ESTABLECER LA AGENDA
DE LA POL・ICA EXTERIOR DE ESTADOS UNIDOS

Por el senador Jesse Helms

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photo of Jesse Helms Los republicanos, que ahora controlan la Casa Blanca y ambas c・aras legislativas, tienen la oportunidad ・ica de dar un nuevo rumbo a la pol・ica exterior, afirma el senador Helms. El senador estima que se impulsar・ una serie de cuestiones prioritarias de pol・ica exterior para promover la libertad y la democracia en todo el mundo y, al mismo tiempo, reducir "la inflada burocracia de la ayuda exterior de Estados Unidos". Helms es presidente del Comit・de Relaciones Exteriores del Senado. Los comentarios que presentamos aqu・son fragmentos de una conferencia que pronunci・el 11 de enero en la entidad American Enterprise Institute.


No podemos, ni debemos, pasar por alto el hecho de que algo ha cambiado en Washington. Por primera vez en cincuenta a・s, los republicanos controlan la Casa Blanca, el Senado y la C・ara de Representantes. Esto significa que los republicanos pueden tener una oportunidad ・ica de establecer el programa de pol・ica exterior, sobre todo respecto en asuntos exteriores. Debemos aprovechar, y aprovecharemos, esta oportunidad.

Una de las primeras prioridades del Comit・de Relaciones Exteriores del Senado este a・ ser・dar su ayuda al presidente Bush para poner en pr・tica sus ideales de "conservadurismo compasivo". Durante la campa・ electoral, el presidente present・a grandes rasgos una doctrina para potenciar las organizaciones privadas de beneficencia y las instituciones religiosas para ayudar a los m・ necesitados del pa・. Continu・con esta promesa: "siempre que mi administraci・ vea una responsabilidad de ayudar al pueblo, nos dirigiremos en primer lugar a las instituciones ben・icas religiosas y las agrupaciones comunitarias que han demostrado su capacidad de salvar y cambiar vidas... Convocaremos a los ej・citos de la compasi・ en nuestras comunidades para librar una guerra muy diferente contra la pobreza y la desesperanza".

Les aseguro que si podemos desplegar a esos "ej・citos de la compasi・" en Estados Unidos, podemos y debemos desplegarlos en todo el mundo. Ha llegado el momento de rechazar lo que el presidente Bush ha calificado acertadamente como la "compasi・ fallida de las abrumadoras burocracias distantes" y potenciar, en cambio, las agrupaciones religiosas privadas, que se preocupan m・ por los necesitados.

Me propongo trabajar con la administraci・ Bush para reemplazar la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) con una nueva Fundaci・ de Desarrollo Internacional con la misi・ de hacer "donaciones en bloque" para apoyar la labor de los organismos privados de socorro y de instituciones religiosas como Samaritan's Purse, Servicios Cat・icos de Ayuda y otras semejantes.

Reduciremos el tama・ de la inflada burocracia estadounidense en la ayuda exterior; entonces, usaremos cada centavo ahorrado para potenciar a esos "ej・citos de la compasi・" para que puedan ayudar a los m・ necesitados del mundo.

Mientras trabajamos en mejorar los medios con que Estados Unidos ayuda a quienes tienen necesidades materiales, tambi・ debemos prestar atenci・ a otra necesidad: la necesidad de libertad humana. Porque una pol・ica exterior que no se basa en la libertad no es ni compasiva ni conservadora.

El decenio de 1990 estuvo marcado por enormes adelantos democr・icos. En sus primeros a・s presenciamos el colapso del comunismo en Europa Central y Oriental y en su ・timo a・, la transferencia pac・ica del poder de los partidos tradicionalmente aferrados al poder, a la oposici・ democr・ica en Taiw・ y M・ico, y la ca・a de gobernantes autoritarios en lugares como Yugoslavia y Per・

Pese a estos adelantos, el avance mundial hacia el estado de derecho, la democracia, la sociedad civil y los mercados libres todav・ encuentra resistencia en muchos lugares. Nuestra tarea al comenzar el nuevo milenio, y al comenzar esta administraci・, debe ser consolidar los adelantos democr・icos de los ・timos 10 a・s, y al mismo tiempo intensificar la presi・ sobre los que todav・ se niegan a aceptar el principio de que la legitimidad soberana se deriva del consentimiento de los gobernados.

Un buen punto de partida es nuestro propio hemisferio, en particular, al otro lado de la frontera. Por mi parte, har・todo lo que est・a mi alcance para ayudar al presidente Fox y al presidente Bush en dar un nuevo giro en las relaciones entre Estados Unidos y M・ico, y espero con inter・ colaborar con la administraci・ Bush para darle buen rumbo a nuestras relaciones con el nuevo gobierno mexicano.

Pero, si bien la democracia ha arraigado finalmente al otro lado de la frontera, en M・ico, a s・o 90 millas de nuestra costa todav・ se tambalea la ・tima dictadura de nuestro hemisferio. La administraci・ Clinton nunca consider・la destituci・ de Castro como un objetivo de su pol・ica exterior. Los detractores del embargo sent・n, con raz・, que los funcionarios de la administraci・ Clinton nunca estuvieron verdaderamente comprometidos en aislar y destituir a Castro, y el gobierno no hizo nada para disuadirlos de esa idea. Con la elecci・ de Bush, los detractores del embargo cubano van a toparse con un muro de ladrillo al otro lado de la Avenida Pensilvania. El presidente Bush es un firme defensor del embargo. Esto significa que, con el embargo finalmente fuera de debate, la nueva administraci・ Bush tiene una magn・ica oportunidad de elaborar una nueva pol・ica respecto a Cuba.

Esta nueva pol・ica con Cuba debe tener por modelo las pol・icas que con tanto ・ito aplicaron las administraci・ de Reagan y Bush en la d・ada de los 80 para socavar el comunismo en Polonia. En los a・s ochenta, Estados Unidos aceler・la transformaci・ democr・ica de Polonia al aislar al r・imen comunista de Varsovia y levantar el aislamiento del pueblo polaco al apoyar a la oposici・ democr・ica y promover una sociedad civil incipiente con recursos y otros medios de ayuda.

Tengo el prop・ito de trabajar con la administraci・ Bush para hacer por el pueblo de Cuba lo que Estados Unidos hizo por el pueblo de Polonia hace 20 a・s. Ahora quiero hacer un pron・tico: antes que expire su mandato el presidente Bush estar・en La Habana para asistir a la toma de posesi・ del nuevo presidente de Cuba elegido por medios democr・icos.

Otro lugar donde la democracia necesita desesperadamente la reactivaci・ del apoyo estadounidense es Taiw・. Con la elecci・ del presidente Chen el a・ pasado, el pueblo de Taiw・ registr・la primera transferencia pac・ica del poder de un partido gobernante a su oposici・ democr・ica en 5.000 a・s de historia china. Fue un ・ito incre・le. Sin embargo, el presidente Clinton defraud・una y otra vez a nuestros amigos de Taiw・, primero, al visitar China y repetir las ficticias elucubraciones chinas sobre el futuro de Taiw・; y luego, al negarse a cumplir las obligaciones contra・as por Estados Unidos de atender a la autodefensa de Taiw・ en virtud de la Ley de Relaciones con Taiw・. Este da・ debe corregirse.

S・ debemos tener relaciones con China. Pero tambi・ hay que hacerle comprender a Pequ・ que tiene cerradas las puertas a un comportamiento destructivo y que Taiw・ dispondr・de los medios con qu・defenderse. Durante la campa・, el presidente Bush respald・con determinaci・ la Ley Mejorada para la Seguridad de Taiw・ (TSEA). Tengo la intenci・ de trabajar con ・ para promulgar la ley TSEA y ayudar a que la democracia en Taiw・ est・protegida contra cualquier agresi・ china.

Otro lugar donde se recompensa la agresi・, como resultado de la negligencia de la administraci・ Clinton, es Iraq. Necesitamos una nueva pol・ica frente a Iraq y esa pol・ica se debe basar en la clara comprensi・ de este hecho indiscutible: nada cambiar・en Iraq mientras Saddam Hussein no sea derrocado. Al aprobar la bipartidista Ley para la Liberaci・ de Iraq, el Congreso tom・la iniciativa de ayudar a las fuerzas democr・icas que se oponen a Saddam Hussein. (La administraci・ Clinton no aplic・la ley). Espero con inter・ trabajar con el presidente Bush para aplicar eficazmente la Ley para la Liberaci・ de Iraq, para ayudar al pueblo de Iraq a liberarse de Saddam Hussein.

Posiblemente la principal tarea moral que nos espera en el umbral de un nuevo siglo es corregir los errores cometidos el siglo pasado en Yalta, cuando Occidente abandon・los pa・es de Europa central y oriental a Stalin y a una vida de servidumbre detr・ del tel・ de acero.

El proceso de correcci・ de estos errores se inici・en 1998, cuando el Senado vot・en favor de admitir a Polonia, Hungr・ y la Rep・lica Checa en la alianza de la Organizaci・ del Tratado del Atl・tico Norte. Pero la admisi・ de Polonia, Hungr・ y la Rep・lica Checa no ha borrado por completo las cicatrices de Yalta. Durante la guerra fr・, fui uno de los senadores que lucharon por defender la independencia de las denominadas "naciones cautivas" (los Estados b・ticos de Estonia, Letonia y Lituania) y se esforzaron por asegurar que Estados Unidos nunca reconociera su anexi・ ilegal por la Uni・ Sovi・ica.

Con el colapso del comunismo, esas naciones por fin lograron su justa independencia de la ocupaci・ y dominaci・ rusa. No obstante, Rusia todav・ proyecta su sombra amenazadora sobre esos pa・es. Tengo el prop・ito de trabajar con la administraci・ Bush para conseguir que se invite a los estados b・ticos a unirse a sus vecinos Polonia, Hungr・ y la Rep・lica Checa como miembros de la OTAN. Esto es esencial no s・o para su seguridad sino tambi・ para la nuestra. Si queremos mantener buenas relaciones con Rusia, debemos mostrar a los gobernantes rusos un camino abierto a las buenas relaciones mientras que, al mismo tiempo, le cerramos las puertas al comportamiento destructivo. Esto significa dar el pr・imo paso en el proceso de la ampliaci・ de la OTAN, al extender invitaciones a los pa・es del B・tico cuando los jefes de la OTAN se re・an para la pr・ima cumbre de la Alianza prevista para el 2002.

Otro asunto de m・ima urgencia es la defensa nacional con misiles antibal・ticos. Despu・ de desperdiciar ocho a・s con la administraci・ Clinton, tenemos que establecer y desplegar sin p・dida de tiempo una verdadera defensa nacional con misiles antibal・ticos capaz de proteger a Estados Unidos y a sus aliados de ataques con misiles bal・ticos.

El a・ pasado, cuando el presidente Clinton amenaz・con negociar con Rusia un tratado revisado ABM para misiles antibal・ticos que atar・ las manos a la nueva administraci・, tom・la palabra en el Senado y advert・al se・r Clinton que un tratado de esa ・dole no ten・ ninguna esperanza de ser aprobado por el Senado de Estados Unidos.

Quiero decir sin ambages a nuestros amigos en Rusia que Estados Unidos ya no est・obligado por el Tratado de Misiles Antibal・ticos (ABM). Ese tratado expir・cuando nuestro socio en el tratado (Uni・ Sovi・ica) dej・de existir. Desde el punto de vista jur・ico, no existe nada que impida a la administraci・ Bush emprender los trabajos para poner en servicio cualquier sistema de defensa nacional de misiles antibal・ticos que decida desplegar.

El presidente Bush puede decidir que est・en el inter・ de la diplomacia de Estados Unidos discutir con Rusia sus planes de defensa de misiles antibal・ticos. Personalmente, no creo que se pueda negociar con Rusia un nuevo tratado de misiles antibal・ticos que permita la clase de defensa que necesita Estados Unidos. Pero, como dijo Henry Kissinger ante el Comit・de Relaciones Exteriores el a・ pasado: "Yo estar・ abierto al argumento, siempre que no usemos el tratado como una limitaci・ a la adopci・ de medidas para el despliegue del sistema m・ eficaz de defensa nacional y t・tica de misiles antibal・ticos".

Estoy de acuerdo con esa advertencia del doctor Kissinger: el presidente Bush debe estar, y estar・ en libertad de actuar como lo estime conveniente. Tambi・ deseo cooperar con el presidente para asegurar que consiga su objetivo de un r・ido despliegue de un sistema eficaz y verdaderamente nacional de defensa contra misiles.

Por ・timo, pero no menos importante, est・la cuesti・ del Tribunal Penal Internacional.

Quiero dejar perfectamente claro que todas las cuestiones a las que me he referido son de inmensa importancia. Pero si no puedo hacer otra cosa este a・, har・que se anule y revoque la vergonzosa y deplorable decisi・ del presidente Clinton de firmar el Tratado de Roma que establece el Tribunal Penal Internacional.

El Tribunal alega tener la facultad de formular cargos, juzgar y encarcelar a ciudadanos estadounidenses, aun cuando Estados Unidos se niegue a unirse al Tribunal. Este descarado atentado contra la soberan・ del pueblo estadounidense no tiene precedentes en los anales del derecho internacional de tratados.

He de luchar por conseguir dos cosas del nuevo gobierno. Primero, que la administraci・ Bush denuncie el Estatuto de Roma. Segundo, que se promulgue la ley de protecci・ del personal de servicio de Estados Unidos. Esta ley, que patrocinamos el senador John Warner y yo el a・ pasado, junto con una serie de colegas del Senado y la C・ara de Representantes, tiene por objeto proteger a los ciudadanos de Estados Unidos de la jurisdicci・ del Tribunal Penal Internacional.

・or qu・es importante que se apruebe esa ley? Porque al firmar este viciado tratado, el presidente Clinton ha refrendado la alegaci・ fraudulenta del Tribunal Penal Internacional de jurisdicci・ sobre los estadounidenses. Debemos actuar para dejar claro que, a menos y hasta que Estados Unidos ratifique el Tratado de Roma, rechazamos cualquier alegaci・ de jurisdicci・ sobre los ciudadanos estadounidenses por parte del Tribunal Penal Internacional.

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Contenido - Agenda de la Pol・ica Exterior de los EUA - Marzo 2001
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