|
LA FUERZA Y LA DIPLOMACIA UNIDAS PARA AUMENTAR LA SEGURIDADPor Eric D. Newsom
La capacidad de Estados Unidos de influir en los acontecimientos internacionales para promover nuestros intereses depender?en gran medida de si el Departamento de Estado, junto con el Departamento de Defensa y otros ・ganos del Gobierno, puede responder de manera innovadora y cooperativa a las dificultades a las que nos enfrentamos en un mundo en evoluci・. El mundo en que vivimos est?experimentando una revoluci・ de la tecnolog・, las comunicaciones y la informaci・; de las pr・ticas comerciales y las estructuras de las organizaciones; de las formas en que los pa・es se relacionan entre s?y responden a sus p・licos; de la capacidad de las empresas multinacionales y otras organizaciones no gubernamentales de influir en los acontecimientos internacionales; y de la forma en que responden a los conflictos y a las cat・trofes humanas y naturales los organizaciones regionales e internacionales. Nuestras fuerzas armadas han reconocido que estos factores contribuyen a una "Revoluci・ de los Asuntos Militares" que bien pudiera estar cambiando el car・ter mismo y la forma de hacer la guerra. Tratan de adaptarse a la nueva realidad tanto dentro de la estructura individual del servicio (Ej・cit, Armada, Fuerzas A・eas, Infanter・ de Marina) como en el mundo "conjunto", en el que los medios de cada uno de los servicios tienen que conjugarse para el logro de los objetivos de seguridad de Estados Unidos. La nueva situaci・ mundial exige una nueva forma de ser soldado, marino, aviador o infante de marina. Ahora, con frecuencia, exige tanto el entendimiento de la pol・ica internacional, las rivalidades ・nicas, las pol・icas locales en un pa・ extranjero y la forma en que pueden funcionar las elecciones justas -- como la capacidad de mando para dirigir una unidad y tomar la colina cercana o una extensi・ de terreno. De forma similar, el Departamento de Estado atravieza por una especie de "Revoluci・ de los Asuntos Diplom・icos", en la que la funci・ del diplom・ico en el siglo XXI y la forma en que nos comunicamos, tomamos decisiones, negociamos y mantenemos relaciones p・licas (lo que llamamos diplomacia p・lica) --incluso la ・dole misma del trabajo que realizamos-- han cambiado radicalmente. Los diplom・icos de hoy est・ en el terreno, trabajando con la Agencia de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) en campa・s contra las drogas en Am・ica Latina, sobrevolando el norte de Irak en helic・teros militares, prestando ayuda a los refugiados y organizando la evacuaci・ de civiles en Africa, llevando a cabo tareas de cooperaci・ de seguridad regional en Europa Central y preparando la nueva fase de operaciones civiles en Bosnia, Kosovo, y Timor Oriental. La revoluci・ de asuntos militares y la revoluci・ de asuntos diplom・icos conducen la labor del soldado y del diplom・ico a un punto de encuentro, casi a diario y en todo el mundo. La situaci・ internacional y las dificultades a las que hacemos frente son tales que nuestros dirigentes a menudo tienen que recurrir a instrumentos militares y diplom・icos como medios complementarios, no distintos o separados, para alcanzar nuestros objetivos. En la Guerra del Golfo, nuestras fuerzas militares planearon y ejecutaron el plan Tormenta del desierto en concierto con una coalici・ de aliados, cuyo "establecimiento" y mantenimiento exigi?la labor de los diplom・icos. En Bosnia y Kosovo, as?como en operaciones similares de mantenimiento e imposici・ de la paz, es preciso emplear la diplomacia para coordinar con socios y aliados una serie de cuestiones que van desde la administraci・ del proceso electoral al trato de los criminales de guerra internacionales. A ra・ del hurac・ Mitch, cuando las fuerzas armadas de Estados Unidos respondieron a las urgentes peticiones de ayuda de los angustiados gobiernos, los diplom・icos negociaron las condiciones de entrada y salida y contribuyeron a facilitar la labor de socorro de los militares. En otras partes del mundo, diplom・icos y soldados asisten juntos a las sesiones de la OTAN y al Foro Regional de la ASEAN (Asociaci・ de Naciones del Asia Sudoriental). Sin darle ese nombre, estamos evolucionando -- en formas pr・ticas, todos los d・s -- hacia una nueva clase de "conjunci・ interministerial", en la que los departamentos de Estado y Defensa cooperan para alcanzar los objetivos que nos han se・lado el presidente y nuestros l・eres en cuestiones de pol・icas. La secretaria de Estado Albright y el secretario de Defensa Cohen son un buen ejemplo de esta nueva tendencia. En un art・ulo de fondo recientemente publicado en el Washington Post, escribieron: "Como secretarios de Defensa y Estado, trabajamos diariamente para combinar los instrumentos de la fuerza y la diplomacia para proteger la seguridad y promover los intereses de los estadounidenses". Y agregaron que "Nuestras fuerzas armadas tienen que seguir siendo las mejor dirigidas, mejor entrenadas y mejor equipadas del mundo.... Pero tambi・ necesitamos una diplomacia de primera clase. Porque en muchas ocasiones dependeremos de la diplomacia como primera l・ea de defensa -- para cimentar alianzas, establecer coaliciones y hallar medios de proteger nuestros intereses sin poner en peligro a nuestros hombres y mujeres combatientes". En el informe del presidente sobre La Estrategia de Seguridad Nacional, se insta a las fuerzas armadas de Estados Unidos a estar prestas a responder a toda la gama de operaciones militares, inclusive operaciones b・icas de gran envergadura, aplicaci・ de la paz, evacuaciones de no combatientes hostiles y no hostiles, operaciones de socorro en caso de cat・trofes en ambientes hostiles y no hostiles, y, sencillamente, el establecimiento de relaciones favorables e interoperables con fuerzas militares extranjeras que pueden prestarnos apoyo en nuestras actividades militares. Es obvio que en cada una de estas operaciones, la diplomacia ser?un elemento integral del ・ito -- en cuanto a reducir o eliminar la necesidad del uso de la fuerza, mantener coaliciones o negociar la paz. As? en cualquier situaci・ futura, nuestra capacidad de actuar "conjuntamente" tendr?un efecto profundo en el liderato de Estados Unidos en el mundo y ser?de gran eficacia para la protecci・ de nuestros intereses y los de nuestros aliados y amigos. Esto nos obligar?a cooperar no s・o en los m・ altos niveles y en ocasiones especiales, sino de manera regular en los corredores de nuestras burocracias, donde se planean y dirigen los asuntos de nuestra naci・. El ・ito exigir?h・itos de cooperaci・ cuando nuestros dirigentes empleen un instrumento de pol・ica que sea al mismo tiempo diplom・ico y militar. Necesitamos entender la ・dole de este instrumento conjunto y lo que exige de los dos o m・ grupos de burocracias encargadas de aplicar nuestra estrategia de seguridad nacional. Desde mi regreso al Departamento de Estado en 1994, he visto cambios, en Estado y en Defensa, en la forma en que vemos y abordamos la conjunci・ de fuerza y diplomacia en pro de nuestros objetivos nacionales. Juntos, hemos alcanzado objetivos estrat・icos fundamentales para Estados Unidos en el mundo posterior a la guerra fr・. Sin embargo, a・ nos queda un largo camino por recorrer. Diferencias hist・icas, culturas institucionales y estereotipos han fomentado actitudes de territorialidad y cierta desconfianza en el trato mutuo de nuestras organizaciones -- o al menos conceptos muy distintos de nuestros respectivas funciones y misiones. Para que nuestros l・eres puedan integrar fuerza y diplomacia como una especie de nuevo instrumento de pol・ica, el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa tendr・ que derribar las viejas barreras culturales e institucionales como no lo hab・n hecho hasta ahora y hallar nuevos y creativos medios de planear y actuar juntos. Este es un objetivo importante de la Oficina de Asuntos Pol・ico-Militares, y lo estamos persiguiendo vigorosamente. Algunos se muestran esc・ticos respecto a este nuevo planteamiento y nos aconsejan que vayamos con calma. Francamente, no creo que Estados Unidos pueda permitirse andar con lentitud en este proceso. Aunque podemos analizar tendencias y hacer pron・ticos, no sabemos con certeza cu・do y d・de surgir?el pr・imo conflicto que requiera el uso combinado de la fuerza y la diplomacia. Aunque salimos airosos en Bosnia y Kosovo, la cooperaci・ en situaciones especiales debe evolucionar a v・culos y arreglos institucionales m・ s・idos, que nos permitan conocernos mutuamente y responder r・idamente cuando es necesario recurrir a la combinaci・ de fuerza y diplomacia en un ambiente internacional imprevisible. Por este motivo, estamos elaborando m・odos para promover la cooperaci・, la coordinaci・, la cohesi・ y el consenso sobre el uso ・timo de nuestros instrumentos diplom・icos y militares para configurar el ambiente internacional. Esencialmente, esto significa la planificaci・ conjunta de arriba abajo y la cooperaci・ en la ejecuci・. Ser?preciso que exista una interacci・ seria entre Estado y Defensa en la formulaci・ de objetivos de pol・ica exterior del Departamento de Estado, as?como de sus planes de programas de embajadas y oficinas. Tambi・ deber・ entra・r la interacci・ en la formulaci・ de metas y objetivos en pol・ica de defensa y en la planificaci・ de ejercicios tan decisivos como la Revisi・ Cuatrienal de Defensa y los "planes de combate" militares regionales. Esto no quiere decir que cada departamento asuma las responsabilidades del otro, o dicte o se inmiscuya en los asuntos del otro. En un punto dado, los soldados deben ser soldados y los diplom・icos deben ser diplom・icos. M・ bien, de lo que se trata es de elaborar y ejecutar planes y pol・icas sincronizadas y basadas en la informaci・ mutua, en cumplimiento de la Estrategia de Seguridad Nacional del presidente. Esto es lo que tratamos de hacer ahora en la Oficina de Asuntos Pol・ico-Militares, en estrecha colaboraci・ con la Oficina del secretario de Defensa, el Estado Mayor Conjunto y otros sectores de las fuerzas armadas, en pos de este objetivo. En segundo lugar, al mismo tiempo que tratamos de configurar el ambiente internacional y responder a los acontecimientos actuales, necesitamos coordinar mejor la labor de todos los departamentos interesados, no s・o Defensa y Estado. Hacemos progresos en este aspecto. Uno de los hechos sobresalientes durante mi desempe・ como secretario adjunto de asuntos pol・ico-militares ha sido la labor que hemos desarrollado para promover la coordinaci・ pol・ica y militar en complejas operaciones imprevistas (como Kosovo y nuestra intervenci・ en Timor Oriental). Un instrumento importante para ello ha sido la Decisi・ Presidencial Directiva-56 (PDD-56), que prev?mecanismos para la cooperaci・ interagencial en estas circunstancias. Mientras se realizaba el bombardeo de Kosovo, 30 oficiales militares y civiles de 19 departamentos, negociados y oficinas estuvieron colaborando intensamente durante semanas para elaborar un "an・isis de misi・" de 46 p・inas. Esto es lo que, en ・timo t・mino, dio forma a Misi・ de las Naciones Unidas en Kosovo y las operaciones de la KFOR (Fuerza de mantenimiento de paz en Kosovo) y contribuy?a sincronizar las actividades internacionales cuando cesaron los bombardeos. Pese al escepticismo inicial de algunos, este proceso se emple?y su eficacia super?incluso a las predicciones m・ optimistas. Buscamos hora mecanismos m・ claros y m・ eficaces para que el proceso de la Directiva presidencial 56 funcione mejor. Un nuevo Grupo de Trabajo interagencial de planificaci・ para imprevistos dar?gran impulso a esta tarea. Esta nueva modalidad de cooperaci・ es un aliciente tanto para los militares como para los civiles. Todos los oficiales de las fuerzas armadas de Estados Unidos han estudiado al gran pensador militar prusiano Karl von Clausewitz y saben que las operaciones y los objetivos militares est・ siempre subordinados a metas estrat・icas pol・icas y diplom・icas. Pero este conocimiento no ha conducido necesariamente a la conclusi・ de que los civiles deber・n sentarse a la mesa de planificaci・ militar. El ambiente internacional actual todav・ exige el uso limitado, preciso y a menudo no tradicional de la fuerza militar para alcanzar objetivos pol・icos concretos -- pero a veces susceptibles de cambio r・ido. Esto exigir?un criterio m・ abierto respecto a la planificaci・ de objetivos militares y pol・icos interconexos. El Departamento de Estado tambi・ tendr?que alterar sus conceptos tradicionales. Apenas empezamos a comprender lo que significa cuando decimos que nuestra labor no termina cuando negociamos un acuerdo. Las ideas o conceptos abstractos de un acuerdo deben poder traducirse en resultados pr・ticos. Tenemos que prestar atenci・ a los tipos de detalles que normalmente pasamos por alto. Tenemos que estar dispuestos a ocuparnos de cuestiones que sol・n ser ajenas a la diplomacia: c・o establecer fuerzas de polic・, c・o reconstruir reg・enes judiciales extintos, c・o dar nuevamente curso legal a una divisa, c・o hacer que un pa・ anfitri・ no cooperativo acepte nuestra autoridad civil y deje de asesinar a sus contrincantes, y c・o realizar una multitud de otras tareas, generalmente desagradables. La planificaci・ conjunta nunca ser?f・il, incluso en el mejor de los casos. Durante la etapa de planificaci・ del per・do siguiente al bombardeo de Kosovo, surgieron grandes diferencias entre Defensa y Estado. En ocasiones, partes del Departamento de Defensa se encerraban en un mutismo cada vez que aparec・n los funcionarios de Estado. Fue necesario emplearse a fondo para obtener informaci・ sobre planificaci・ y proyectos militares. Los dos departamentos mantuvieron una pugna en torno a cuestiones tales como operaciones de polic・, apoyo militar a la administraci・ civil, etc. Justo es decir, en honor de ambos, que no se trat?de ocultar nuestras diferencias. Mantuvimos vigorosos debates. Pero, antes de desplegar un solo soldado en apoyo de las actividades posteriores a los bombardeos, llegamos a un acuerdo sobre la estrategia y el plan de acci・. Las cuestiones mayores y contenciosas se dirimieron antes, no despu・ del comienzo de la misi・, y a los encargados de poner en pr・tica el plan se les provey?un prop・ito claro y la divisi・ del trabajo. Estoy convencido de que el proceso en su totalidad fue de gran valor y sent?precedente para el futuro, incluso si los acontecimientos siguientes de Kosovo no se desarrollaron "con arreglo al plan". Como dijo en una ocasi・ el presidente Dwight Eisenhower, "Un plan no es nada, pero la planificaci・ lo es todo." Adem・ de la planificaci・ del Departamento de Estado, el entorno internacional actual requiere coordinaci・ con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, a la que con frecuencia se pide que organice respuestas a crisis humanitarias en todo el mundo, con ayuda de recursos militares. Estos esfuerzos humanitarios a veces tienen lugar durante el curso de operaciones de mantenimiento o aplicaci・ de la paz, lo que hace de la coordinaci・ entre los diversos componentes un imperativo absoluto. No todas las cuestiones o problemas que requieren estrecha coordinaci・ son operaciones imprevistas complejas o importantes campa・s humanitarias. El esfuerzo de Estados Unidos para configurar el entorno internacional exige objetivos sincronizados y acciones bien coordinadas. Para facilitar esta coordinaci・ diaria a nivel de trabajo convendr・ adoptar en Washington un enfoque de "equipo de pa・" similar al que con tanto ・ito funciona en nuestras embajadas en el extranjero. Hasta cierto punto, eso es lo que hacemos en el proceso del Grupo de Trabajo Interagencial. Pero este proceso suele estar orientado a cuestiones que surgen en un momento dado, no es un proceso continuo; necesitamos m・ oportunidades de libre intercambio de ideas e informaci・. Como medio de superar las barreras y los estereotipos institucionales, recomiendo diversas medidas: necesitamos ampliar el programa actual de intercambio de personal entre Defensa y Estado, tanto en Washington como en el terreno. Deber・mos buscar m・ oportunidades de que los funcionarios del Servicio Exterior presten servicio como miembros del personal de oficiales militares superiores; al mismo tiempo deber・mos brindar a los oficiales militares superiores la oportunidad de ocupar cargos a nivel de pol・ica en el Departamento de Estado. Me gustar・ ver que los oficiales militares sirvieran a nivel de subsecretario adjunto en el Departamento de Estado y a funcionarios de Estado en el Departamento de Defensa en la misma capacidad, como en el pasado. Adem・, tenemos que buscar oportunidades de capacitaci・ conjunta. Debemos aumentar el n・ero de funcionarios del Departamento de Estado que asisten a escuelas de los servicios militares. Tambi・ me gustar・ que nuestro Centro nacional de Capacitaci・ en Asuntos Exteriores abriera m・ sus puertas a nuestros colegas militares cuando estudiamos pol・icas regionales, negociaci・ y otras destrezas profesionales del servicio exterior, as?como cuestiones pol・ico-militares. Por ・timo, existe una raz・ poderosa que nos obliga a cooperar en todos los niveles a todos los que trabajamos en el sector de seguridad en Defensa y en Estado: nuestra responsabilidad con los hombres y las mujeres de las fuerzas armadas y del Servicio Exterior que est・ en primera l・ea de defensa en el servicio de Estados Unidos en algunos de los lugares m・ conflictivos del mundo. Cuando hacemos nuestro trabajo en Washington, en el ambiente enrarecido de planificaci・ y discusiones interagenciales, es f・il olvidar que el ・ito o fracaso de nuestra colaboraci・ puede tener graves consecuencias para las personas encargadas de poner en pr・tica nuestras decisiones y directivas. Me duele cada vez que oigo a nuestros militares en el terreno decir que no comprenden nuestra pol・ica ni c・o deben promoverla. Tenemos que asegurar que se enfrentan a su tarea con las metas y los objetivos m・ claros, los planes mejor elaborados, el equipo de la mejor calidad que podamos conseguir para ellos. En el mundo de hoy, eso requiere la cooperaci・ "conjunta" de militares y civiles. Estamos comprometidos a esta tarea. Este es el motivo por el que la meta que he fijado a la Oficina de Asuntos Pol・ico-Militares en el Departamento de Estado es asegurar que entre Estado y Defensa haya un entendimiento mayor y m・ profundo de nuestras respectivas misiones y reforzar nuestros esfuerzos de cooperaci・ y planificaci・. Recientemente le escrib?un memorando a la secretaria Albright en el que present?el logro de esta meta como misi・ principal de la Oficina para el a・ 2000. S?que ella la comparte y est?comprometida a alcanzarla.
Peri・icos electr・icos del IIP | Contenido, Agenda de la Pol・ica Exterior de los EUA, Marzo 2000 | P・ina principal del IIP en espa・l
|