EL CONGRESO Y LA POLITICA EXTERIOR,
UN PUNTO DE VISTA REPUBLICANO

Por el senador Gordon H. Smith

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Gordon H. Smith "Una pol・ica exterior efectiva requiere la participaci・ bipartidista genuina y continua entre el presidente y el Congreso", afirma el senador Smith, republicano de Oregon. Sin esta participaci・", dice, "el contenido de la pol・ica norteamericana se caracterizar?m・ y m・ por la ambig・dad y la incongruencia".


Se ha dicho que la Constituci・ de Estados Unidos es "una invitaci・ a la pugna" entre los tres poderes del gobierno el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Este por cierto ha sido el caso en lo que respecta a la pol・ica de seguridad nacional, en la que el presidente y el Congreso desempe・n papeles superpuestos.

La Constituci・ declara que el presidente es el comandante en jefe y principal diplom・ico del pa・. En estas capacidades, es responsable de la defensa militar de nuestros intereses nacionales, incluso el despliegue de las fuerzas militares norteamericanas, la diplomacia y la negociaci・ de tratados.

Pero la Constituci・ otorga tambi・ al Congreso facultades muy significativas de seguridad nacional. El Senado es responsable de la ratificaci・ de tratados y la confirmaci・ de las personas que el presidente designa para ocupar cargos en su administraci・. El Congreso tiene tambi・ considerables "poderes sobre el presupuesto". Al hacer uso de su autoridad sobre el presupuesto federal, el Congreso puede aplicar frenos y controles a las iniciativas presidenciales -- y frecuentemente lo hace.

Estos poderes superpuestos hacen que sea importante que el presidente respete las opiniones del Congreso y participe activamente en las opiniones frecuentemente variadas que existen en el Senado y la C・ara de Representantes acerca de la pol・ica exterior. Naturalmente, esta es una empresa m・ dif・il cuando el presidente y la mayor・ en una o ambas c・aras del Congreso pertenecen a partidos diferentes -- pero estas situaciones hacen tanto m・ imperativa la participaci・. El ・ito o el fracaso de nuestras pol・icas internacionales dependen del liderazgo del presidente, es decir, si le preocupa m・ los pol・icos que la pol・ica.

La reciente admisi・ de Polonia, la Rep・lica Checa y Hungr・ como miembros de la Organizaci・ del Tratado del Atl・tico Norte quiz・ es el mejor ejemplo de c・o un presidente debe ejercer liderazgo y participar con el Congreso en asuntos pertinentes a tratados internacionales importantes.

La expansi・ de la OTAN fue promovida inicialmente por el Congreso controlado por los republicanos, y esto facilit?lo que algunos expertos han calificado de di・ogo e intercambio sin precedentes de informaci・ entre las dos ramas del gobierno. Esa participaci・ no s・o tuvo lugar en las audiencias de las Comisiones de Relaciones Exteriores, Servicios Armados, Asignaciones y Presupuesto, sino que tambi・ a trav・ de innumerables reuniones y conversaciones informales entre miembros del Congreso y funcionarios principales de la administraci・, durante los dos a・s que culminaron en la votaci・ de abril de 1999.

M・ aun, tanto el Senado como el presidente tomaron medidas institucionales para aumentar su participaci・ en la expansi・ de la OTAN. En abril de 1997, los l・eres del Senado establecieron el Grupo de Observadores del Senado en la OTAN para asegurar que la c・ara estuviera totalmente informada e involucrada en las decisiones claves adoptadas por la alianza de la OTAN. Primero en su programa figuraba la expansi・ de la OTAN. Sobre este asunto, el Grupo de Observadores de la OTAN se reuni?diecisiete veces, no solamente con funcionarios de la administraci・, sino tambi・ con el secretario general de la OTAN y numerosos otros funcionarios europeos.

La administraci・ estableci?su propia oficina especial de Ratificaci・ de la Expansi・ de la OTAN, encabezada por un asesor especial del presidente. Su mandato fue promover la causa de la expansi・ en el Congreso y entre el pueblo norteamericano. A recomendaci・ de la Oficina de Ratificaci・ de la Expansi・, el presidente incluy?en sus delegaciones a las Cumbres de la OTAN de 1997 y 1999 a representantes del Grupo de Observadores del Senado en la OTAN.

La hist・ica votaci・ del Senado, el 30 de abril de 1999, sobre la ratificaci・ de la primera ronda de expansi・ de la OTAN (80 votos a favor, 19 en contra), fue un modelo de c・o un presidente y el Congreso deben trabajar juntos en materia de pol・ica exterior. La pol・ica exterior tuvo precedencia sobre la pol・ica, y el resultado final fue un ・ito debido a ello.

Contrariamente, el rechazo del TPCE (Tratado de Prohibici・ Completa de los Ensayos Nucleares) por parte del Senado puso de relieve el riesgo que asume un presidente cuando pierde de vista la responsabilidad y autoridad que la Constituci・ otorga al Congreso y aborda las cuestiones claves a trav・ del lente de la pol・ica en lugar de los pol・icos.

La administraci・ Clinton no encabez?los esfuerzos en pro del TPCE de la misma manera que lo hizo en el debate sobre la expansi・ de la OTAN. No aprovech?las oportunidades de prepararse para el debate o participar con el Congreso en lo que se refiere al TPCE con la misma energ・ y consagraci・ que hab・ dedicado a la expansi・ de la OTAN, con lo cual dej?que el Congreso llenara el vac・ que la falta de liderazgo de la rama ejecutiva cre?en el asunto. Algunos l・eres del Congreso criticaron las disposiciones sobre la aplicaci・ y verificaci・ del TPCE y su posible efecto sobre nuestro arsenal nuclear. El presidente, conociendo estas preocupaciones, deber・ haber participado m・ y haber resuelto las preocupaciones de los senadores republicanos o, por lo menos, deber・ haber refrenado las provocaciones e instigaciones de los senadores dem・ratas.

Lamentablemente, la cuesti・ de ese tratado importante fue v・tima de una pol・ica descontrolada, de animosidades personales e ide・ogos inmutables en el Senado y en la Casa Blanca. Las consecuencias que el fracaso del TPCE tuvo en todo el mundo arrojaron dudas innecesarias sobre Estados Unidos, su gobierno, y especialmente su Congreso, y demostraron que la elaboraci・ de la pol・ica exterior es uno de los deberes m・ importantes del Congreso, con implicaciones que tienen mayor alcance.

La manera en que la administraci・ Clinton trat?la ratificaci・ del TPCE, y la forma en que el Congreso respondi? fueron una desilusi・ en dos sentidos. Primero, el Tratado habr・ ayudado a limitar los riesgos que representan las armas nucleares y habr・ preservado para Estados Unidos la postura moral para resistir la proliferaci・ de esas armas. Segundo, la manera en que la administraci・ encar?las objeciones del Senado en cuanto a la verificaci・ y aplicaci・ del TPCE fue contraria a la tradici・ bipartidista en que la mayor・ de los congresistas y presidentes han encarado las cuestiones claves de pol・ica exterior.

La falta de aprobaci・ de este tratado no solamente nos recuerda la poderosa autoridad constitucional del Congreso en materia de pol・ica exterior, sino que tambi・ subraya un acontecimiento importante en la elaboraci・ de la pol・ica exterior norteamericana: el papel cada vez m・ importante del Congreso. El Congreso ejerce hoy en forma m・ vigorosa sus prerrogativas y promueve con m・ vigor sus perspectivas en cuestiones de seguridad nacional, muchas veces en desaf・ directo al presidente. En efecto, fue el Congreso el que insisti?con ・ito en contra de la vacilaci・ inicial del presidente con respecto a la expansi・ de la OTAN y la defensa nacional de misiles. El Congreso oblig?con ・ito al presidente a ajustar su actitud con respecto a la Convenci・ de Armas Qu・icas. El Congreso ha desafiado en forma vociferante iniciativas presidenciales como las misiones de la OTAN en Bosnia-Hercegovina y en Kosovo.

No debe permitirse que el bipartidismo demostrado durante el debate sobre el TPCE surja como tendencia en la elaboraci・ de la pol・ica exterior norteamericana. Esto har・ m・ dif・il trabajar con nuestros aliados y disuadir a nuestros enemigos en el exterior. Reducir・ nuestra capacidad de aunar nuestras fuerzas nacionales para promover y proteger nuestros valores e intereses. La habilidad de Estados Unidos para liderar con iniciativa en los asuntos mundiales se ver・ obstaculizada por la paralizaci・ pol・ica interna. Ser・ m・ dif・il para el presidente y el Congreso cumplir con sus responsabilidades comunes de promover y proteger nuestros intereses y valores nacionales.

Por estas razones, las trepidaciones partidistas que surgieron debido a la manera en que el presidente encar?el TPCE, deber・n recordarnos las responsabilidades y poderes que la Constituci・ otorga al presidente y al Congreso. El prop・ito de estos poderes fue el de fomentar una relaci・ de la que surgir・n pol・icas y procesos minuciosamente debatidos y analizados que reflejaran lo mejor, y no lo peor, de nuestro gobierno.

Una pol・ica exterior efectiva requiere la participaci・ bipartidista genuina y continua del presidente y el Congreso. Sin esta participaci・, el contenido de la pol・ica norteamericana se caracterizar?m・ y m・ por la ambig・dad y la incongruencia.

Fomentar un consenso entre el Congreso y el presidente en materia de pol・ica exterior es, por razones constitucionales principalmente, la responsabilidad de la Casa Blanca. La funci・ del presidente como comandante en jefe y principal diplom・ico lo hace l・er de nuestra pol・ica exterior.

Sin embargo, el fomento de la participaci・ entre la Casa Blanca y el Congreso en materia de pol・ica exterior tambi・ es la responsabilidad de los miembros del Senado y de la C・ara de Representantes. El Congreso puede y deber・ emprender iniciativas para fomentar el di・ogo, el intercambio de informaci・ y la participaci・ del presidente y su gabinete en asuntos de inter・ nacional, como se ha visto con respecto a la expansi・ de la OTAN. El fracaso del TPCE ha demostrado que no debe darse por sentado tal bipartidismo. Como lo demuestran estos episodios, el ・ito de la pol・ica exterior norteamericana depende de una participaci・ exitosa del presidente y el Congreso en sus obligaciones constitucionales.

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