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El peligro que más amenaza al bienestar económico de Estados Unidos no proviene de la creciente presencia extranjera, afirma Edward Graham, del Instituto de Economía Internacional, sino de una potencial "guerra de inversiones", en la que los gobiernos unilateralmente intenten obtener mayores beneficios de las inversiones extranjeras por medio de medidas tales como costosos incentivos y requisitos de rendimiento de la inversión. Graham, autor de numerosos estudios sobre la inversión internacional, ha enseñado economía y empresa en la Universidad Duke, la Universidad de North Carolina y el Massachusetts Institute of Technology.
En la década pasada, la inversión directa extranjera (IED) en Estados Unidos ha aumentado a más del doble -- y se aproxima ahora a los 600.000 millones de dólares. Las preocupaciones que se expresan acerca de los efectos que esta inversión directa extranjera tiene en Estados Unidos no difieren mucho de las que se expresan en otros países acerca de la IED. El gran aumento durante la década pasada en el número de filiales de firmas extranjeras en Estados Unidos ha suscitado temores de que las firmas extranjeras actuarían en forma diferente que las empresas nacionales, en el sentido de que reducirían los empleos, agravarían el déficit comercial, impedirían el progreso tecnológico o comprometerían la soberanía nacional.
Pero los hechos no corroboran estas preocupaciones. Las pruebas demuestran que en general la IED representa una contribución positiva importante a la economía norteamericana. Permítanme que sea específico.
En años recientes, las fábricas de automóviles de propiedad norteamericana han mejorado la calidad de sus productos así como la eficiencia de su fabricación. No hay dudas de que estos adelantos se deben a que las firmas estadounidenses emularon ciertas prácticas de sus competidores japoneses. Los resultados no sólo fueron que las firmas estadounidenses obtuviesen una parte más extensa del mercado interno sino que también los consumidores se beneficiaron, dado que ha aumentado la selección de productos y se han reducido los costos.
BENEFICIOS AGREGADOS
El hecho es que las firmas extranjeras introducen tecnologías nuevas que se propagan a otras partes de la economía norteamericana. Los trabajadores norteamericanos, al ser adiestrados por las compañías filiales de las firmas extranjeras y luego, al utilizar las pericias adquiridas en nuevos empleos en otras partes de Estados Unidos, ellos y el país se benefician de la inversión extranjera directa por encima de las ganancias obtenidas mediante el intercambio internacional.
También existen argumentos en el sentido de que los empresarios extranjeros tienden a importar del exterior más insumos para su producción que las empresas estadounidenses, y que la menor demanda que resulta de ello para los productos de los abastecedores nacionales le cuesta a Estados Unidos empleos y empeora su balanza comercial.
Los datos muestran que esencialmente la inversión extranjera directa no tiene ningún efecto neto sobre los empleos al nivel nacional, aunque pudiera tener algún efecto en la distribución regional de esos empleos. Como resultado, una región que tiene éxito en atraer inversiones directas extranjeras podría muy bien aumentar el número total de empleos en la región. Sin embargo, el aumento en los empleos resulta esencialmente a expensas de otras regiones y probablemente conduce a una migración desde las regiones no favorecidas hacia la región favorecida. La información estadounidense tampoco ofrece pruebas de que las filiales de firmas extranjeras en Estados Unidos ofrecen empleos peores o menos remunerados que sus contrapartes de propiedad estadounidense.
En cuanto al efecto sobre la balanza comercial, la información existente sí demuestra que las firmas extranjeras tienen una tendencia sustancialmente mayor a abastecerse en el exterior que las firmas nacionales. Pero esto no necesita tener un efecto negativo sobre la balanza comercial. Es más probable que los productos terminados de estas firmas de propiedad extranjera desplacen más a los productos importados que a los nacionales, y por lo tanto reduzcan las importaciones totales de la industria.
LOS RIESGOS DE LOS INCENTIVOS
En efecto, el peligro que más amenaza el bienestar económico de Estados Unidos no proviene de la creciente presencia extranjera sino de una potencial "guerra de inversiones", en la que los gobiernos unilateralmente intenten obtener mayores beneficios de las inversiones extranjeras por medio de medidas tales como costosos incentivos y requisitos de rendimiento de la inversión, o traten de hacer uso de las multinacionales con sede en sus territorios para promover los intereses de su propia política exterior a expensas de los países que son anfitriones de las empresas subsidiarias de esas compañías.
Una gran preocupación es el nivel de los incentivos que los estados y las localidades ofrecen a las firmas extranjeras: alivio tributario y provisión de infraestructura y tierras gratis, los que generalmente son condicionales a una promesa de la firma extranjera de proveer ciertos beneficios locales. Esto equivale a un requisito de facto de rendimiento de la inversión, el que Estados Unidos trata de eliminar en las negociaciones en la Organización Mundial de Comercio (OMC). En la mayoría de los casos, el inversionista extranjero estaría dispuesto a hacer la inversión sin los incentivos. El contribuyente termina pagando por los costos de esos programas de incentivos.
Es esencial una acción cooperativa para que se eviten tales guerras de inversiones. Debemos considerar seriamente la posibilidad de que pueda alcanzarse un acuerdo multilateral inequívoco sobre la inversión directa. Al igual que la OMC, tal acuerdo no resolverá todos nuestros problemas, pero igual que la OMC, nos beneficiaría grandemente a todos.
Perspectivas
Económicas
Publicación Electrónica de
USIS, Vol. 2,
No. 2, abril de 1997