienen o aspiran a la libertad.
Todo ello no se debe a la casualidad y su continuación no es de ninguna manera inevitable. El progreso democrático debe ser mantenido tal como fue creado: Por el liderazgo norteamericano. Y tenemos que mantener nuestro liderazgo si es que se han de proteger nuestros intereses en todo el mundo.
Hoy día no es suficiente decir que el comunismo ha fracasado. Debemos continuar creando una nueva estructura adaptada a los requerimientos de un nuevo siglo que proteja a nuestros ciudadanos y a nuestros amigos, refuerce nuestros principios y asegure nuestro futuro. Al así hacerlo, no se deben dirigir nuestras energías contra una sola ideología virulenta, como hicieron nuestros predecesores. Afrontamos una serie de amenazas, unas tan antiguas como los conflictos étnicos y otras tan nuevas como las cartas bomba; algunas a largo plazo como el calentamiento global y otras tan peligrosas como es que las armas nucleares caigan en manos equivocadas.
Para hacer frente a esta variedad de amenazas, se necesitará toda una variedad de herramientas de política exterior. Es por ello que nuestras fuerzas armadas deben seguir siendo las mejor dirigidas, mejor capacitadas y más respetadas del mundo. A ese objetivo se ha comprometido el presidente Clinton y así lo aseguran nuestros líderes militares.
Es por ello también que necesitamos de una diplomacia de primera clase. La fuerza, y el convencimiento de otros de que la fuerza será utilizada, son esenciales para defender nuestros intereses primordiales y mantener la seguridad de Estados Unidos. Pero la fuerza por sí sola puede ser un instrumento contundente y hay muchos problemas que no puede resolver.
Para ser eficaces, la fuerza y la diplomacia deben complementarse y reforzarse mutuamente. Porque habrá muchas ocasiones y en muchos sitios en los que dependeremos de la diplomacia para proteger nuestros intereses, y esperamos que nuestros diplomáticos defiendan esos intereses con destreza, sabiduría y decisión.
Una de mis tareas más importantes será trabajar con el Congreso para asegurar la excepcional representación diplomática que merece nuestro pueblo y que requieren nuestros intereses. No podemos escatimar en esto. Debemos invertir los recursos necesarios para mantener el liderazgo norteamericano. Consideren los riesgos. De lo que hablo es de un uno por ciento de nuestro presupuesto federal, pero un uno por ciento que muy bien podría llegar a decidir el 50 por ciento de la historia que se escribe en nuestra era.
Además, quiero trabajar con el Congreso para alentar una reforma continuada y pagar nuestras cuentas en las Naciones Unidas; una organización que los norteamericanos ayudaron a crear, que refleja los ideales que compartimos y que está al servicio de nuestros objetivos de estabilidad, imperio de la ley y cooperación internacional que son para nuestro bien.
Cualquier estructura para un liderazgo norteamericano debe incluir medidas para controlar la amenaza que representan las armas de destrucción masiva y de terror; para aprovechar las oportunidades que existen de resolver conflictos regionales peligrosos; para mantener a Estados Unidos como eje de una economía mundial en expansión; y para defender los principios muy preciados de democracia y ley.
Sin embargo, en el centro de esa estructura están nuestras alianzas y nuestras relaciones claves. Estos son los lazos que no sólo sostienen nuestra política exterior, sino todo el sistema internacional.
Un ejemplo importante es la asociación transatlántica. Una de las principales lecciones que se ha aprendido en este siglo es que Estados Unidos debe mantenerse como una potencia europea y, hoy, gracias a las gestiones del presidente Clinton y del secretario Christopher, el liderazgo norteamericano en Europa se encuentra afianzado en suelo firme.
En julio, en la cumbre de la OTAN en Madrid, la alianza discutirá la seguridad europea, inclusive la adaptación de la OTAN a nuevas misiones y estructuras, un esquema para una mejor consulta y cooperación con Rusia, y su propia ampliación.
El propósito de la ampliación es hacer por el este de Europa lo que la OTAN ya hizo por el oeste de Europa hace 50 años, integrar nuevas democracias, derrotar viejos odios, proporcionar confianza en la recuperación económica y disuadir contra conflictos.
Los que dicen que la ampliación de la OTAN debe esperar a que aparezca una amenaza militar no comprenden la esencia del asunto. La OTAN no es una fuerza civil armada como las del viejo oeste salvaje que se moviliza sólo cuando hay un grave peligro inminente. Es una alianza permanente, un eje de estabilidad, diseñada para evitar que surjan amenazas serias.
A los que preocupe que la ampliación pueda dividir a Europa, les digo que la OTAN no puede y no debe mantener la vieja Cortina de Hierro como su frontera oriental. Esa fue una división artificial, impuesta a naciones muy dignas, algunas de las cuales están dispuestas ahora a contribuir a la seguridad del continente.
Lo que la OTAN debe y puede hacer es mantener la puerta abierta a la accesión de cada nación europea que pueda sobrellevar las responsabilidades de la alianza y contribuir a sus objetivos, en tanto que crea una asociación fuerte y duradera con todas las democracias de Europa.
Una Rusia democrática puede y debe ser un socio fuerte en la creación de una Europa de más cooperación e integración. El reto del presidente Yeltsin en su segundo mandato será recobrar el impulso para hacer reformas internas y acelerar la integración de Rusia a Occidente. Tenemos un profundo interés en alentar a ese gran país a mantener el rumbo hacia la democracia, a que respete plenamente la soberanía de sus vecinos y se una a nosotros para atender toda una amplia gama de cuestiones de carácter regional y mundial. El futuro de la estabilidad y de la democracia europeas dependen también de la continua aplicación de los Acuerdos de Dayton.
Hoy en Bosnia, casi todas las naciones de Europa trabajan unidas para lograr la estabilidad de una región donde el conflicto que se desató a principios siglo desgarró el continente. Esto es indicativo de un alejamiento de las esferas de influencia y del equilibrio del poder que predominaron en el pasado, y un rechazo explícito de la política basada en la identidad étnica. Asimismo reafirma la premisa en la que se funda la Asociación para la Paz, al demostrar que se ha difundido en Europa el entendimiento de cómo se puede lograr una seguridad común. Estados Unidos debe seguir siendo una potencia europea. Debemos ser y seguiremos siendo una potencia del Pacífico también.
Asia es un continente que experimenta una expansión económica sorprendente, así como un movimiento medido pero constante hacia la democracia. Su vigor comercial refuerza el nuestro y contribuye al interés que tiene su seguridad para nosotros. El presidente Clinton ha dado un lugar predominante en nuestro temario a ésta dinámica región, y pienso dedicarle gran parte de mi atención a las promesas y peligros que ella guarda.
Nuestras prioridades en este sentido son mantener la fuerza de nuestra alianzas más esenciales, en tanto que con China se desarrolla eficazmente nuestra relación de múltiples facetas.
Una relación bilateral fuerte entre Estados Unidos y China es necesaria para ampliar las áreas de cooperación, para reducir la posibilidad de malentendidos y alentar la accesión plena de China como miembro responsable de la comunidad internacional.
Para que haya progreso, nuestros dos países deben tratarse sobre una base de mutua franqueza. Tenemos diferencias profundas, especialmente en áreas como el comercio, transferencia de armas y los derechos humanos, incluyendo Tibet. Nos preocupa la política china sobre la reversión de Hong Kong. Si bien seguiremos adelante con nuestra política d una China, mantendremos lazos fuertes con Taiwán, pues también tenemos muchos intereses en común y hemos trabajado unidos en cuestiones como la península coreana, la criminalidad, el medio ambiente mundial y los ensayos nucleares.
La Guerra Fría puede haber terminado, pero la amenaza a nuestra seguridad que presentan las armas nucleares y otras armas de destrucción masiva solo ha sido reducida y no eliminada. Primero, pediremos al Senado su consentimiento para ratificar la Convención de Armas Químicas antes de que sea puesta en vigor a finales de abril. En el extranjero, trabajaremos con Rusia para asegurar la ratificación por el Duma del Tratado START II, y luego intentaremos obtener reducciones adicionales y límites a las armas estratégicas nucleares. También continuaremos los esfuerzos para llevar a la práctica el llamado del presidente para negociaciones que resulten en la prohibición mundial del uso, acumulación, producción y transferencia de minas antipersonales.
Durante los pasados cuatro años, bajo la dirección del presidente Clinton y el secretario Christopher, Estados Unidos ha sido firme en su apoyo a las fuerzas de mantenimiento de la paz más que a los bombarderos, en áreas del mundo que han sido durante mucho tiempo áreas de conflicto. Nuestro objetivo ha sido crear un clima en el que se reduzcan las amenazas a nuestra seguridad y la de nuestros aliados, y disminuir la probabilidad de que los soldados norteamericanos sean enviados a combate.
Reconocemos que, en la mayoría de los casos, ni Estados Unidos ni ninguna otra fuerza externa puede imponer una solución, pero podemos ayudar para que los que quieren la paz puedan tomar los riesgos necesarios para lograrla.
En el Mediano Oriente, el primer ministro Benjamin Netanyahu de Israel y Yasser Arafat el presidente de la Organización de Liberación de Palestina le reafirmaron al presidente Clinton su decisión de seguir realizando esfuerzos conjuntos para la paz. Estados Unidos seguirá a su lado mientras lo hacen.
En el Mediterráneo, en Chipre, otro desacuerdo de mucho tiempo sigue sin resolución. Estamos listos en este nuevo año a desempeñar una función mayor en la promoción de una resolución en Chipre, pero para que una iniciativa dé fruto, las partes deben acordar medidas que reduzcan las tensiones y hagan posibles las negociaciones directas.
En Irlanda del Norte, nos alienta que las conversaciones entre los diferentes partidos hayan comenzado, pero nos desanima la falta de progreso y firmemente censuramos el regreso del IRA a la violencia. Continuaremos trabajando con los gobiernos irlandeses y británicos, y las demás partes, para ayudar a promover un progreso considerable en las conversaciones.
Al comenzar el cincuentenario de la independencia de India y Pakistán, consideraremos nuevamente la posibilidad de reducir las tensiones que han existido durante mucho tiempo entre estos dos amigos de Estados Unidos. Tenemos un caudal de intereses en esta región, y nos importan en particular la carrera armamentista y la no proliferación nuclear en la misma. India y Pakistán deberían saber que haremos lo que podamos para consolidar su relación con nosotros y fomentar unas mejores relaciones entre ellos, y que esperamos que ambas eviten acciones premeditadas de provocación mutua.
Otra disputa complicada por la historia y la geografía tiene que ver con Armenia, Azerbayán y la situación de Nagorno-Karabakh. La buena noticia es que se ha mantenido un cese al fuego durante más de dos años. La mala noticia es que el progreso en el proceso de Minsk, auspiciado por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), ha sido sumamente lento. Tenemos intereses considerables de índole económica, política y humanitaria en esa región, y estamos dispuestos a desempeñar una función más visible para ayudar a llegar a un acuerdo. Algo que el Congreso puede hacer para aumentar nuestra influencia es levantar las restricciones a la asistencia no militar a Azerbayán, en tanto se sigue dando apoyo a nuestro generoso programa de asistencia en Armenia.
Por último, en Africa Central, estamos trabajando con dirigentes regionales y con nuestros aliados para evitar que una situación que sigue siendo inestable se convierta en una tragedia mayor.
Una medida práctica que podemos tomar es aumentar la capacidad de los países africanos de participar satisfactoriamente en las gestiones de mantenimiento de la paz en la región. Ese es el fin de la Fuerza de Respuesta a Crisis de Africa que fue propuesta por la administración el pasado otoño. Esta propuesta ha generado interés considerable dentro y fuera de la región. Con el apoyo del Congreso, será una prioridad en el próximo año.
En los años venideros, debemos seguir creando un sistema económico mundial que funciones para Estados Unidos. Debido a que nuestra gente es tan productiva e ingeniosa, saldremos adelante donde haya verdadera competencia. Sin embargo, el mantener la equidad del sistema requiere esfuerzo constante. La experiencia nos dice que siempre habrá algunos que intenten sacar ventaja al negar acceso a nuestros productos, al piratear nuestros productos registrados como propiedad intelectual o al fijar precios más bajos que los nuestros mediante la explotación de obreros.
Es por ello que nuestra diplomacia continuará haciendo hincapié en altas normas en lo que respecta a las condiciones de trabajo, el medio ambiente y las prácticas laborales y comerciales. Y es por ello que trabajaremos por un sistema de comercio que establezca y aplique normas justas.
Si bien continuaremos trabajando en estrecha colaboración con nuestros socios del G-7, los beneficios de la integración económica y el comercio más amplio no son y no deben limitarse a los países más desarrollados, especialmente ahora que nuestro programa bilateral de asistencia exterior se está reduciendo. Las iniciativas económicas del sector público y privado son en todas partes un elemento importante de nuestra política exterior. También podemos utilizar recursos para obtener resultados al trabajar con las instituciones financieras internacionales y darles apoyo.
En América Latina, una región de democracias, basaremos nuestra labor sobre lo logrado en la cumbre de las Américas de 1994 a fin de consolidar las instituciones jurídicas y otras instituciones políticas, y fomentar mejores condiciones de vida mediante el comercio libre y la integración económica.
Es alentador que muchos gobiernos africanos faciliten el crecimiento económico por medio de políticas que permiten las actividades de la empresa privada. Trabajaremos hacia la integración de Africa a la economía mundial, participaremos en esfuerzos para aliviar la carga de la deuda, y ayudaremos a países meritorios, cuando nos sea posible, por medio de programas específicos de ayuda bilateral.
Estos son algunos, pero de ninguna manera todos los desafíos y oportunidades principales que enfrentaremos en los próximos cuatro años. Es evidente que tenemos mucho que hacer.
Al rechazar las tentaciones del aislamiento y al mantenernos firmes junto con los demás países del mundo que comparten nuestros valores, promoveremos nuestros intereses; honraremos nuestras mejores tradiciones; y ayudaremos a contestar los ruegos por la paz, la libertad, pan sobre la mesa y por lo que el presidente Clinton calificó tan elocuentemente como "el sencillo milagro de una vida normal".
Agenda de la
política exterior de los Estados Unidos de
América
Publicación Electrónica del
USIS, Vol. 2, No. 1, Marzo de 1997