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Mima Nedelcovych, ex directora ejecutiva estadounidense del Banco de Desarrollo Africano, visita frecuentemente Africa en el desempeño de sus funciones como vicepresidenta de Mercadotecnia Internacional de la firma F.C. Schaffer, Inc., organización dedicada a la ingeniería azucarera y la agroindustria.
Después de casi una década de reformas fiscales y de sus políticas económicas, Africa está mejor situada que nunca para atraer inversiones extranjeras.
Si bien menos del uno por ciento de las exportaciones estadounidenses están destinadas al Africa, existen pocas dudas de que el potencial para expandir el comercio y las inversiones en todo el continente es enorme.
Las grandes empresas saben esto. Sólo basta con examinar la lista de los miembros del Consejo Corporativo de Africa, organización privada, sin fines de lucro con sede en Estados Unidos, para darse cuenta que Africa es un continente de oportunidades, un continente en el que las empresas y los gobiernos pueden colaborar para sus beneficios mutuos. General Motors, Coca Cola, AT&T, Eli Lilly, Mobil, H.J. Heinz, IBM, Owens Corning, para mencionar solamente algunos de los miembros del consejo, envían representantes al continente en busca de oportunidades comerciales. A las compañías que operan en Africa les va bien y sus márgenes de utilidades figuran entre los más altos en el mundo.
Pero Africa también es un continente que presenta riesgos enormes al comercio, peligros latentes que en gran medida los países mismos tienen que superar. Los gobiernos africanos tienen que acelerar la privatización de las entidades de propiedad del estado, desmantelar aún más las barreras al comercio y a la inversión, ampliar los esfuerzos de integración regional, poner fin al soborno y la corrupción, crear una estructura jurídica que incentive la inversión extranjera, y establecer una infraestructura que permita que el comercio prospere.
Una cosa es cierta: Africa no se desarrollará de la noche a la mañana. Se necesitará paciencia y perseverancia tanto de parte de los reformadores económicos como de los inversionistas internacionales. Será necesario que los líderes africanos mantengan firme el timón de la reforma económica. Y se necesitará la coordinación entre las principales instituciones financieras internacionales para ayudar a aliviar las presiones inherentes al avance hacia una economía basada en el mercado.
SEÑALES ALENTADORAS
El Fondo Monetario Internacional prevé un crecimiento económico en Africa de alrededor del cinco por ciento este año, más alto que en el Medio Oriente, América Latina o Europa Oriental. El sector privado es la fuerza que propulsa el crecimiento económico continuado.
Por demasiado tiempo la comunidad internacional ha inyectado en Africa miles de millones de dólares para promover un desarrollo con un mínimo de efecto. Los africanos cada vez más toman su futuro en sus propias manos al tornar su atención hacia los mercados libres y la competencia para que los guíen hacia la prosperidad.
Cada vez más los africanos reconocen que las políticas orientadas hacia el exterior que incentivan el comercio, la inversión y el crecimiento del sector privado, son esenciales para el desarrollo económico. Empiezan a darse cuenta de los beneficios de permitir tasas de cambio más realistas, de privatizar los monopolios paraestatales en sectores tan importantes como la energía y las telecomunicaciones, y de reducir las barreras al comercio intraafricano.
La tendencia creciente hacia la privatización, ya sea mediante contratos gerenciales, la venta cabal de empresas paraestatales como los servicios públicos, o por arreglos privados de operación basados en alternativas del tipo de arriendo y compra, prueba el uso creciente de soluciones con base en el mercado para el desarrollo.
Los resultados son evidentes. Empieza a haber una afluencia de inversión extranjera en Benin, Burkina Faso, Costa de Marfil, Eritrea, Etiopía, Ghana, Malawi, Mozambique, Namibia, Tanzania, Togo, Uganda y Zambia, para nombrar solamente algunos de los reformadores.
TAREAS PENDIENTES
Si bien en los años recientes han aumentado las inversiones extranjeras en Africa, las afluencias siguen siendo tenues. Los gobiernos africanos tienen que empezar ahora a poner en práctica políticas que convenzan a las compañías extranjeras de que pueden obtener un dividendo razonable sobre su inversión en un entorno de poco riesgo. A continuación algunas áreas claves que requieren medidas adicionales.
Infraestructura: Las empresas no contruirán fábricas si no pueden obtener la energía que necesitan para operarlas o si el costo de la energía es demasiado alto. Las empresas no construirán fábricas si no pueden llevar sus productos desde o hacia las fábricas debido a un transporte inadecuado. Y si los productos, una vez arribados al puerto, demoran semanas o meses para salir del depósito debido a un exceso de papeleo, las empresas se irán a otras partes.
El hecho es que en Africa la energía eléctrica es demasiado cara, y en las zonas rurales es demasiado escasa como para atraer intereses extranjeros. En vista del tremendo potencial de energía hidroeléctrica del continente, no existe ninguna razón para esto. Donde Africa podría tener una ventaja competitiva en áreas como la fabricación de textiles y las operaciones de "corte y costura" con alta densidad de mano de obra, los costos elevados de operación, entre ellos, por ejemplo, la electricidad, hacen que los textiles africanos sean menos competitivos mundialmente que lo que podrían serlo. Los africanos tienen que darse cuenta de que no sólo compiten con otros países africanos sino que con el resto del mundo.
De la misma manera, sin una infraestructura estable de telecomunicaciones, las empresas en Africa no podrán competir con las firmas de otras regiones en vías de desarrollo, donde se puede colocar y llenar los pedidos con sólo tocar algunas teclas de una computadora. Las empresas tampoco estarán interesadas en nuevas inversiones si no se pueden comunicar rápidamente con sus oficinas matrices durante esos primeros años decisivos.
Reglamentaciones: Los inversionistas en Africa necesariamente tienen que importar, generalmente a través de un puerto, una gran parte del equipo y los materiales que necesitan para sus fábricas. Pero muchos de los servicios portuarios en Africa son tan ineficientes en materia de administración que los productos pueden quedar en el puerto durante semanas.
Solamente obtener la aprobación para iniciar un proyecto en Africa puede demorar meses o años, comparado con semanas o meses en otra región del mundo. Para recuperar los costos de estas demoras, las empresas generalmente tienen que aumentar el costo del producto final, lo que reduce entonces la competitividad mundial del producto. Aun si el costo final de operar, por ejemplo, una fábrica de azúcar es menor en Camerún que en Indonesia, si lleva dos años obtener los permisos y el financiamiento necesarios para poner la fábrica en operación en Camerún, y sólo un año en Indonesia, es muy posible que el inversionista potencial vaya a Indonesia.
Economías de escala: Los inversionistas siguen preocupados de que, con la excepción de las industrias de extracción y las operaciones basadas en recursos naturales, que producen bienes para la exportación, los mercados internos en Africa sean demasiado pequeños para sostener las inversiones en empresas arriesgadas. Existiría el potencial de mercados más grandes y atractivos si Africa pudiera expandir la integración regional, reduciendo las barreras nacionales al comercio y la inversión y armonizando las barreras no arancelarias, como las normas gubernamentales para los productos. La Comunidad de Fomento del Sur de Africa (CFSA) consta de una docena de países del sur de Africa, con una población combinada de cerca de 150 millones de habitantes. En el Africa Occidental, la Comunidad Económica de Estados del Africa Occidental (CEEAF) incluye 16 países y representa un mercado de aproximadamente 200 millones de clientes potenciales. Hasta la fecha, el progreso hacia la integración ha sido extremadamente lento.
Soborno y corrupción: En términos generales, en todo Africa está disminuyendo la corrupción en los niveles gubernamentales más altos, aunque persiste en algunos países, particularmente al "nivel del trabajador". Algunos países otorgan a las compañías deducciones impositivas por dar sobornos en otros países donde se considera el soborno un costo normal de las transacciones comerciales.
De tener éxito, la gestión de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) para prohibir los sobornos, podría tener un efecto muy positivo en Africa porque prohibiría a los empresarios de los 26 países miembros de la OCDE sobornar a funcionarios africanos. Esto vuelve a la cuestión de conocer las reglas. La corrupción y el soborno crean incertidumbres. No son agradables; económicamente no son eficientes. Por último, cuando se tiene que sobornar a alguien, se pasa el costo de ese soborno al consumidor. Un acuerdo en la OCDE, respaldado por la ejecución de las leyes aplicables, hará que aumenten las inversiones porque facilitará las transacciones comerciales y permitirá a las compañías fijar los precios de sus productos de manera más competitiva.
Pero no bastará con un acuerdo en la OCDE para resolver el problema. Es difícil abordar la corrupción en los niveles más altos, excepto por medio de una prensa libre, la que ha empezado a arraigarse. Pero lo que más irrita a las empresas y desalienta a la inversión son los sobornos diarios a los empleados públicos africanos insuficientemente remunerados, como los funcionarios de aduana u otros funcionarios fiscales. ¿Qué puede hacerse? Los países, por ejemplo, no necesitan diez funcionarios portuarios para hacer el trabajo de dos. Redúzcase el número de funcionarios y auméntense los salarios de aquellos que quedan de manera que ganen el dinero que recibirían si continuaran extorsionándolo. Eso les permitiría ganar "legalmente" un salario para vivir decorosamente.
Estructura jurídica: Los derechos sobre la propiedad intelectual, los procedimientos para resolver disputas y los derechos a la tenencia de tierras son de importancia crítica para la inversión extranjera. En Africa existe una percepción innata de que nadie puede poseer la tierra pero que alguien la puede trabajar. Eso está bien hasta que alguien empieza a invertir y construir una infraestructura física sobre la tierra. Es muy difícil convencer a los financistas y los socios inversionistas a que vengan y construyan una fábrica o desarrollen una plantación agrícola en tierras que no les pertenecen. Un método que se está utilizando es obtener contratos de arrendamiento de la tierra de 50 a 100 años.
Otra cosa que los africanos tienen que explorar es cómo pueden utilizar los impuestos y demás beneficios fiscales para atraer inversiones. Si un país africano desea seriamente atraer inversiones, además de examinar lo que está haciendo un país vecino, debería investigar cómo los países desarrollados (o en el caso de Estados Unidos, los estados individuales como Virginia, Maryland, Tennessee) ofrecen incentivos impositivos, tasas subsidiadas de energía y otros alicientes para atraer la inversión extranjera.
Estabilidad política: Aun en economías de costos elevados, las empresas comerciales pueden obtener utilidades. Pero nada espanta más a los inversionistas extranjeros que la inestabilidad política y los conflictos internos. Tal vez los principales factores disuasivos de los inversionistas son no conocer las reglas del juego y no poder prever razonablemente bien lo que el futuro pueda depararles. Sólo basta ver la falta de inversionistas extranjeros en países flagelados por conflictos como Liberia, Somalia, Zaire, Rwanda y Burundi, así como en los países imperceptiblemente más "inciertos" como Nigeria, Camerún, Sierra Leone y Gabon, para ver que donde hay conflictos políticos declarados o un potencial para ellos, y al cambiar las reglas del comercio, los inversionistas extranjeros se mantienen alejados.
Guinea es un caso clásico. Luego de la muerte de Sekou Toure, a mediados de los años ochenta, el gobierno abrió la economía y empezó a hacer lo correcto. Las misiones comerciales empezaron a ir allí, se avivó el interés empresarial. Pero el cambio en la situación política fue seguido por un aumento agudo de barreras administrativas impuestas a extranjeros que querían hacer negocios en el país. Aun cuando el país recientemente ha vuelto a empezar a liberalizar su economía, los inversionistas, al haberse quemado una vez, son más renuentes a tratar de nuevo.
Mercados de capital: Han surgido mercados de valores en once capitales africanas. Estos van juntos con la privatización y son absolutamente esenciales para la formación de capital en Africa. Al privatizarse las empresas de servicios públicos y las industrias, éstas necesitan enormes cantidades de capital para seguir viables y para aumentar su rentabilidad. Los mercados de capital también crean un entorno conveniente para que el capital de fuga regrese al país, sin que nadie pregunte sobre cómo el dinero salió en primer lugar.
Me siento muy optimista acerca de las perspectivas de los mercados de valores africanos. Estos están produciendo buenas utilidades y están creando una base para el financiamiento que es absolutamente necesario. Significan también que los gobiernos se han dado cuenta de que, en algún momento, las industrias de cualquier país necesitan una inyección de capital externo para seguir siendo viables y lucrativas.
Instituciones financieras internacionales: La mayoría de los países africanos no han desarrollado los programas de seguridad social necesarios para proteger a aquellos sectores de sus poblaciones que son más vulnerables a la reforma económica. El Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo siguen siendo ingredientes esenciales para rehabilitar la infraestructura física y humana básica y para estimular el crecimiento económico mientras ayudan a desarrollar programas paralelos de seguridad social para aliviar el dolor de la reestructuración de las industrias y de los despidos resultantes. De la misma manera, la participación del Fondo Monetario Internacional ha incentivado la disciplina fiscal de los gobiernos requerida tanto por los inversionistas nacionales como extranjeros, permitiendo al mismo tiempo al liderazgo político ocultarse ante la inevitable animosidad política interna.
Ayuda de Estados Unidos: Las exportaciones estadounidenses representan solamente un 14 por ciento del total de las importaciones africanas, y hasta esa parte está en peligro. El seguro contra la inestabilidad política y los créditos para las exportaciones para reducir el riesgo de la inversión son de importancia decisiva para las inversiones estadounidenses en Africa. Sin embargo, el Congreso norteamericano está considerando reducir el financiamiento de los créditos para exportaciones del Banco de Exportación- Importación de Estados Unidos y el seguro contra riesgos de la Corporación de Inversiones Privadas en el Exterior (OPIC).
Sin los fondos de ayuda para el desarrollo de los proyectos, no se podrán identificar las oportunidades que existen para las empresas norteamericanas, y las puertas permanecerán cerradas a la inversión. Sin financiamiento, no habrán transacciones comerciales, y sin el seguro contra riesgos políticos, será tanto más difícil hacer los arreglos para el financiamiento. Existen pruebas patentes de empresas estadounidenses que no han podido competir con firmas extranjeras que han obtenido condiciones de financiamiento ventajosas de sus gobiernos. Estados Unidos tiene que asegurar que OPIC, el Banco de Exportación-Importación y la Agencia de Comercio y Desarrollo estén lo suficientemente financiados, o de lo contrario, estar preparado para ceder nuestra posición relativamente pequeña pero creciente en el mercado africano, un mercado pronto para crecer en el futuro.
CREACION DE OPORTUNIDADES NUEVAS
Si bien los norteamericanos son propensos a buscar resultados a plazos cortos, la inversión en Africa solamente procederá lentamente, de transacción a transacción. Por el lado positivo, los africanos se inclinan cada vez más hacia los métodos del mercado, y la comunidad internacional ayuda al sostener las reformas económicas y los planteamientos con orientación al crecimiento del sector privado. Depende ahora de las empresas y el gobierno norteamericanos forjar una asociación más fuerte, que provea nuevas oportunidades de comercio e inversión que redunden en beneficios tanto para los africanos como los norteamericanos.
Perspectivas
Económicas
Publicación Electrónica de
USIS, Vol. 2,
No. 2, abril de 1997